¿Qué impulsa el debate sobre la desdolarización entre los países BRICS? | 17.05.2024

¿Qué impulsa el debate sobre la desdolarización entre los países BRICS?

Ding Yifan

Ding Yifan (丁一凡) es economista y ex director adjunto del Instituto de Desarrollo Mundial del Centro de Investigación para el Desarrollo del Consejo de Estado de China (2000-2014). Es investigador principal del Instituto Taihe y antiguo profesor visitante de la Escuela de Estudios Internacionales Avanzados de la Universidad Johns Hopkins. Ha escrito extensamente sobre desarrollo, globalización económica, hegemonía del dólar estadounidense, la economía basada en el conocimiento y la crisis de la deuda europea para publicaciones en chino, inglés y francés.

“¿Qué impulsa el debate sobre la desdolarización entre los países BRICS?” (金砖国家高调协商“去美元化”的背后) fue publicado originalmente por Wenhua Zongheng (文化纵横) como artículo especial de New Media en enero de 2024.

Previo a la cumbre de los BRICS de 2023 en Johannesburgo (Sudáfrica), hubo mucho debate entre los países miembros sobre si en la reunión se negociaría el desarrollo de una moneda BRICS y la aceleración de la desdolarización, es decir, la promoción de la cooperación monetaria y la reducción del uso del dólar estadounidense. Aunque los líderes de los países BRICS no debatieron específicamente la cuestión de una moneda común, aprobaron una resolución sobre la ampliación del número de miembros de la organización. No obstante, tanto desde una perspectiva histórica como realista, a los países BRICS les interesa promover la desdolarización.

Las consecuencias de la hegemonía del dólar estadounidense en los países BRICS

A lo largo de su historia, los países de los BRICS han padecido el papel hegemónico del dólar estadounidense. Brasil ha sido explotado por el capital británico y estadounidense, con el surgimiento de diversos métodos de especulación. Tras el colapso del sistema de Bretton Woods, el dólar estadounidense ha fluctuado libremente. Para Brasil, cualquier apreciación o depreciación sustancial del dólar ha significado un desastre. El capital estadounidense también ha podido entrar y salir libremente del mercado de valores indio, aumentando los precios de determinadas acciones y luego vendiéndolas al descubierto. Las fluctuaciones del mercado bursátil de la India han sido enormes, lo que ha ocasionado que algunas importantes empresas de ese país sufran excesos y escasez de liquidez de capital.

Al mismo tiempo, Sudáfrica, Rusia y China han sido objeto de sanciones financieras estadounidenses. Estados Unidos ha impuesto multas y sanciones a financieras sudafricanas por presunto lavado de dinero y por violar sanciones económicas estadounidenses contra otros países. Hay innumerables ejemplos de sanciones contra el gobierno ruso y varias empresas rusas. Tras el estallido de la guerra en Ucrania, Estados Unidos congeló y confiscó los activos en dólares que poseían varios ciudadanos rusos acaudalados. También congeló 300.000 millones de dólares en activos del Banco Central ruso y amenazó con confiscarlos para subvencionar el esfuerzo bélico de Ucrania. Como Rusia ha amenazado con tomar represalias del mismo tipo y confiscar los activos occidentales, esto se ha quedado en una “guerra de palabras”.

Estados Unidos ha acusado en el pasado a China de manipular divisas debido a la gran cantidad de activos en dólares estadounidenses que posee el país asiático. En una ocasión impuso sanciones a China afirmando que el fuerte aumento de las exportaciones chinas se debía a la manipulación del tipo de cambio del RMB, en circunstancias bajo las cuales es Estados Unidos quien se beneficia desproporcionadamente de esta relación. Por un lado, importa un gran número de productos manufacturados de China, beneficiándose al adquirir bienes baratos para reducir su tasa de inflación; por otro, China gana una gran cantidad de dólares estadounidenses pero no tiene dónde invertirlos, por lo que no tiene más alternativa que comprar letras del Tesoro estadounidense, proporcionando así capital barato a Estados Unidos. A pesar de esta doble victoria, Estados Unidos busca ejercer más presión sobre China. Se queja falsamente de la supuesta manipulación del tipo de cambio, cuando en realidad su objetivo es obligar a China a aceptar la apreciación del RMB y abrir su mercado financiero, creando así una burbuja de activos financieros importados. Hasta ahora, estos esfuerzos han sido infructuosos, ya que China no ha cedido a la presión estadounidense.

A los principales países BRICS se suman los nuevos miembros de la organización, que también han experimentado muchos problemas con el dólar estadounidense. Arabia Saudita, Emiratos Árabes Unidos e Irán son productores y exportadores de petróleo y gas natural. En 1971, en plena crisis del dólar estadounidense, el entonces presidente de Estados Unidos, Richard Nixon, cerró la ventana de libre convertibilidad de dólares estadounidenses en oro, de modo que el dólar pudo depreciarse bruscamente. El dólar estadounidense es la principal moneda de fijación de precios del petróleo y su depreciación hizo que éstos se dispararan. En aquella época, los países productores de petróleo no tenían capacidad para extraerlo y refinarlo. La explotación de los yacimientos petrolíferos estaba gestionada por compañías británicas y estadounidenses, que sólo pagaban a los países productores una cuota fija anual por la extracción, cuyo precio se fijaba en dólares. Con la depreciación del dólar y la subida vertiginosa de los precios del petróleo, el reparto de los beneficios se hizo injusto. Los países productores exigieron un nuevo acuerdo, pero las compañías petroleras británicas y estadounidenses se negaron. Tras el estallido de la guerra árabe-israelí en 1973, los países productores de petróleo lanzaron conjuntamente un embargo petrolero contra Israel y sus aliados. Sólo después de la primera crisis del petróleo los países productores recuperaron su poder de negociación frente a las compañías petroleras occidentales.

El dólar estadounidense ha obstaculizado la cooperación internacional

Mientras el mundo avanza hacia un orden multipolar, la hegemonía del dólar estadounidense obstaculiza la cooperación internacional entre muchos países. Desde su “guerra contra el terrorismo”, Estados Unidos ha descubierto que, en comparación con las guerras comerciales tradicionales, es mucho más eficaz utilizar la hegemonía del dólar para imponer sanciones financieras a los países que violan el “orden basado en normas”, liderado por ese país. Esta lógica fue detallada por Juan Zárate, antiguo funcionario de la administración de George W. Bush, en su libro de 2013 Treasury’s War: The Unleashing of a New Era of Financial Warfare [La guerra del Tesoro: el desencadenamiento de una nueva era de guerra financiera]. En las últimas décadas, Estados Unidos ha utilizado con frecuencia el dólar como arma para imponer sanciones financieras a países que no son de su agrado.

Para ello se basa en su propia legislación nacional con el fin de justificar la imposición de sanciones a empresas y gobiernos extranjeros de todo el mundo, una práctica conocida como “jurisdicción de brazo largo”. Además de ello, si los actores no sancionados no siguen las sanciones estadounidenses contra un país y se atreven a desafiar la voluntad de Washington, también pueden convertirse en blanco de sanciones secundarias. El sistema de liquidación del dólar estadounidense se ha convertido en un instrumento que Estados Unidos utiliza para determinar quién ha cumplido o incumplido sus prohibiciones de hacer negocios con los países sancionados, y para imponer costosas sanciones a quienes no las cumplen. Muchos bancos europeos han sido multados por miles de millones de dólares debido a las supuestas violaciones de las sanciones impuestas por el gobierno estadounidense.

En los últimos años, ha aumentado el número de casos en los que Estados Unidos ha abusado del uso de sanciones financieras. Como consecuencia, los países con grandes cantidades de activos financieros en dólares estadounidenses han empezado a preocuparse por la seguridad a largo plazo de sus tenencias. El caso de Irán es ilustrativo. El acuerdo nuclear iraní se alcanzó en 2015 entre Irán y los miembros permanentes del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas –Estados Unidos, Reino Unido, Rusia, Francia y China–, así como Alemania y la Unión Europea. En este marco, se levantarían todas las sanciones económicas contra Irán relacionadas con la energía nuclear y el país podría participar en una mayor cooperación internacional. Tras el acuerdo, el progreso de la cooperación europeo-iraní fue fluido, y muchas empresas europeas estrecharon sus lazos con Irán y realizaron liquidaciones en euros. Pero Donald Trump abolió el acuerdo nuclear iraní, volvió a imponer sanciones a Irán y obligó a las empresas europeas a retirarse del mercado iraní. Estas prácticas provocaron temor en muchos países de Medio Oriente sobre su futuro. Históricamente, Estados Unidos proporcionaba garantías de seguridad a muchos países de la región, que se veían obligados a comprar grandes cantidades de activos financieros estadounidenses para proporcionar a Estados Unidos capital barato. Si las relaciones entre Irán y los países árabes de Medio Oriente mejoraran y la “seguridad” estadounidense dejara de ser necesaria, ¿seguirían estos países comprando tantos activos estadounidenses en dólares? El descarado anuncio de Washington de confiscar los activos en dólares estadounidenses de Rusia, tras el estallido de la guerra en Ucrania, no ha hecho más que intensificar la preocupación entre los países árabes. A diferencia de Rusia, estos países no poseen armas nucleares, ni pueden igualar las capacidades militares rusas. Si Estados Unidos utilizara su “jurisdicción de brazo largo” para congelar o confiscar sus activos en dólares, no tendrían poder para contraatacar.

Estos acontecimientos plantean importantes interrogantes a los países de los BRICS, muchos de los cuales han sido objeto de sanciones estadounidenses en diversos grados. Si los BRICS no son capaces de desarrollar un mecanismo de liquidación distinto del dólar estadounidense para la cooperación transfronteriza, muchos más países podrían ser objeto de sanciones estadounidenses en el futuro.

Asimismo, a pesar de los éxitos de la Iniciativa de la Franja y la Ruta (BRI) que China lanzó hace diez años, muchos de los países del Sur Global han vuelto a caer en la trampa del dólar estadounidense. Esto es debido a que la Reserva Federal subió bruscamente los tipos de interés en 2023, lo que provocó una fuga de capitales en estos países e hizo inservible el tipo de interés de su deuda en dólares. Para garantizar eel éxito continuado de la Iniciativa, la desdolarización es la única opción.

El dólar estadounidense y el importante riesgo financiero que representa

Incluso desde la perspectiva de la protección de los activos financieros, es arriesgado para cualquier país mantener demasiados activos denominados en dólares estadounidenses. Este riesgo es inherente al dinero fiduciario. En la era de los metales preciosos, la base para emitir moneda eran las reservas de esos metales. Si se producía una salida excesiva de oro y plata, se provocaba una crisis monetaria. Tras el colapso del sistema de Bretton Woods, se destruyó el último bastión del patrón oro y el mundo entró en la era del dinero fiduciario. La base de la moneda legal es el crédito público o en otras palabras, la deuda pública es la base de la moneda. Cuanta más deuda emite el gobierno, más moneda fluye en el mercado. Sin embargo, el nivel de deuda pública debe corresponderse con los ingresos fiscales del gobierno y la deuda debe concordar con el tamaño de la economía. De lo contrario, no podrá garantizarse la sostenibilidad de la deuda y estallará una crisis de deuda. La crisis de la deuda destruirá la confianza de los portadores de divisas, desencadenando así una crisis monetaria.

La deuda pública estadounidense ha crecido más allá de cualquier récord histórico desde principios del siglo XXI. Cuando George W. Bush dejó el cargo ésta superaba los 10 billones de dólares. Al término del mandato de Barack Obama, la deuda pública estadounidense había subido a 20 billones de dólares y durante los cuatro años de gobierno de Donald Trump, subió a 26 billones de dólares. Por último, en los tres años de la actual administración de Joe Biden, la deuda pública estadounidense ha superado los 34 billones. En 2020, la relación entre la deuda pública estadounidense y el PIB superó el 130%. Como la Reserva Federal ha subido los tipos de interés, los tipos de interés de las letras del Tesoro estadounidense han aumentado rápidamente. En 2024, los pagos de intereses de la deuda nacional del gobierno estadounidense superarán el billón de dólares, excediendo el presupuesto militar oficial.[1] Un endeudamiento tan elevado hace temer que, tarde o temprano, el gobierno estadounidense entre en suspensión de pagos.

Con motivo de la crisis financiera internacional de 2008, los economistas estadounidenses Carmen M. Reinhart y Kenneth S. Rogoff publicaron This Time Is Different: Eight Centuries of Financial Folly (2009) [Esta vez es distinto: Ocho siglos de necedad financiera]. El libro revela una profunda verdad histórica: cuando la carga de la deuda de los países soberanos se ha hecho demasiado pesada, todos ellos, sin excepción, han recurrido a la inflación y a la devaluación de la moneda para condonar su deuda y escapar de la crisis. Cuando la deuda del gobierno estadounidense alcanza un nivel tan elevado, ¿alguien cree todavía que podrá escapar a este destino histórico?

En efecto, el gobierno estadounidense tiene un largo historial de incumplimiento de contratos. La deuda estadounidense se disparó en 1971 y el dólar entró en crisis. El presidente Nixon decidió desacoplar el tipo de cambio del dólar del precio del oro. El dólar se depreció bruscamente y el sistema financiero internacional de Bretton Woods se vino abajo. El trasfondo de aquel impago del dólar estadounidense fue la guerra de Vietnam. El aumento de los gastos militares de Estados Unidos para la guerra y el fuerte incremento de la deuda provocado por el déficit fiscal, hicieron que los países de Europa Occidental perdieran la confianza en el dólar estadounidense. Del mismo modo, tras el estallido de la guerra en Ucrania, Estados Unidos siguió destinando fondos a proporcionar ayuda militar a este país. El déficit presupuestario estadounidense también siguió aumentando, la carga financiera continuó creciendo y la deuda nacional superó rápidamente el techo fijado por el Congreso. Las negociaciones entre el gobierno de Biden y el Congreso para elevar el techo de la deuda se han convertido en una constante en la escena política estadounidense. Desde octubre de 2023, Estados Unidos se ha involucrado en otra “guerra por poderes”, apoyando la campaña militar de Israel en Gaza con crecientes gastos militares. Dado que Estados Unidos participa en dos “guerras por poderes” simultáneas, cabe preguntarse hasta cuándo el Gobierno estadounidense podrá financiar sus incursiones militares.

Podemos ver que hay muchas razones para que los países de los BRICS opten por reforzar la cooperación monetaria y acelerar el proceso de desdolarización. El desarrollo de tecnologías modernas de comunicación y liquidación, como la del blockchain, también ha proporcionado una vía más segura para que los países BRICS puedan desdolarizarse.

La historia sirve de espejo para esclarecer la dirección del desarrollo futuro

Si bien los países de los BRICS ansían desdolarizarse, ¿cómo pueden lograr este objetivo? La experiencia histórica puede darnos algunas pistas. Tras el colapso del sistema de Bretton Woods en la década de 1970, la depreciación del dólar estadounidense provocó una inflación mundial. Aunque su valor se ha vuelto inestable, el dólar sigue siendo la moneda más utilizada del mundo debido a la inercia en el uso de las divisas. Acostumbrados a utilizar una determinada moneda en el comercio internacional y las inversiones transfronterizas, muchos países están menos dispuestos a cambiar sus hábitos. Por otra parte, el entonces secretario de Estado Henry Kissinger, tras la primera crisis del petróleo, emprendió una “diplomacia itinerante” visitando continuamente los países productores de petróleo de Medio Oriente. Finalmente, convenció a Arabia Saudita para que estableciera el dólar estadounidense como única moneda para la fijación de los precios del petróleo y Arabia Saudita, a su vez, convenció a otros países exportadores de petróleo para que hicieran lo mismo. Estados Unidos ha concedido a estos países, que poseen grandes cantidades de dólares estadounidenses, el privilegio financiero de comprar directamente letras del Tesoro estadounidense en el mercado primario. Los países productores de petróleo de Medio Oriente aceptaron la idea y les ha resultado extremadamente rentable. El comercio de futuros del petróleo es el mayor mercado de materias primas del mundo. Al cotizar el petróleo en dólares estadounidenses, se creó una enorme demanda. Otros mercados de futuros de materias primas copiaron inmediatamente el mercado de futuros del petróleo y utilizaron dólares estadounidenses para fijar los precios. De este modo, la demanda de dólares estadounidenses se hizo cada vez más mayor.

El dólar ascendió a la posición de mayor divisa de reserva y divisa comercial del mundo. Sin embargo, al perder su anclaje en el oro, su valor nominal se volvió inestable. La apreciación o depreciación del dólar estadounidense ha provocado grandes fluctuaciones de precios en el mercado de futuros de materias primas, y ha tenido un impacto significativo en otros países importadores. En este contexto, los países de Europa Occidental crearon el Sistema Monetario Europeo en 1979, como respuesta a la crisis del dólar estadounidense. Inicialmente, optaron por hacer flotar sus monedas juntas frente al dólar estadounidense, dentro de un cierto límite, sistema conocido como la “serpiente flotante”. Pero como el dólar seguía depreciándose, este sistema no pudo resolver el problema de la inflación importada de Estados Unidos. Tras un periodo de práctica, los países de Europa Occidental descubrieron que Alemania Occidental tenía la tasa de inflación más baja, por lo que el valor del marco alemán era el más estable. En consecuencia, el marco alemán se utilizó como moneda ancla del Sistema Monetario Europeo, al que se vincularon las monedas de otros países de Europa occidental. Gracias a esta práctica, estos países de introdujeron factores antiinflacionarios procedentes de Alemania Occidental, y la inflación en los países de la Comunidad Europea se estabilizó.

En la actualidad, Estados Unidos se enfrenta a una crisis similar. La cooperación monetaria entre los países de los BRICS también requiere que encuentren una moneda de anclaje distinta del dólar estadounidense. Entre todos, poseen las mayores reservas de recursos y energía del mundo y la mayor capacidad manufacturera. Un sistema de liquidación distinto al dólar puede facilitar el intercambio de recursos y producción industrial. En la medida en que los países BRICS establezcan un sistema de liquidación distinto del dólar estadounidense, su desarrollo económico se verá liberado del impacto negativo de las fluctuaciones del dólar. Sin embargo, las monedas de la mayoría de los miembros de los BRICS siguen estando, en mayor o menor medida, vinculadas al dólar estadounidense, y sus tipos de cambio también son inestables. Si los países BRICS quieren entablar una cooperación monetaria, la inestabilidad de los tipos de cambio entre sus monedas será un obstáculo importante que deberán superar. ¿Elegirán los países BRICS el yuan como moneda de anclaje? Como las tasas de inflación en Estados Unidos y Europa ya son elevadas, sus bancos centrales suben constantemente los tipos de interés para frenar la inflación, pero el efecto no es el ideal. En cambio, en China, la tasa de inflación ha sido muy estable y baja durante bastante tiempo, y la gente habla más bien de amenaza de deflación. Por lo tanto, como moneda, el poder adquisitivo del RMB está garantizado, especialmente debido a la gran capacidad manufacturera de China, que puede satisfacer la demanda de una gama más amplia de productos manufacturados industriales.

Los países BRICS son representantes del ascenso colectivo del Sur Global. Si estos países pueden llevar a cabo con éxito la cooperación monetaria y superar las limitaciones del dólar estadounidense, cada vez más países del Sur Global participarán en este mecanismo de cooperación monetaria en el futuro. El sistema financiero mundial se transformará, constituyendo un aspecto importante de los “grandes cambios nunca vistos en un siglo”.

Notas del autor

1. El gasto militar de Estados Unidos en 2022 fue de 1,537 billones de dólares, más del doble del reconocido por el gobierno estadounidense. Véase Gisela Cernadas y John Bellamy Foster, “Actual US Military Spending Reached $1.53 trillion in 2022 – More than Twice Acknowledged Level: New Estimates Based on US National Accounts”, Monthly Review, 1 de noviembre de 2023, https://monthlyreview.org/2023/11/01/actual-u-s-military-spending-reached-1-53-trillion-in-2022-more-than-twice-acknowledged-level-new-estimates-based-on-u-s-national-accounts/; Instituto Tricontinental de Investigacion Social, Hiperimperialismo: Una nueva etapa decadente y peligrosa, Estudios sobre dilemas contemporáneos no. 4, 23 de enero de 2024, https://thetricontinental.org/es/estudios-sobre-dilemas-contemporaneos-4-hiper-imperialismo/.

Las reservas de divisas de China: desafíos de seguridad pasados y presentes | 17.05.2024


Las reservas de divisas de China: desafíos de seguridad pasados y presentes

Yu Yongding

Yu Yongding (余永定) es miembro de la Academia China de Ciencias Sociales. Ha sido miembro del Comité Asesor de Planificación Nacional de la Comisión Nacional de Desarrollo y Reforma de la República Popular China desde 2004. También ha formado parte del Comité de Política Monetaria del Banco Popular de China, del Comité Asesor de Política Exterior del Ministerio de Asuntos Exteriores de la RPC y del Comité de Asuntos Exteriores de la Conferencia Consultiva Política del Pueblo Chino. Sus principales áreas de investigación son la macroeconomía, las finanzas internacionales y la economía mundial.

“Las reservas de divisas de China: desafíos de seguridad pasados y presentes” (中国外汇储备的前世今生和当前面临的安全挑战) se publicó originalmente en China Reform (中国改革), N° 4 (julio de 2022).

El 28 de febrero de 2022, Estados Unidos y sus aliados anunciaron el congelamiento de 300.000 millones de dólares en reservas de divisas del Banco Central de la Federación Rusa. En ese momento, las reservas de divisas de China ascendían a aproximadamente 3,3 billones de dólares, incluyendo más de 1 billón en bonos del Tesoro estadounidense.[1] La militarización de las reservas de divisas por parte de Estados Unidos ha obligado a China a examinar la seguridad de sus propias reservas de divisas y activos en el extranjero.

La seguridad de las reservas de divisas de China no es solo una cuestión financiera internacional, sino también geopolítica y de gestión de activos. ¿Qué medidas concretas debe adoptar China para garantizar la seguridad de sus reservas de divisas? Responder de forma integral a esta pregunta escapa a la capacidad de este autor. Más bien, este artículo pretende presentar un boceto del origen de las reservas de divisas de China, los desafíos que enfrenta en el período actual y cómo reconducir la situación desde la perspectiva de las finanzas internacionales.

Del patrón oro a la era post-Bretton Woods

La deuda entre países se paga mediante la transferencia de ciertos medios de liquidación aceptados internacionalmente, como el oro, las monedas de reserva internacionales o los derechos especiales de giro (DEG). La liquidez internacional es la reserva de estos medios de liquidación. Mediante el déficit por cuenta de capital o el déficit por cuenta corriente, los países que emiten moneda de reserva internacional (es decir, Estados Unidos) pueden proporcionar liquidez internacional o reservas internacionales a otros países.[2] En el sistema de Bretton Woods, en el que el dólar estaba vinculado al oro, Estados Unidos proporcionaba liquidez internacional o reservas internacionales a otros países a través del déficit de la cuenta de capital. Entre 1945 y principios de la década de 1950, Europa y Japón necesitaban imperiosamente importar bienes de Estados Unidos, pero no podían obtener suficientes dólares estadounidenses a través de las exportaciones y también debido a la grave “escasez de dólares” a nivel mundial. En la década de 1960, las economías europea y japonesa se revitalizaron y la balanza comercial mejoró. Mientras tanto, Estados Unidos, debido al recalentamiento de su economía nacional y a su pérdida de competitividad internacional, experimentó una disminución de su superávit comercial de bienes y un aumento de su déficit comercial de servicios (incluido el gasto militar en el extranjero). Simultáneamente, debido al incremento de los tipos de interés en Europa, el capital estadounidense circuló hacia ese continente en grandes cantidades, eludiendo el control y formando el mercado europeo del dólar, aumentando rápidamente el déficit de la cuenta de capital estadounidense. Desde la perspectiva de Europa y Japón, aunque sus déficits comerciales disminuían, seguían entrando grandes cantidades de dólares estadounidenses, por lo que sus reservas de divisas en dólares crecieron rápidamente. La “escasez de dólares” se convirtió en un “exceso de dólares”. Desde el punto de vista de Estados Unidos, su superávit comercial casi desapareció (con algunos países ya era deficitario), mientras que su déficit de capital aumentó tanto que, para utilizar la terminología de la época, su balanza de pagos internacional se desplomó bruscamente.

La fijación del dólar estadounidense al oro tenía como objetivo asegurar a los tenedores de dólares que, aunque el dólar era una moneda fiduciaria impresa por Estados Unidos sin valor inherente, podía cambiarse por oro a un tipo de cambio determinado. De este modo, podían poseer dólares estadounidenses con confianza. El desequilibrio internacional de los pagos se tradujo en la pérdida de las reservas de oro de Estados Unidos. Aunque el oro puede haber permanecido en las cámaras acorazadas estadounidenses, ya no era propiedad del país. Los bancos centrales extranjeros siempre podían convertir sus excedentes de dólares en oro y enviarlo de vuelta a sus países. En 1971, Estados Unidos tenía poco más de 10.000 millones de dólares en reservas de oro, frente a los más de 40.000 y 30.000 millones de dólares en manos de funcionarios extranjeros y particulares, respectivamente. Eventualmente, ya no pudo mantener el tipo de cambio prometido de 35 dólares por onza de oro. El 15 de agosto de 1971, el presidente estadounidense Richard Nixon anunció el “cierre de la ventana de oro”. El sistema de Bretton Woods se vino abajo.

Sin embargo, la contradicción inherente de utilizar la moneda fiduciaria de un país como moneda de reserva internacional no ha desaparecido en el sistema post-Bretton Woods. El dólar estadounidense, como ancla del sistema monetario internacional, debe permanecer estable y esa estabilidad es multidimensional. Es decir, por un lado su poder adquisitivo debe ser estable y debe desempeñar el papel de bien público mundial y servir al interés global. Por otro lado, el dólar es impreso por el gobierno estadounidense. La estabilidad del poder adquisitivo real del dólar depende fundamentalmente de la política interna del gobierno, que no tiene ninguna obligación de sacrificar sus propios intereses nacionales en favor del interés público mundial.

Estados Unidos fue la potencia económica abrumadoramente dominante en el período post-Bretton Woods. Pero tras su declive, la contradicción entre el estatus del dólar como moneda nacional (al servicio de los intereses estadounidenses) y su estatus como moneda de reserva internacional (al servicio de los intereses mundiales), se manifiesta en el hecho de que Estados Unidos tiene que proporcionar al mundo liquidez internacional, o una moneda de reserva, principalmente a través de déficits por cuenta corriente (déficits comerciales). A medida que el producto interno bruto (PIB) mundial crece, también lo hace la moneda de reserva internacional necesaria para el comercio mundial y las transacciones financieras. Cuanta más moneda de reserva proporcione Estados Unidos al mundo, mayor deberá ser el déficit comercial estadounidense. Dicho de otro modo, Estados Unidos proporciona moneda de reserva mundial a través de pagarés. El crecimiento de la economía mundial exige que Estados Unidos emita cada vez más pagarés, y cuantos más pagarés emita, más deuda externa tendrá. Sin embargo, los economistas no esperaban que, a pesar de la enorme deuda neta de Estados Unidos, su balanza de pagos por rentas de inversión fuera positiva. Estados Unidos no sólo no tiene que pagar intereses, sino que además recauda muchos. La razón fundamental por la que el dólar estadounidense se ha mantenido estable – a pesar de que Estados Unidos es el mayor deudor del mundo– es que la demanda del resto del mundo del dólar estadounidense como moneda de reserva también ha ido en aumento, lo que implica que otros países están dispuestos a prestar dinero a Estados Unidos y a financiar su déficit comercial. Así, la diferencia entre la inversión y el ahorro internos de Estados Unidos se compensa con el ahorro exterior, y la presión de la inflación y la depreciación del dólar se reducen considerablemente. Estados Unidos emite dólares indiscriminadamente para compensar su falta de ahorro interno, por lo que si no hubiera una fuerte demanda de reservas de divisas en dólares estadounidenses en otros países, el dólar habría colapsado hace mucho tiempo.

Desde la crisis de las “hipotecas subprime” en 2008, Estados Unidos ha aplicado políticas fiscales y monetarias extremadamente expansivas. La fuerte demanda de bonos del Tesoro y otros activos estadounidenses por parte de gobiernos e inversores extranjeros crearon las condiciones externas necesarias para que Estados Unidos haya tenido una inflación baja y un crecimiento más rápido durante más de diez años. Sin embargo, Estados Unidos ha acumulado pasivos externos netos por un valor de 14 billones de dólares (2020) y una deuda nacional de 28 billones de dólares (2021),[3] lo que representó aproximadamente el 67% y el 122% del PIB, respectivamente. La situación no hace sino empeorar. Según la Oficina Presupuestaria del Congreso de Estados Unidos, la relación entre la deuda nacional y el PIB superará el 200% en 2051.[4] El propio gobierno ha reconocido que su situación fiscal es insostenible.

Nadie sabe cuánto tiempo podrá mantenerse la confianza de los inversores en el dólar y los bonos del Tesoro estadounidenses ante el empeoramiento de la situación de la deuda del país. Nadie sabe cuándo el mercado perderá la confianza en el dólar y éste se desplomará. Sin embargo, ¿no sería prudente tener en cuenta esa posibilidad a la hora de tomar decisiones?

Consecuencias del congelamiento de las reservas de divisas de Rusia por parte de Estados Unidos

Tras el estallido del conflicto entre Rusia y Ucrania, Estados Unidos congeló en 72 horas 300.000 millones de dólares en reservas de divisas del Banco Central ruso. Esto ha socavado gravemente la credibilidad internacional de Estados Unidos y ha sacudido los cimientos crediticios del sistema financiero internacional dominado por Occidente. ¿Qué país puede confiar en que Estados Unidos no congelará sus reservas de divisas de forma similar en el futuro? La militarización de las reservas de divisas por parte de Estados Unidos ha superado las peores estimaciones de los economistas sobre la seguridad de las reservas de divisas de China. Su valor no sólo sufrirá pérdidas debido a la inflación estadounidense, la depreciación del dólar y la caída de los precios de los bonos del Tesoro o los impagos, sino que pueden desaparecer en un instante por razones geopolíticas.

¿Tomará Estados Unidos medidas tan extremas contra las reservas de divisas de China? Ya en 2013, Martin Wolf, comentarista jefe de economía del Financial Times, escribió que, en caso de conflicto, Estados Unidos bien podría congelar los activos en divisas de China.[5] Aunque ambas partes sufrirían grandes pérdidas, las de China serían aún mayores. Una cuestión a la que China podría enfrentarse en breve es sí debe o no sumarse al embargo sobre el petróleo y el gas rusos y a las amplias sanciones financieras contra Rusia. Hasta ahora, Estados Unidos no ha impuesto un embargo total de petróleo y gas a Rusia, por lo que China e India pueden seguir comprándolos. Sin embargo, una vez que Estados Unidos crea que Europa puede librarse de su dependencia del petróleo y el gas rusos, podrá entonces señalar con el dedo a China e India. Es probable, que la compra continua de petróleo y gas ruso por parte de China se convierta en un motivo para que Estados Unidos actúe contra las reservas de divisas de ese país o imponga sanciones a las instituciones financieras chinas.

Reservas masivas de divisas de China y sus contramedidas

China ha acumulado sus enormes reservas de divisas durante un largo periodo de tiempo, a través de un “doble superávit”, es decir, superávit por cuenta corriente y superávit por cuenta de capital. Desde cualquier punto de vista, las reservas de divisas de China, que ascienden a 3,3 billones de dólares (excluyendo 496.800 millones de Hong Kong y 548.400 millones de Taiwán), superan con creces el requisito de adecuación de reservas reconocido internacionalmente. En segundo, tercer y cuarto lugar de los mayores tenedores de reservas de divisas del mundo se sitúan Japón, con 1,3 billones de dólares; Suiza, con 1 billón de dólares e India, con 569.900 millones de dólares.[6] Sólo hay tres países en el mundo con reservas de divisas superiores a un billón de dólares (China, Japón y Suiza), y las reservas de divisas de China casi triplican las de Japón, que ocupa el segundo lugar.

Como el rendimiento de las reservas de divisas es extremadamente bajo, si la proporción de reservas de divisas en activos en el extranjero es demasiado alta, el rendimiento global de éstos será, inevitablemente, demasiado bajo. De los 9 billones de dólares en activos exteriores de China, los activos de reserva representan el 37% del total; de estos activos de reserva, los bonos del Tesoro de EE. UU. representan el 32%.[7] Es preciso señalar que, para mejorar la tasa de rentabilidad de las reservas de divisas, la Administración Estatal de Divisas, órgano de administración del Banco Popular de China y otros organismos pertinentes han tenido en cuenta no sólo la seguridad y la liquidez, sino también la tasa de rentabilidad en su asignación de activos. Además de las letras del Tesoro de Estados Unidos y otros países, los activos de reserva de China también incluyen bonos de organizaciones internacionales, bonos de gobiernos locales, inversiones de capital privado e inversiones políticas como la Iniciativa de la Franja y la Ruta (BRI). Estos esfuerzos deberían ser productivos. Pero en cualquier caso, debido a los requisitos de seguridad y liquidez, una proporción excesiva de las reservas de divisas en activos en el extranjero conducirá inevitablemente a una disminución de los ingresos procedentes de esos activos. No sólo eso, una gran proporción de las reservas de divisas de China se “toma prestada” a través de la introducción de capital extranjero, en lugar de “ganarse” a través del superávit comercial. En comparación con los ingresos de inversión, el costo de la deuda de las reservas de divisas “prestadas” es extremadamente alto. Una encuesta realizada en 2008 por la oficina del Banco Mundial en Beijing mostró que los ingresos por inversión de las empresas estadounidenses en China son del 33%, frente al 22% de las empresas extranjeras en general. Al mismo tiempo, el rendimiento de las inversiones en bonos del Tesoro estadounidense era inferior al 3%. Ésta es también una de las razones del rendimiento negativo de las inversiones chinas a pesar de sus 2 billones de dólares en activos netos en el extranjero. La situación de la balanza de pagos y de las inversiones en el extranjero de China contrasta fuertemente con la de Estados Unidos. Como ya se ha mencionado, este último tendrá casi 200.000 millones de dólares de ingresos por inversiones en 2021 a pesar de ser un deudor neto de 15 billones de dólares. Mirando alrededor del mundo, Argentina y Rusia son los únicos países en el mismo barco que China.

En los albores de la reforma y apertura, la escasez de divisas era el principal cuello de botella para el crecimiento del país. Si bien hubo parcialidad y reacciones exageradas, fue un paso acertado que China desarrollara vigorosamente el comercio de transformación para obtener divisas, que introdujera activamente la inversión extranjera directa y que devaluara de una sola vez y de forma drástica el renminbi chino (RMB). Sin embargo, tras las turbulencias financieras asiáticas de 2003, China, por “fobia a la apreciación”, retrasó la ligera apreciación del RMB hasta 2005. La consecuencia de ello fue, por un lado, que el superávit comercial de China aumentó bruscamente y, por otro, que la burbuja de activos nacionales y la fuerte expectativa de apreciación del RMB provocaron una gran afluencia de “dinero caliente”. Una vez que el superávit de la cuenta de capital de China superó al superávit comercial, se convirtió en la principal fuente de nuevas reservas de divisas. Es justo decir que el hecho de que China no dejara que el RMB se apreciara a tiempo y su falta de flexibilidad cambiaria fueron las condiciones que llevaron al país a una acumulación excesiva de reservas de divisas.

Los principales objetivos de la reorganización de la estructura de activos y pasivos de China en el extranjero y de la estructura de la balanza de pagos deberían ser dos. En primer lugar, mejorar la estructura de los activos y pasivos y aumentar el rendimiento de sus activos netos en el extranjero. Para ello, China debería reducir la proporción de reservas de divisas en sus activos exteriores. En segundo lugar, mejorar la seguridad de los activos de China en el exterior, especialmente de sus reservas de divisas. En las actuales circunstancias, China debería reducir su stock hasta, al menos, el nivel internacionalmente reconocido de adecuación de las reservas. ¿Cuántas reservas de divisas debe tener un país? En general, esto depende del volumen de las importaciones (o exportaciones) del país, del volumen de la deuda exterior a corto plazo, del volumen de otros pasivos de valores y de la oferta monetaria más amplia (M2).[8] Al mismo tiempo, es necesario tener en cuenta el régimen cambiario del país y los controles de capital. Por ejemplo, si el país tiene un tipo de cambio flotante y controles de capital, el coeficiente de adecuación de las reservas de divisas del país puede reducirse considerablemente.

No puede descartarse la posibilidad de que Estados Unidos congele y embargue los activos de China en el extranjero. Sin embargo, lo más probable es que Estados Unidos actúe contra China utilizando su lista de Nacionales Especialmente Designados (Specially Designated Nationals, SDN) para sancionar a personas y entidades (similar a las sanciones contra Irán de la ya desaparecida Lista de la Parte 561). Para hacer frente a esta posibilidad, China necesita mejorar su infraestructura financiera. En cuanto a sus reservas de divisas, debería considerar las siguientes medidas:

1. Aumentar las tenencias de otras formas de activos al tiempo que se reducen las tenencias de bonos del Tesoro estadounidense. En el pasado, se han formulado argumentos a favor de la diversificación monetaria de las reservas de divisas de China (hacia el euro y el yen) debido a la preocupación por la depreciación del dólar estadounidense. Sin embargo, en las actuales condiciones geopolíticas, tal diversificación puede no ser sensata.

2. Acelerar la construcción de infraestructuras financieras, como sistemas de liquidación, compensación y mensajería, independientes de Estados Unidos. Aprovechar al máximo las reservas tecnológicas y la fuerza de China en el campo de la tecnología digital para mejorar el sistema de pagos transfronterizos que se adapta a la nueva tendencia del comercio digital.

3. Reducción de las tenencias de letras del Tesoro estadounidense de acuerdo con las reglas del mercado. Se ha reportado que, en los últimos años, los bancos centrales de muchos países han estado vendiendo letras del Tesoro estadounidense. Estas operaciones son puramente comerciales, por lo que Estados Unidos no tiene motivos para oponerse.

¿Qué papel puede desempeñar la internacionalización del RMB?

Con el deterioro de la situación geopolítica internacional, la internacionalización del RMB ha vuelto a ser un tema candente. En 2008, estalló la crisis sobre las hipotecas de alto riesgo en Estados Unidos y la quiebra de Fannie Mae y Freddie Mac, que poseían grandes cantidades de deuda del Tesoro estadounidense y de agencias gubernamentales, causó gran ansiedad en el Gobierno chino. En 2009, Zhou Xiaochuan, entonces gobernador del Banco Popular de China (PBOC), el banco central del país, propuso que los derechos especiales de giro sustituyeran al dólar estadounidense como moneda de reserva internacional. Sin embargo, esta propuesta fue abortada debido a la oposición de Estados Unidos. Por ello, China encontró otra forma de reducir el riesgo de sus activos en el extranjero: internacionalizar el RMB. No obstante, este proceso se vería obstaculizado, ya que la expectativa de apreciación del RMB se convirtió en depreciación. Durante algún tiempo después de 2015, China tuvo que endurecer los controles de capital debido a las graves salidas y fugas de capitales.

Yi Gang, sucesor de Zhou como gobernador del PBOC, subrayó en varias ocasiones que “la internacionalización del RMB debe ser impulsada por el mercado, y el banco central no tomará la iniciativa de promoverla”.[9] Esta afirmación del gobernador Yi es correcta y está en consonancia con la experiencia histórica de la internacionalización del RMB hasta la fecha. De hecho, entre 2009 y 2014, se celebraron debates detallados y exhaustivos sobre los beneficios y los costes de la internacionalización del RMB y la hoja de ruta que China debía seguir tanto en el ámbito económico nacional como en el exterior. Estas ideas se han puesto a prueba en la práctica. Por ejemplo, el dólar estadounidense fue sustituido por el yuan para pagar las importaciones cuando China tenía un gran superávit por cuenta corriente. Como resultado, las reservas de divisas de China en dólares estadounidenses aumentaron en lugar de disminuir. En otro ejemplo, se esperaba que los no residentes aumentaran sus tenencias de depósitos y bonos del Tesoro en RMB en grandes cantidades, pero después de que la expectativa de apreciación del yuan desapareciera en 2014, el interés de los no residentes en mantener depósitos y otros activos en esa moneda también desapareció en gran medida. La experiencia nos dice que, aunque la internacionalización del RMB es una causa loable, el proceso debe estar impulsado por el mercado. China no debe dar prioridad a los beneficios a corto plazo o a la gratificación instantánea, ni tratar de ayudar a crecer a los brotes jóvenes estirándolos hacia arriba.

Siempre que sea posible, debe aprovecharse la ventaja del comprador o del vendedor para impulsar la fijación de precios y la liquidación en RMB. Por ejemplo, China es el mayor comprador de muchos productos básicos, y sin duda sería beneficioso para ella que estos productos se denominaran en RMB. Impulsada por el mercado, la internacionalización del RMB ha progresado de forma sólida, aunque no espectacular. En conjunto, la aparición del yuan como moneda internacional, y en particular como moneda de reserva internacional, podría reportar enormes beneficios a China.

Sin embargo, en general, la internacionalización del RMB no debe primar sobre las consideraciones comerciales. Por ejemplo, cuando un inversor chino compra un bono extranjero en el mercado internacional de capitales, la moneda en la que se denomina y liquida el bono la determina el mercado. Para los inversores chinos, si el RMB se encuentra en una senda de apreciación a largo plazo, es preferible que el bono se denomine en yuanes en lugar de en dólares estadounidenses. No obstante, cuando una empresa china se encuentra en una posición deudora, es preferible que el bono se denomine y se liquide en una moneda que se deprecie. China también necesita promover la internacionalización de sus mercados de capitales. Sin embargo, el objetivo de dicha promoción, especialmente del mercado de bonos, no es internacionalizar el RMB, sino mejorar la eficiencia de la asignación de recursos financieros de China. El mercado conoce mejor lo que ocurre a nivel microeconómico. La elección de la moneda en las transacciones comerciales y financieras debe dejarse a la discreción de las empresas y las instituciones financieras. A medida que la pujanza económica de China aumente y sus mercados financieros se vuelvan más sofisticados, el RMB será naturalmente elegido cada vez más como moneda internacional de denominación y liquidación.

El nivel más alto de internacionalización del RMB es que éste se convierta en moneda de reserva para otros países. El yuan puede suministrarse a otros países a través de déficits por cuenta corriente y superávits por cuenta de capital. China paga su déficit comercial en RMB y el banco central del país con superávit comercial lo adquiere y mantiene en el mercado de divisas, utilizándolo para comprar bonos del Tesoro o determinados bonos chinos seguros y líquidos. De este modo, el yuan se convierte en la moneda de reserva del país con superávit. China, a su vez, puede utilizar el RMB como moneda de reserva internacional y como nota de crédito para acceder a recursos.

Asimismo, China puede promover el RMB como moneda de reserva a través de las exportaciones de capital. En términos generales, cuando China proporciona yuanes a otros países a través de la exportación de capital, el país importador los utilizará para importar bienes de China y el RMB fluirá de regreso. El país que importa capital registrará un déficit comercial chino y un superávit equivalente de la cuenta de capital en el estado de su balanza de pagos, pero sus reservas de divisas no aumentarán como consecuencia de ello. Si el país no utiliza el RMB para comprar bienes chinos, éste puede salir a través de la cuenta de capital, o puede venderse al banco central y utilizarse para comprar bonos del tesoro chinos u otros activos financieros seguros y líquidos, formando así las reservas de divisas del país.

Sin embargo, para los países receptores de las exportaciones de capital chino, estas reservas de divisas en RMB serían prestadas por China, no obtenidas a través de los excedentes de exportación. Importar capital de China pero no utilizarlo para comprar bienes y servicios chinos sino para mantener capital chino a corto plazo con bajos rendimientos puede ser una mala asignación de recursos. Como resultado, los receptores de las exportaciones de capital chino minimizarán esta parte de las reservas de divisas en yuanes. En otras palabras, mientras que China puede proporcionar RMB a otros países a través de las exportaciones de capital, la disposición de otros países a convertir el yuan correspondiente en bonos chinos a corto plazo o bonos del Tesoro (si estos últimos están disponibles), formando así las reservas de divisas en yuanes de estos países, puede ser limitada.

En resumen, para que el RMB se convierta en una moneda de reserva internacional, China debe cumplir una serie de condiciones previas. Entre ellas, establecer un mercado de capitales sólido (especialmente un mercado de bonos del tesoro seguro y de gran liquidez), un régimen de tipo de cambio flexible, libre flujo de capital transfronterizo y crédito a largo plazo en el mercado. Para ello, China debe superar el llamado “pecado original” de las finanzas internacionales y ser capaz de emitir internacionalmente bonos del Tesoro en RMB.[10] De lo contrario, será difícil que el yuan se convierta en moneda de reserva internacional y su internacionalización quedará incompleta.

¿Puede la internacionalización del yuan aumentar la seguridad de las reservas de divisas de China? Si se considera esta pregunta en el contexto de un sistema económico mundial complejo, la respuesta debería ser afirmativa. Sin embargo, a corto plazo y en términos de impacto directo, incluso si las reservas de divisas de China consistieran en su totalidad en activos en RMB, su seguridad no cambiaría sustancialmente. Entre las reservas de divisas de China, hay más de 1 billón de dólares en bonos del Tesoro estadounidense. Si Estados Unidos no tiene intención de devolver el principal (la cantidad nominal prestada inicialmente) y los intereses según el acuerdo original, ¿qué puede hacer China? Nada. Supongamos que el Tesoro de Estados Unidos emite 7 billones de RMB en bonos del Tesoro y China los compra, teniendo así 7 billones de RMB en lugar de 1 billón de dólares en reservas de divisas; si Estados Unidos no tiene intención de pagar el servicio de la deuda de los bonos del Tesoro de Estados Unidos que se acordó denominar en RMB, el dilema al que se enfrenta China seguirá siendo el mismo que si los activos están denominados en dólares estadounidenses. Porque la clave del problema no reside en la moneda en que se denominen y liquiden las reservas de divisas de China, sino en si China debe dinero a Estados Unidos o viceversa. Independientemente de su denominación y liquidación, las reservas de divisas de China son deuda de Estados Unidos con China. Es dinero que Estados Unidos debe a China. Así pues, la seguridad de las reservas de divisas de China depende de si Estados Unidos cumplirá sus compromisos de servicio de la deuda y, en caso contrario, de si China puede obligar a Estados Unidos a hacerlo. Si China no puede garantizar que Estados Unidos no incumplirá, no le quedará más remedio que reducir gradualmente sus reservas de divisas. Por supuesto, denominar y liquidar ciertas transacciones (por ejemplo, las importaciones) en RMB puede conducir a una reducción de las reservas de China, reforzando así su seguridad en un sentido indirecto. Es interesante observar que, a principios de diciembre de 1950, cuando Estados Unidos anunció un severo “bloqueo” y “embargo” contra China, ésta se esforzó por “arrebatar” y “comprar” mercancías a los países occidentales. Cuando las Naciones Unidas aprobaron la resolución de embargo contra China en 1951, el país ya había agotado todos sus ahorros en divisas.

En resumen, si bien la internacionalización del RMB es un objetivo que merece la pena perseguir, se trata de un proceso a largo plazo. “El agua lejana no saciará la sed inmediata”. Ante los desafíos geopolíticos, la internacionalización del RMB también tendrá un efecto limitado en la protección de los actuales activos de China en el extranjero.

Lo que puede hacer ahora China para afrontar los retos con sus reservas de divisas es “rehacer el redil”. En otras palabras, es mejor actuar tarde que no actuar en absoluto para prevenir daños mayores. Como escribió uno de los más grandes poetas chinos, Tao Yuanming (365-427 d.C.), “sabiendo que lo que hice en el pasado no puede enmendarse, aún puedo evitar mis errores en el futuro”. La clave está en comprender y aplicar correctamente la política estratégica de fomentar un nuevo paradigma de desarrollo con la circulación nacional como base, reforzándose mutuamente con la circulación internacional. De este modo se acelerará la transformación de la estrategia de desarrollo de China, se materializará el giro hacia la circulación interna y se consolidará la demanda interna como motor del crecimiento económico.

El economista británico John Maynard Keynes dijo una vez: “Si le debes cien libras a tu banco, tienes un problema. Pero si le debes un millón, el banco tiene un problema”. En el peligroso entorno geopolítico actual, si un país no puede salvaguardar sus derechos como acreedor, debe esforzarse por evitar convertirse en deudor en la medida de lo posible. Ante la posibilidad de que Estados Unidos imponga sanciones financieras en un futuro próximo, las autoridades chinas responsables de la toma de decisiones deben analizar varios escenarios posibles y desarrollar contramedidas preventivas y de respuesta.

Bibliografía

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“2021 Financial Report of the United States Government” [Informe Financiero del Gobierno de Estados Unidos]. Washington, DC: Departamento del Tesoro de Estados Unidos, febrero de 2022. https://home.treasury.gov/system/files/136/2021-FRUSG-FINAL-220217.pdf.

Eichengreen, Barry, y Ricardo Hausmann. “Exchange Rates and Financial Fragility” [Tipos de Cambio y Fragilidad Financiera]. Documento de trabajo NBER 7418. Cambridge, MA: Oficina Nacional de Investigación Económica, noviembre de 1999. https://www.nber.org/system/files/working_papers/w7418/w7418.pdf.

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Milesi-Ferretti, Gian Maria. “The US Is Increasingly a Net Debtor Nation. Should We Worry?” [Estados Unidos es cada vez más una nación deudora neta. ¿Deberíamos preocuparnos?]. The Brookings Institution, 14 de abril de 2021. https://www.brookings.edu/articles/the-us-is-increasingly-a-net-debtor-nation-should-we-worry/.

“The 2021 Long-Term Budget Outlook” [La Perspectiva Presupuestaria a Largo Plazo de 2021]. Washington, DC: Oficina de Presupuesto del Congreso, marzo de 2021. https://www.cbo.gov/publication/57038.

Wolf, Martin. “China Must Not Copy the Kaiser’s Errors” [China no debe copiar los errores del Káiser]. Financial Times, 3 de diciembre de 2013. https://www.ft.com/content/672d7028-5b83-11e3-a2ba-00144feabdc0.

“人民银行副行长易纲:人民币国际化应由市场驱动” [Yi Gang, vicegobernador del Banco Popular de China: La internacionalización del RMB debe ser impulsada por el mercado]. Consejo de Estado de la República Popular China, 14 de octubre de 2012. https://www.gov.cn/jrzg/2012-10/14/content_2242995.htm.

Notas del autor

1. Véase “2021 Annual Report” [Memoria anual 2021] (Pekín: Administración Estatal de Divisas de la República Popular China), https://www.safe.gov.cn/en/2020/1221/2163.html; “Major Foreign Holders of Treasury Securities” [Principales tenedores extranjeros de bonos del Tesoro] (Washington, DC: Departamento del Tesoro de EE. UU., 15 de marzo de 2023), https://ticdata.treasury.gov/Publish/mfh.txt.

2. En macroeconomía internacional, la balanza de pagos registra todas las transacciones realizadas entre entidades de un país con entidades del resto del mundo. Estas transacciones incluyen importaciones y exportaciones de bienes, servicios, capital, así como pagos de transferencias como ayuda exterior y remesas. Un déficit en la cuenta de capital indica que está saliendo más dinero de la economía junto con un aumento en la propiedad de activos extranjeros. Por otro lado, la cuenta corriente se define como la suma de la balanza comercial (exportaciones de bienes y servicios menos importaciones), los ingresos netos procedentes del extranjero y las transferencias corrientes netas. Un déficit en la cuenta corriente se produce cuando el valor total de los bienes y servicios que un país importa supera el valor total de los bienes y servicios que exporta.

3. Sobre los pasivos externos netos de Estados Unidos, véase Gian Maria Milesi-Ferretti, “The US Is Increasingly a Net Debtor Nation. Should We Worry?” [Estados Unidos es cada vez más una nación deudora neta. ¿Deberíamos preocuparnos?], The Brookings Institution, 14 de abril de 2021, https://www.brookings.edu/articles/the-us-is-increasingly-a-net-debtor-nation-should-we-worry/. Sobre la deuda nacional de EE. UU., véase “2021 Financial Report of the United States Government” [Informe Financiero del Gobierno de Estados Unidos], (Washington, DC: Departamento del Tesoro de EE. UU., febrero de 2022), https://home.treasury.gov/system/files/136/2021-FRUSG-FINAL-220217.pdf.

4. “The 2021 Long-Term Budget Outlook” [La Perspectiva Presupuestaria a Largo Plazo de 2021] (Washington, DC: Oficina de Presupuesto del Congreso de Estados Unidos, marzo de 2021), https://www.cbo.gov/publication/57038.

5. Martin Wolf, “China Must Not Copy the Kaiser’s Errors”[China no debe copiar los errores del Kaiser], Financial Times, 3 de diciembre de 2013, https://www.ft.com/content/672d7028-5b83-11e3-a2ba-00144feabdc0.

6. Reservas de divisas a finales de 2021. Fuentes: Administración Estatal de Divisas de la República Popular China, Autoridad Monetaria de Hong Kong, Banco Central de Taiwán, Ministerio de Finanzas de Japón, Banco Nacional de Suiza, Banco de la Reserva de la India.

7. “2021 Annual Report” [Memoria anual 2021] (Pekín: Administración Estatal de Divisas de la República Popular China), https://www.safe.gov.cn/en/2020/1221/2163.html.

8. Se emplean diversas medidas para calcular la oferta monetaria, es decir, la cantidad total de dinero en circulación en una economía. El Banco Mundial define estas medidas de la siguiente manera: La más restrictiva, M1, abarca el efectivo en manos del público y los depósitos bancarios a la vista. M2 incluye M1, además de los depósitos a plazo y de ahorro en bancos que requieren aviso previo para su retiro. M3 comprende M2, así como diversos instrumentos del mercado monetario, como certificados de depósito emitidos por bancos, depósitos bancarios denominados en moneda extranjera y depósitos en instituciones financieras distintas de los bancos. Véase “Glosario de Metadatos”, Banco Mundial, consultado el 20 de marzo de 2024, https://databank.worldbank.org/metadataglossary/world-development-indicators/series/FM.LBL.BMNY.ZG.

9. “人民银行副行长易纲:人民币国际化应由市场驱动” [Yi Gang, vicegobernador del Banco Popular de China: La internacionalización del RMB debe ser impulsada por el mercado], Consejo de Estado de la República Popular China, 14 de octubre de 2012, https://www.gov.cn/jrzg/2012-10/14/content_2242995.htm.

10. En la literatura financiera internacional, el “pecado original” es un término que hace referencia a “una situación en la que la moneda nacional no puede utilizarse para obtener préstamos en el extranjero o préstamos a largo plazo, ni siquiera a nivel nacional”. Véase Barry Eichengreen y Ricardo Hausmann, “Exchange Rates and Financial Fragility” [Tipos de Cambio y Fragilidad Financiera], Documento de Trabajo NBER 7418 (Cambridge, MA: Oficina Nacional de Investigación Económica, noviembre de 1999), https://www.nber.org/system/files/working_papers/w7418/w7418.pdf.

De la “reducción de riesgos” a la desdolarización: la moneda de los BRICS y el futuro del orden financiero internacional | 17.05.2024


De la “reducción de riesgos” a la desdolarización: la moneda de los BRICS y el futuro del orden financiero internacional

Gao Bai

Gao Bai (高柏) es profesor de sociología en la Universidad de Duke. Sus principales campos de investigación son la sociología económica, la sociología histórica comparada, la economía política internacional y la teoría organizativa. Entre sus obras publicadas figuran Ideología económica y política industrial japonesa: desarrollismo desde 1931 hasta 1965, y El dilema económico de Japón: los orígenes institucionales de la prosperidad y el estancamiento.

“De la ‘reducción de riesgos’ a la desdolarización: la moneda de los BRICS y el futuro del orden financiero internacional” (从去风险到去美元化:金砖货币与国际金融秩序的未来) fue publicado originalmente en la edición N°5 de Wenhua Zongheng (文化纵横), en octubre de 2023.

La reducción de riesgos está reemplazando al desacoplamiento como palabra clave para describir los puntos críticos políticos y económicos en el ámbito internacional actual. Así como los países occidentales están enfatizando la reducción de riesgos en el comercio y la inversión con China a nivel de la cadena de suministro, los países no occidentales también están reduciendo los riesgos en respuesta a las sanciones económicas encabezadas por Occidente contra Rusia, después del estallido de la guerra ruso-ucraniana. La negativa de los países en desarrollo a alinearse con la política occidental sobre la guerra y las sanciones contra Rusia, ha dado lugar a un creciente discurso sobre el papel político del Sur Global en la escena internacional. La creciente influencia económica y política del Sur Global se puso de manifiesto en la cumbre de los BRICS celebrada en Sudáfrica en 2023, en la que Argentina, Egipto, Etiopía, Irán, Arabia Saudita y los Emiratos Árabes Unidos (EAU) fueron invitados a formar parte de la organización, entre decenas de aspirantes. La agrupación BRICS parece destinada a convertirse en una importante plataforma política y económica internacional que represente los intereses del Sur Global. Este acontecimiento remodelará profundamente el futuro orden internacional.

Las sanciones económicas occidentales contra Rusia han tenido un impacto significativo en las economías en desarrollo del Sur Global. En primer lugar, las sanciones energéticas occidentales y el desacoplamiento de Rusia han perturbado las relaciones relativamente estables entre la oferta y la demanda que existían desde hacía tiempo en el mercado energético internacional. Al cesar la cooperación energética ruso-europea, la industria energética rusa se vio obligada a dirigirse al mercado de Asia-Pacífico, exportando petróleo y gas a precios bajos. A su vez, la respuesta estratégica de Rusia ejerció una gran presión en otros productores de energía, obligándolos a competir ferozmente en el mercado de Asia y el Pacífico. Esta pugna está alterando el panorama geopolítico y el equilibrio del poder político y económico internacional. En segundo lugar, las sanciones económicas impuestas por los países occidentales a Rusia han llevado a la reorganización de la cadena de suministro internacional. A medida que las empresas y proveedores occidentales se retiran del mercado ruso, Rusia se ve obligada a encontrar nuevas fuentes de bienes y componentes. Esto ofrece importantes oportunidades de negocio para que empresas de otros países entren en el mercado ruso. En tercer lugar, las sanciones financieras de los países occidentales han congelado las reservas de divisas de Rusia y confiscado los activos de algunos rusos ricos. En muchos países, estas medidas han despertado preocupación y los han impulsado a transferir activos en dólares estadounidenses desde países desarrollados o a buscar activamente sustitutos a la divisa norteamericana, lo que se ha convertido en una de las importantes fuerzas impulsoras de la actual desdolarización.

Este artículo analiza el impacto de la reducción de riesgos de los países del Sur Global en el futuro orden económico internacional. En primer lugar, estos esfuerzos se concretan en la desdolarización. Los países del Sur Global están tratando de limitar el uso del dólar en el comercio internacional reforzando la soberanía monetaria y la seguridad económica nacional. Este movimiento está separando el sistema comercial internacional del sistema financiero internacional, que desde el final de la Segunda Guerra Mundial han estado estrechamente vinculados por la moneda clave, el dólar estadounidense. En el pasado, esta divisa, como moneda de reserva de los países del sistema financiero internacional, se utilizaba no sólo para la fijación de precios de los productos básicos, sino también para las liquidaciones comerciales transfronterizas y los préstamos interbancarios, lo que aumentaba enormemente la eficacia y la conveniencia de las liquidaciones en el sistema comercial multilateral regido por el Acuerdo General sobre Aranceles Aduaneros y Comercio (el GATT) y la Organización Mundial del Comercio (OMC). Sin embargo, la militarización del dólar estadounidense por parte de Occidente ha impulsado a los países del Sur Global a buscar liquidaciones en monedas locales. Esta dinámica probablemente pondrá “patas arriba” el sistema de pagos y liquidaciones comerciales internacionales dominado por el dólar, lo que debilitará o incluso acabará con su estatus de moneda mundial clave y remodelará el orden financiero internacional.

En segundo lugar, aunque en el debate sobre la desdolarización muchos abogan por la sustitución del dólar estadounidense por el yuan chino (RMB) como nueva moneda mundial clave, es poco probable que esto ocurra a corto plazo. La mayoría de los partidarios de la liquidación del RMB son importantes exportadores de energía que tienen grandes superávits comerciales con China. Aunque la internacionalización del RMB está llamada a despegar en el futuro, a menos que la militarización del dólar estadounidense se intensifique o que su credibilidad se vea destruida por una grave crisis de deuda en Estados Unidos, es poco probable que el yuan sustituya al dólar a corto plazo, debido a diversas condiciones objetivas. Lo más probable que suceda en el futuro es que el estatus del dólar estadounidense se vea erosionado por diversas medidas de reducción de riesgos por parte de los países del Sur Global, y que el sistema financiero internacional pase del predominio del dólar estadounidense a la coexistencia de varias divisas importantes, incluyendo el dólar estadounidense, el yuan, el euro y la divisa de los BRICS.

En tercer lugar, en una situación en la que coexisten varias monedas importantes, el mayor denominador común para que los países del Sur Global actúen conjuntamente es establecer un valor de referencia para las liquidaciones en sus monedas locales y una plataforma de intercambio que respalde dichas liquidaciones. La gran demanda de una referencia de valoración de este tipo brinda una oportunidad para la creación de una moneda BRICS. La mayoría de los países del Sur Global no desean tomar partido en las cuestiones político-económicas mundiales. Lo que buscan es un mundo multipolar y la creación de plataformas internacionales más igualitarias y justas, que representen mejor sus intereses, para poder protegerse de los riesgos que plantea el actual orden económico internacional. Al abogar por la desdolarización, estos países pretenden mitigar los diversos riesgos que plantea el dólar estadounidense, no enfrentarse a él. Por lo tanto, la perspectiva tradicional –es decir, que el sistema financiero internacional debe tener una moneda dominante y, puesto que el dólar ya no es viable, debe ser sustituido por el yuan– puede resultar inadecuada para captar el quid de la situación global, ya que el mundo se enfrenta a “grandes cambios nunca vistos en un siglo” (百年未有之大变局, bǎinián wèi yǒu zhī dà biànjú).

La guerra entre Rusia y Ucrania está cambiando profundamente el orden internacional: por un lado, los países occidentales están tratando de romper con ese orden unificado y liderado por Estados Unidos en la posguerra fría y volver al panorama de la coexistencia de los dos sistemas enfrentados durante el periodo de la guerra fría. Por otro lado, los países del Sur Global, a través de medidas de reducción de riesgos, han comenzado a poner en marcha la construcción de un mundo multipolar, que en el pasado era sólo palabrería. Tanto si se trata de la reducción de riesgos de China y Rusia por parte de Occidente como de la reducción de riesgos de Occidente por parte de los países del Sur Global, el rasgo común es el debilitamiento del actual orden económico internacional dominado por Occidente y la promoción de un mundo más multipolar.

El impacto de las sanciones económicas occidentales a Rusia

Esta sección analiza la relación entre la reducción de riesgos, la desdolarización y la divisa de los BRICS, y el impacto que las sanciones económicas occidentales contra Rusia han tenido en esta dinámica en el Sur Global.

(i) Cambios en el mercado energético internacional

A raíz del estallido de la guerra entre Rusia y Ucrania, tanto Europa como Estados Unidos prohibieron las importaciones de crudo, productos refinados del petróleo y carbón procedentes de Rusia, lo que provocó un fuerte descenso de las exportaciones energéticas rusas a Europa. Las exportaciones de gas ruso se desplomaron un 25,1% en 2022, debido a que los países europeos interrumpieron sus compras y al sabotaje del gasoducto Nord Stream. El desacoplamiento energético de Europa ha obligado a Rusia a acelerar sus esfuerzos en los mercados de Asia-Pacífico. En 2022, las importaciones chinas de gas ruso por gasoducto y gas natural licuado (GNL) se multiplicaron por 2,6 y 2,4, hasta 3.980 y 6.750 millones de dólares, respectivamente.[1]

En el sector petrolero se han producido tendencias similares. En 2021, antes de que estallara la guerra, el 8% de las importaciones de petróleo de Estados Unidos procedían de Rusia. Después que estalló la guerra, Estados Unidos prohibió las importaciones de energía rusa.[2] En diciembre de 2022, la Unión Europea (UE), el Grupo de los Siete (G7) y Australia implementaron un embargo sobre el petróleo ruso y establecieron un techo de precio de exportación. Esto obligó a Rusia a reducir significativamente los precios del petróleo y cambiar su enfoque exportador a la región de Asia y el Pacífico. Como grandes consumidores de energía, India, China y Turquía han aumentado significativamente sus importaciones de crudo ruso.[3] En 2022, las importaciones chinas del recurso se dispararon un 8% y Rusia se convirtió en el segundo mayor proveedor de petróleo crudo a China.[4] Actualmente, las importaciones indias de petróleo ruso han experimentado el mayor aumento, con un incremento de más del 9% desde diciembre de 2022. Las importaciones de carbón de China desde Rusia también crecieron un 20% en 2022, alcanzando 68,06 millones de toneladas. La producción de carbón térmico de la India procedente de Rusia aumentó casi un 15% en 2022, alcanzando los 161.800 millones de toneladas.[5]

(ii) Reestructuración de la cadena de suministro

Se restringió la exportación de muchas tecnologías originarias de Estados Unidos a Rusia y Bielorrusia. Los exportadores estadounidenses ahora deben solicitar licencias para exportar computadoras, equipos de comunicaciones, sensores, láseres, tecnología de navegación, aeroespacial y de propulsión a Rusia. Las nuevas sanciones contra Rusia también restringen los productos mencionados anteriormente producidos por otros países que utilizan tecnología estadounidense.[6] Desde febrero de 2022, las exportaciones europeas a Rusia afectadas por las sanciones ascendieron a 43.900 millones de euros, incluyendo productos asociados a computadoras cuánticas, chips avanzados, dispositivos y software electrónicos, maquinaria y equipos de transporte, equipos para la industria energética, tecnología y servicios, productos y tecnologías aeroespaciales, productos marítimos y tecnología de radiocomunicación, productos de doble uso tanto para utilización militar como civil, accesorios de lujo, etc.[7]

La retirada masiva de empresas estadounidenses, europeas, japonesas y surcoreanas de Rusia ha creado oportunidades para que empresas de otros países entren en el mercado ruso. Por ejemplo, la cuota conjunta de Samsung y Apple en el mercado ruso de teléfonos móviles, que llegó a ser del 53% a finales de 2021, cayó a sólo el 3% a finales de 2022. Mientras tanto, la cuota de los teléfonos móviles chinos en el mercado ruso pasó del 40% a finales de 2021 al 95% a finales de 2022.[8] También se observa una tendencia similar en el mercado automovilístico ruso: las marcas alemanas BMW y Mercedes-Benz desaparecieron del mercado ruso, mientras que las chinas Chery, Great Wall y Geely entraron entre las diez primeras. Según las estadísticas, a pesar de las sanciones económicas que provocaron una fuerte contracción en el mercado automovilístico ruso, las ventas de automóviles fabricados en China aumentaron un 7% en Rusia en 2022.[9]

(iii) Evitar riesgos financieros

Después del estallido de la guerra ruso-ucraniana, los países occidentales expulsaron a Rusia del sistema SWIFT y los bancos europeos y estadounidenses congelaron hasta 300.000 millones de euros de las reservas de divisas del banco central ruso y 21.500 millones de euros de las propiedades de los empresarios rusos sancionados.[10] En el pasado, el mundo confiaba profundamente en el dólar estadounidense como una “moneda de refugio seguro”, pero ahora las sanciones financieras de Occidente a Rusia han constituido un “default selectivo” de facto.[11] Muchos países en desarrollo, incluidos aliados tradicionales de Estados Unidos como Arabia Saudita, han comenzado a preocuparse de que si algún día se ubican en el lado opuesto de Estados Unidos en disputas geopolíticas, los activos en dólares que poseen ya no estarán seguros. En India y otros países también han sostenido que las sanciones contra Rusia han provocado fluctuaciones en los precios de los alimentos y la energía, afectando a los pobres de todo el mundo. A medida que la relación entre China y Estados Unidos se vuelve cada vez más tensa, la preocupación de la gente aumenta debido a la crisis que las sanciones estadounidenses podrían causar. Aunque el dólar es la moneda de liquidación comercial más popular en el mundo, China es la nación comercial más grande del mundo. Ante esta incertidumbre en la política y la economía internacionales, algunos países piensan que en lugar de reducir el comercio con China, es mejor disminuir el uso de dólares estadounidenses en el comercio internacional.[12]

El ejemplo de Suiza muestra cómo el comportamiento adoptado por algunos países para evitar los riesgos financieros que plantean las sanciones contra Rusia puede, de hecho, perjudicar al sector financiero occidental. Antes del estallido de la guerra, el 80% de las mercancías rusas se comercializaban a través de Suiza, por un valor de 11.000 millones de dólares. Al mismo tiempo, el 30% de las propiedades privadas rusas en el extranjero se almacenaban en Suiza. Después que estalló la guerra, Suiza renunció a su neutralidad y participó en las sanciones financieras de la Unión Europea contra Rusia. Sólo Credit Suisse ha congelado 19.000 millones de francos suizos en activos rusos, más de un tercio de los activos de ese país en Suiza. El gobierno federal suizo congeló las propiedades de rusos y bielorrusos incluidos en la lista de sanciones por un valor de 8.000 millones de francos suizos. También exigió a los bancos locales que informaran sobre la lista de rusos con depósitos de hasta 100.000 francos suizos y les prohibió aceptar nuevos depósitos superiores a esta cantidad. A mediados de noviembre de 2022, la lista ya incluía a 7.500 personas, con depósitos por un valor de 46.100 millones de francos suizos.[13] Estas sanciones han provocado que personas ricas de varios países comiencen a sacar fondos de Suiza. Por ejemplo, Credit Suisse registró importantes retiros de clientes en 2022, alcanzando 119.000 millones de dólares solo en el último trimestre. La crisis de desinversión se vio agravada por el posterior colapso de muchos bancos estadounidenses y la negativa del Banco Nacional Saudita, el mayor accionista de Credit Suisse, a aumentar su capital. Credit Suisse se enfrentó a la quiebra y finalmente fue adquirido por UBS a petición del gobierno suizo. El destacado banquero suizo Josef Ackermann señaló que el gobierno suizo había puesto en peligro el Estado de derecho y los derechos de propiedad al hacer pagar a individuos por las acciones del gobierno ruso. Los ciudadanos de otros países pensarán que el gobierno suizo haría lo mismo en el futuro para hacerles pagar por los agravios cometidos por los gobiernos de sus países de origen. La confiscación de los bienes de particulares rusos ha sido devastadora para la industria financiera suiza.

Sanciones financieras y trueque

El impacto de las sanciones occidentales a Rusia en los países del Sur Global está entrelazado en tres áreas: el mercado energético, la cadena de suministro y las finanzas internacionales. Por lo tanto, el comportamiento de reducción de riesgos del Sur Global se encuentra estrechamente conectado a los tres ámbitos.

Después que los países occidentales expulsaran a Rusia del sistema SWIFT en marzo de 2022, las exportaciones rusas de energía no pudieron ser liquidadas en dólares o euros. La contramedida de Rusia fue exigir a los países hostiles que paguen en rublos cuando compran energía rusa. Si estos países no tenían rublos, tenían que abrir cuentas en bancos rusos para depositar dólares y euros, que luego se convertirían en rublos para el pago. Como los países europeos no pudieron desvincularse completamente del gas ruso de forma inmediata durante la mayor parte de 2022, tuvieron que convertir sus euros y dólares en rublos para pagar. De este modo, el tipo de cambio del rublo se vio fuertemente respaldado durante un tiempo. Llegó un momento en que su valor era incluso superior al que tenía antes de la guerra.

La utilización del dólar como arma y las contramedidas de Rusia han dado a los países del Sur Global una nueva comprensión de la relación entre el sistema financiero internacional y el sistema de comercio internacional. En primer lugar, el valor del dólar estadounidense como moneda para los acuerdos internacionales ha perdido importancia para los países que enfrentan sanciones occidentales y se encuentran en una crisis geopolítica o en una guerra, porque no pueden comprar lo que quieren incluso si tienen reservas en esa divisa. En segundo lugar, en entornos tan extremos, un país sólo puede comerciar con otros para obtener recursos clave si dispone de energía, recursos o capacidad de fabricación industrial.[14] En tercer lugar, para reducir el riesgo de no poder comprar cosas en condiciones de guerra o enfrentar sanciones, es necesario establecer relaciones de cooperación sólidas en tiempos de paz con varias economías que puedan proporcionar suministros importantes. Finalmente, si el comercio entre los principales productores de energía, recursos y productos industriales puede liquidarse en monedas locales, es posible reducir en gran medida su dependencia del dólar estadounidense.

Con el desplazamiento de las exportaciones energéticas de Rusia hacia Asia-Pacífico y la intensificación de la competencia por este mercado regional, los principales exportadores de energía y recursos están ampliando su cooperación con China por varias razones. En primer lugar, estos países tienen superávit comercial con China de donde también importan enormes cantidades de productos manufacturados. Para aunar intereses estratégicos, están más dispuestos a liquidar el comercio en yuanes. Por ejemplo, China ha firmado, o tiene intención de firmar, acuerdos para liquidar el comercio bilateral en RMB con los principales países de recursos energéticos (como Arabia Saudita, Rusia, Brasil, Irak, Irán y Argentina), los cuales tienen decenas de miles de millones de dólares de superávit comercial con China y pueden utilizar el yuan para comprar más productos manufacturados e infraestructuras directamente a ese país. En segundo lugar, en condiciones extremas, este comercio bilateral puede ser objeto de trueque. Así, para estos países ricos en energía, la cooperación con China, una potencia manufacturera, puede reducir el riesgo de no poder obtener suministros vitales en caso de que se enfrenten a una grave crisis internacional. En tercer lugar, a través de la cooperación con China pueden combinar el comercio bilateral de recursos energéticos con sus necesidades de desarrollo económico a mediano y largo plazo, obteniendo de China la inversión, la tecnología y la infraestructura necesarias para el desarrollo industrial, en particular de las industrias de alta tecnología.

En diciembre de 2022, la declaración conjunta emitida por China y los países del Golfo comenzó a cambiar fundamentalmente el paradigma de cooperación estratégica entre esa región y las potencias extranjeras. Desde la Segunda Guerra Mundial, la cooperación estratégica entre los países del Golfo y Estados Unidos siempre ha consistido en el intercambio de “petróleo por seguridad”: los países del Golfo garantizan el suministro de petróleo a Estados Unidos, que, a su vez, proporciona garantías de seguridad para la región, incluida la venta masiva de armas. Los países del Golfo utilizan los ingresos del petróleo para comprar grandes cantidades de bonos del Tesoro estadounidense e invertir en activos denominados en dólares, formando así un sistema de petrodólares.[15]

A medida que Estados Unidos comenzó a explotar petróleo, gas y petróleo de esquisto en alta mar, no sólo redujo significativamente su dependencia de la energía del Medio Oriente, disminuyendo así el valor estratégico de la región del Golfo, sino que también se convirtió en un competidor en el mercado energético internacional.[16] Antes de la guerra entre Rusia y Ucrania, Estados Unidos y los países del Golfo ya habían empezado a distanciarse. Tras el estallido de la guerra, la desvinculación de Europa de la energía rusa y el giro de Rusia hacia el mercado energético de Asia-Pacífico han acelerado enormemente esta tendencia. A diferencia de la cooperación “petróleo por seguridad” entre los Estados del Golfo y Estados Unidos, la cooperación con China se basa en una “cooperación integral en el sector energético”: China invierte en las industrias energéticas derivadas de los Estados del Golfo, mientras que éstos utilizan su experiencia en el desarrollo de sus industrias energéticas derivadas, incluida la exploración y extracción conjunta de petróleo y gas en el Mar de China Meridional. El antiguo paradigma de “petróleo por armas” está siendo sustituido por un nuevo paradigma de “petróleo por desarrollo”,[17] que se refleja en el reciente consenso de cooperación alcanzado entre China, Arabia Saudita, Rusia, Brasil y otros países.[18]

El orden económico internacional liderado por Estados Unidos se basa en las finanzas, enfatizando el patrón dólar y a Estados Unidos como principal proveedor de liquidez. El nuevo orden económico internacional promovido por China y los países del Sur Global se basa en el comercio: intercambio de energía y recursos por productos industriales e infraestructura. Este nuevo orden económico internacional se basará menos en las divisas y más en las materias primas, lo que provocará mayores tasas de inflación en Occidente. Durante el gobierno de Nixon, el entonces Secretario del Tesoro estadounidense, John Connally, dijo: “El dólar es nuestra moneda, pero es vuestro problema”. Según Zoltan Poszar, antiguo analista de Credit Suisse, esta frase está siendo sustituida por un nuevo lema: “Nuestra materia prima, su problema”.[19]

¿Yuan o moneda común?

¿A dónde irá la desdolarización en el Sur Global? En el debate actual, muchos creen que el yuan reemplazará al dólar, mientras que otros tienen grandes esperanzas en una moneda común respaldada por el petróleo. Pero ambos caminos tienen sus retos.

Veamos primero la internacionalización del RMB. Desde una perspectiva geopolítica, se considera una gran amenaza para el dólar estadounidense. Estados Unidos no sólo se opondrá a ella, sino que también ejercerá presión sobre otros países. Un ejemplo típico reciente es que, aunque Arabia Saudita ha mencionado que podría considerar el uso de otras monedas para liquidar el comercio de energía, aún no ha adoptado una posición oficial clara. En marzo y abril de este año, el gobierno indio dejó claro que se oponía al uso del RMB por parte de las empresas indias para liquidar las importaciones de energía de Rusia. En julio, bajo la presión de Rusia, India tuvo que poner una pequeña parte de las importaciones energéticas en RMB. Sin embargo, esto se debe a que, bajo las sanciones económicas occidentales, Rusia exportó petróleo a la India a un precio muy bajo, por lo que los enormes beneficios que obtuvo la India superaron con creces sus preocupaciones geopolíticas sobre la creciente influencia del RMB. Los exportadores de recursos energéticos son relativamente más receptivos a la liquidación en RMB porque todos ellos tienen grandes superávits comerciales con China. Para los países con grandes déficits comerciales con China, la liquidación en RMB no resolvería sus problemas de costos de liquidación con el dólar estadounidense, sino que, de hecho, sería más costosa.

Además, la sustitución del dólar por el RMB seguiría sin resolver la paradoja responsable de la disfuncionalidad del sistema monetario internacional. Como señaló el economista brasileño Paulo Nogueira Batista Jr., “la contradicción fundamental […] reside en el hecho de que el sistema internacional depende de una moneda nacional única, gestionada según los intereses del Estado que la creó”. Estados Unidos tiende a formular políticas financieras al servicio de sus propios intereses, que no siempre coinciden con los del sistema financiero internacional y, en muchos casos, ambos entran en conflicto. Así pues, aunque los países del Sur Global sigan trabajando por la desdolarización, no apoyarían que la moneda de otro país asumiera el papel del dólar estadounidense como nueva divisa clave.[20]

Hasta ahora, la internacionalización del renminbi no ha tomado como referencia el papel clave del dólar estadounidense, sino que ha seguido su propio camino. En primer lugar, no ha logrado la libre convertibilidad de la moneda. Sin eso, el RMB no podrá ofrecer a otros países la misma eficiencia en la liquidación del comercio internacional y la misma facilidad de uso que el dólar estadounidense. En segundo lugar, para convertirse en la principal moneda de reserva de varios países, es necesario que haya mercados financieros desarrollados y suficientes instrumentos financieros disponibles para la inversión, junto con la apertura de la cuenta de capital. Sin embargo, la industria financiera de China no sólo está todavía relativamente atrasada, sino que también siempre ha considerado la seguridad financiera nacional como una máxima prioridad. En tercer lugar, el dólar estadounidense, como moneda clave, debe proporcionar liquidez a otros países. Sin embargo, como gran país manufacturero con una enorme población y una alta presión sobre el empleo, China no puede proporcionar esa liquidez a través de grandes déficits en cuenta corriente como Estados Unidos. Bajo las limitaciones de estas condiciones internas y externas, todavía es necesario explorar el impacto de las diferentes vías de internacionalización del RMB en la economía china.

El uso de liquidaciones en moneda local para el comercio bilateral en el Sur Global entraña un riesgo: si la moneda del país deficitario obtiene peores resultados, es probable que el país superavitario renuncie a sus tenencias a largo plazo; si el país superavitario opta por vender, la moneda del país deficitario corre el riesgo de sufrir una mayor depreciación.[21] Aunque no cabe duda que detrás de la reciente depreciación del RMB están los fundamentos económicos reales y el impacto de las subidas de los tipos de interés estadounidenses, otra razón importante es el efecto de los swaps de divisas y las liquidaciones en RMB, dado que no es libremente convertible. Por ejemplo, imaginemos un escenario donde Rusia posee de pronto una gran cantidad de RMB a través de su superávit comercial energético con China, pero no existe un canal para que estos yuanes fluyan de vuelta a China porque no cuenta con un mercado financiero desarrollado ni suficientes instrumentos financieros para la inversión rusa. En estas condiciones, se convierte en una opción razonable para Rusia mantener el tipo de cambio del rublo vendiendo grandes sumas de RMB o vendiendo RMB adquiridos a la paridad para obtener beneficios en dólares en un contexto de apreciación del dólar frente al yuan. Mientras los mercados e instrumentos financieros chinos no se desarrollen de forma que proporcionen canales suficientes para el retorno del “RMB petrolero” a China, los países con grandes excedentes tendrán un incentivo para vender RMB por otras divisas, creando así presión para devaluar el RMB. Queda por ver si China está dispuesta a soportar esta carga de la internacionalización del RMB a largo plazo.

Examinemos ahora las perspectivas de una moneda común de los países BRICS. En efecto, la fuerza de los BRICS ha crecido rápidamente, lo que sienta bases sólidas para el lanzamiento de una moneda común. A modo de referencia, cuando se fundó el G7 en la década de 1970, la participación del grupo en el producto interno bruto (PIB) mundial alcanzaba el 62%; en la actualidad, los países BRICS han superado al G7 en cuanto a sus respectivas participaciones en el PIB mundial, medido en paridad de poder adquisitivo (PPA). Según el Fondo Monetario Internacional (FMI), en 2021, los BRICS representaban colectivamente el 31,5% del PIB mundial (PPA), mientras que el G7 representaba el 30,7%.[22] El FMI prevé que, en 2028, los BRICS10 ampliados (incluidos Egipto, Etiopía, Irán, Arabia Saudita y los Emiratos Árabes Unidos) representarán el 37,9% del PIB mundial (PPA), mientras que la cuota del G7 caerá al 27,8%.[23] Dado que los principales exportadores de energía, como Arabia Saudita, Irán y los Emiratos Árabes Unidos, se han unido al mecanismo de cooperación de los BRICS en 2024, la probabilidad de una moneda común ha aumentado aún más. En el futuro, si los BRICS pueden cooperar con la OPEP en el desarrollo de una moneda BRICS, tal iniciativa puede superar las limitaciones de los países miembros de los BRICS y mejorar en gran medida la base material para una moneda común.

Sin embargo, la emisión de una moneda BRICS respaldada por petróleo todavía enfrenta grandes desafíos. En primer lugar, el respaldo del dólar estadounidense por el petróleo está garantizado por la exclusividad del acuerdo entre Estados Unidos y Arabia Saudita para fijar el precio del petróleo sólo en dólares estadounidenses. Los países utilizan el dólar estadounidense como reserva de divisas para asegurarse de que sus importaciones de energía no están sujetas a las fluctuaciones de los tipos de cambio, asegurando así indirectamente el estatus del dólar estadounidense como divisa mundial clave. ¿Podría una moneda de los BRICS establecer la exclusividad en la fijación de precios y liquidaciones del petróleo y el gas en el mercado energético internacional, apoyando así su transformación en moneda de reserva para los países? Parece poco probable, a menos que los países BRICS quieran entrar en guerra con Estados Unidos. ¿Sería posible que una moneda de los BRICS se convirtiera en una entre varias monedas para la fijación de precios y liquidaciones del petróleo y el gas? La respuesta es sí, pero aun así, una moneda de los BRICS seguiría enfrentándose a la feroz competencia del dólar estadounidense, que cuenta con los mayores mercados financieros del mundo y los instrumentos financieros más desarrollados, especialmente el enorme mercado del Tesoro estadounidense. En segundo lugar, el desarrollo de una moneda BRICS basada en el petróleo es más fácil en teoría que en la práctica concreta. Para sustentar una moneda con petróleo, debe establecerse un tipo de cambio fijo entre una determinada unidad de petróleo y una determinada unidad de la moneda. Sin embargo, aunque se establezca un tipo de cambio fijo entre una divisa de los BRICS y el petróleo, cuando el precio del petróleo suba en el mercado internacional, ¿a quién recurrirán los titulares de la divisa de los BRICS para obtener petróleo al tipo de cambio fijo?[24] Cuando diseñó el sistema de Bretton Woods, John Maynard Keynes también había previsto el establecimiento de un tipo de cambio entre el petróleo y el dólar, pero se encontró con que los tipos y la calidad del petróleo eran demasiado numerosos y variaban mucho de un país a otro, por lo que esto no era operativo en la práctica. Finalmente decidió utilizar el oro.[25]

Plataforma de liquidación, referencia de valoración y cambio de moneda local

Para los países del Sur Global, el mayor denominador común para la acción conjunta en el futuro es la liquidación en moneda local. Éste es el atractivo común de varias propuestas actuales de desdolarización. En los últimos años, ya se han alcanzado varios acuerdos entre los países BRICS para utilizar monedas locales en el comercio bilateral, entre ellos China y Rusia, China y Brasil, y el comercio energético de Rusia e India. Además, en 2023, la Asociación de Naciones del Sudeste Asiático (ASEAN) se reunió para debatir la reducción de su dependencia del dólar estadounidense, el euro, la libra esterlina y el yen para las transacciones financieras, y emitió una declaración sobre la promoción de sistemas de comercio en moneda local. La ASEAN tiene previsto ampliar aún más su sistema de pagos digitales transfronterizos y permitir que los países miembro comercien en monedas locales. Esto no sólo fomentará el comercio transfronterizo y la inversión dentro de la ASEAN, sino que también reducirá el impacto de los factores externos en la economía regional. El sudeste asiático suele sufrir volatilidad económica debido a los bruscos cambios de política de los bancos centrales de Estados Unidos y otros países y regiones. Por ello, los países de la ASEAN buscarían aumentar el uso de monedas locales para promover la estabilidad económica y reducir los efectos indirectos de la elevada inflación de los países desarrollados.[26]

Por diversas razones, es difícil establecer un tipo de cambio directo y relativamente estable entre dos monedas con circulación internacional limitada. Por lo tanto, al realizar liquidaciones en moneda local, a menudo es necesario utilizar una referencia para ayudar a ambas partes a establecer su valor relativo. Esto crea una oportunidad para el nacimiento de la moneda BRICS: si se establece un tipo de cambio relativamente estable entre la moneda BRICS y las monedas soberanas de cada país miembro, se convertirá en una referencia de valoración entre esos países.

Rusia y Brasil, ambos partidarios de la desdolarización, han planteado puntos de vista diferentes sobre la conveniencia y el modo de anclar una moneda BRICS. Por un lado, Rusia se ha mostrado partidaria de anclar esta moneda al oro, estableciendo un tipo de cambio entre una unidad de moneda BRICS y una unidad de oro.[27] El experto financiero estadounidense James Rickards, que se inspiró en la visión rusa, ha sugerido en cambio que la moneda BRICS utilice el oro sólo como valor de referencia y no como respaldo, lo que evitaría que los bancos centrales de los países miembro necesiten canjear oro para los titualres de la divisa BRICS. Una moneda BRICS de este tipo no sustituiría al dólar estadounidense, sino que coexistiría con él y con su ayuda reflejaría en gran medida su propio valor. Dado que el oro se denomina en dólares en el mercado internacional, la relación fija entre una moneda BRICS y el oro también se reflejará en el precio del oro denominado en dólares.[28] Según Rickards, el dólar se depreciará a largo plazo. Sin embargo, esto no afectaría negativamente a una divisa BRICS porque una depreciación del dólar llevaría a una apreciación del oro y, al mismo tiempo, a una apreciación de una divisa BRICS. En este marco, el dólar estadounidense soportaría la carga de ser la divisa mundial clave, mientras que la divisa del BRICS simplemente tendría que coexistir y cosechar los beneficios. A medida que el BRICS crezca hasta contar con treinta o cuarenta miembros, no habrá grandes obstáculos para la circulación interna de dicha moneda. La diversidad del comercio entre los miembros del BRICS será suficiente para apoyar la eficiencia de liquidación y la facilidad de uso de la moneda.[29]

Por otro lado, Nogueira Batista, antiguo vicepresidente del Nuevo Banco de Desarrollo (NBD), ha expuesto una influyente opinión, que se opone a anclar una moneda de los BRICS en el oro o en cualquier otra materia prima. En su lugar, sería preferible crear una moneda BRICS como una cesta de monedas similar a los Derechos Especiales de Giro (DEG) del FMI, en la que el peso relativo de la moneda de cada miembro del BRICS se determinaría en función de su fortaleza económica. Esta moneda no tendría por qué sustituir a las monedas nacionales -los países conservarían su soberanía monetaria- y no requeriría que los BRICS establecieran un banco central unificado -el Nuevo Banco de Desarrollo podría encargarse de la emisión de la moneda-.[30] ¿Cómo podría esta moneda de los BRICS ser ampliamente aceptada sin un activo de anclaje que sea libremente convertible a un tipo de cambio fijo? Siguiendo la lógica de Nogueira Batista, el crédito de la moneda del BRICS estaría respaldado por las monedas de los respectivos países miembros. Los titulares de la moneda del BRICS tendrían derecho a convertirla libremente en sus propias monedas en cualquier momento. El Nuevo Banco de Desarrollo garantizaría la convertibilidad de la moneda del BRICS, apoyándose en sus reservas y, cuando fuera necesario, buscando fondos adicionales de países que emitan monedas internacionalmente líquidas para respaldar la moneda del BRICS. Otra opción para fomentar la confianza sería que el NBD emitiera bonos BRICS de diferentes vencimientos y tipos de interés, permitiendo al mismo tiempo que la moneda BRICS fuera libremente convertible en bonos BRICS.[31]

Inicialmente, es probable que una moneda BRICS sirva únicamente como unidad de cuenta, proporcionando un valor de referencia para los países miembros a la hora de liquidar el comercio bilateral en sus monedas locales, reduciendo así el coste actual de la liquidación en dólares estadounidenses. Una moneda BRICS sería libremente convertible con las monedas de los países del bloque, pero carecería de las características sistémicas de una moneda clave como el dólar estadounidense. No obstante, podría ayudar a los países BRICS a cubrir algunos de los riesgos que plantea el dólar. El euro nació, en parte, del deseo de Europa de evitar las externalidades negativas de la política financiera estadounidense. Aunque el euro no ha logrado competir con el dólar como divisa internacional clave, sí ha conseguido aislar a la eurozona del ciclo del dólar.[32] Podría ser más fácil establecer un consenso político entre los países BRICS en torno a una moneda que coexista con el dólar estadounidense. En la cumbre de los BRICS de 2023, tanto el presidente ruso, Vladimir Putin, como el presidente brasileño, Luiz Inácio Lula da Silva, presionaron activamente a favor de la desdolarización. Sin embargo, el gobierno anfitrión sudafricano no incluyó la desdolarización como tema oficial bajo la presión de Estados Unidos, mientras que India se opuso explícitamente a la opción de un enfrentamiento frontal con ese país. Con Rusia como anfitriona de la cumbre de los BRICS de 2024, cabe esperar que el gobierno ruso presione con fuerza a favor de la desdolarización. Sin embargo, mientras el proceso de toma de decisiones de los BRICS se adhiera al principio del consenso, la posición de países como la India está destinada a abortar cualquier programa radical. Dada la estructura política internacional del bloque, es más probable que una moneda de los BRICS salga adelante si tiene una funcionalidad inicial relativamente sencilla –enfatizando únicamente la función básica de servir como unidad de cuenta para facilitar las liquidaciones en moneda local en el comercio entre los países BRICS– en lugar de una iniciativa que se enfrente más deliberadamente al dólar estadounidense.

Los observadores tienden a creer que la moneda BRICS inicial no se utilizará en escenarios de consumo personal, sino que sólo podrá usarse para acuerdos comerciales internacionales entre bancos. Existe una alta probabilidad de que la moneda BRICS se lance en forma de moneda digital y esté vinculada a la moneda digital del banco central que varios países están promoviendo activamente.[33] Por lo tanto, la plataforma internacional que respalda el cambio de moneda digital no será solo la moneda BRICS, sino también una infraestructura importante para el futuro sistema financiero internacional. En 2021, la Autoridad Monetaria de Hong Kong, el Instituto de Investigación de Moneda Digital del Banco Popular de China, el Banco de Tailandia y el Banco Central de los Emiratos Árabes Unidos lanzaron conjuntamente un sistema de pagos transfronterizo llamado “Puente de Moneda Digital de Múltiples Bancos Centrales” (mBridge). Esta plataforma se puede utilizar como sustituto de SWIFT. Durante la operación de prueba del 15 de agosto al 23 de septiembre de 2022, los bancos centrales de los cuatro lugares mencionados emitieron monedas digitales por un valor de 12 millones de dólares en mBridge, y 20 bancos comerciales utilizaron monedas digitales en la plataforma en más de 160 transacciones en nombre de sus clientes: transacciones de pago, cambio de divisas (FX) y liquidación simultánea (PvP) por un valor total de 22 millones de dólares estadounidenses.[34]

Esta plataforma de cambio de moneda digital respaldada por la tecnología blockchain es de gran importancia para los países del Sur Global. Actualmente, los pagos internacionales mayoristas de alto valor y gran volumen entre instituciones financieras son un componente importante de las transacciones transfronterizas. Este mercado interbancario mayorista de divisas proporciona incentivos y liquidez para diversas empresas minoristas. Sin embargo, existe un riesgo de liquidación en esta forma de transacción de divisas: dado que todavía se necesitan uno o dos días para completar un pago transfronterizo, cuando una parte ha completado el pago, la otra parte aún no lo ha recibido. Este riesgo afecta cada día hasta 6,6 billones de dólares estadounidenses en transacciones en el mercado internacional de divisas, y más de la mitad de las transacciones transfronterizas diarias carecen de mecanismos de seguro. Además, este sistema no funciona las 24 horas del día, lo que también trae inconvenientes a ambas partes de la transacción. Sin duda, la “liquidación simultánea” puede eliminar los riesgos de liquidación y reducir la fricción al garantizar que ambas partes de la transacción reciban pagos al mismo tiempo, lo que la convierte en una solución importante. Además, mBridge funciona las 24 horas del día, los 365 días del año, y ambas partes deciden el momento en que se completa el acuerdo. Los bancos centrales de todo el mundo tienen una gran demanda de este servicio. Aunque algunos mercados de países desarrollados ya ofrecen servicios de liquidación simultánea, las monedas involucradas son muy limitadas, ignorando por completo la creciente demanda del mercado de divisas en los países del Sur Global. Para reemplazar los servicios proporcionados por los bancos tradicionales, la infraestructura crítica debe trasladarse a un nuevo modelo de procesamiento, utilizando cuentas distribuidas y monedas digitales. Los bancos de muchos países desarrollados aún no están preparados para afrontar estos retos.[35]

Discusión

El movimiento pendular de la globalización, el ciclo hegemónico y la revolución tecnológica han llevado al mundo a una era de “cambios nunca vistos en un siglo”. ¿Cómo debemos interpretar el actual comportamiento de disminución de riesgos y desdolarización del Sur Global? ¿Cómo debemos entender la expansión de los BRICS y su impacto en el futuro orden internacional? ¿Y cómo podemos identificar la trayectoria y la futura dirección de China en el siglo XXI?

En primer lugar, a medida que la desdolarización siga avanzando, puede haber en el futuro un desajuste entre el sistema financiero multimoneda y el sistema comercial multilateral de posguerra, lo que significa que la desglobalización puede intensificarse aún más. El dólar estadounidense tiene varias deficiencias como moneda de reserva mundial, pero la eficiencia de liquidación y la facilidad de uso que ofrece lo convierten en una parte indispensable del sistema comercial multilateral de posguerra. En el futuro sistema financiero internacional, aunque los países puedan evitar el dólar estadounidense e incluso realizar transacciones en forma de trueque, no utilizarán monedas cuyo uso sea inconveniente como principal moneda de reserva. En la era de la globalización, el costo y la calidad determinan la circulación de bienes y servicios. Hoy, la influencia decreciente del dólar estadounidense marca el declive de este eficiente modelo de negocios. La circulación de bienes y servicios comienza a depender de si el país exportador está dispuesto a aceptar la moneda de un determinado país. Cuando los países ya no acumulan una moneda común a través de superávits en cuenta corriente, es posible que tengan que recurrir a restricciones comerciales y otros métodos distorsionadores para mantener la balanza del comercio bilateral.[36]

En segundo lugar, la militarización del dólar estadounidense por parte de Occidente tras el estallido de la guerra entre Rusia y Ucrania y los esfuerzos de desdolarización de los países del Sur Global indican que tanto los países desarrollados como los países en desarrollo parecen estar cansados del orden internacional posterior a la Guerra Fría establecido por la hegemonía estadounidense. Los intentos de los países occidentales de desacoplar o reducir el riesgo de China y Rusia están sacudiendo la hegemonía del dólar estadounidense. Sus esfuerzos por volver a la coexistencia de dos sistemas opuestos durante la Guerra Fría probablemente resulten contraproducentes y al final debiliten gravemente su posición original en el orden internacional. No hay otra razón: el desacoplamiento de Occidente y la reducción de riesgos en los países del Sur Global están dando lugar a un “rival sistémico” que supera a la Alianza Occidental en todos los aspectos: población, tamaño de la economía real, energía, recursos y capacidades de fabricación industrial. El equilibrio de poder entre Occidente y los países del Sur Global es hoy muy diferente del que existía durante la Guerra Fría entre Occidente y el antiguo bloque soviético.

En tercer lugar, el desarrollo tecnológico será un importante facilitador de las liquidaciones en moneda local para los países del Sur Global en el futuro. Tanto mBridge como una futura moneda BRICS apoyarán las transacciones a través de monedas digitales y utilizarán blockchain como tecnología subyacente. Para alejarse del alto coste de los servicios bancarios tradicionales en los países desarrollados, los países del Sur Global han estado construyendo una nueva generación de instalaciones de infraestructura financiera basadas en las tecnologías de la información contemporáneas.

Por último, la larga búsqueda de China de una relación entre su propio desarrollo y el entorno internacional parece haber encontrado un contorno claro. Desde su plena integración en la globalización dominada por Occidente a finales del siglo XX y principios del siglo XXI, pasando por su Iniciativa de la Franja y la Ruta destinada a promover la integración económica euroasiática durante la década pasada, hasta la creación de la Organización de Cooperación de Shanghái (OCS) y el bloque de los BRICS, China ha dado prioridad en última instancia a la cooperación con los países del Sur Global.

La distribución geográfica de los seis países invitados a convertirse en miembros proporciona una indicación de las prioridades de los BRICS y China en sus futuras estrategias de desarrollo. En primer lugar, cinco de los seis invitados están situados en torno a importantes rutas de transporte como el Estrecho de Ormuz, el Mar Rojo y el Canal de Suez, lo que sugiere que los países BRICS, incluida China, están poniendo más énfasis que nunca en Medio Oriente como eje de conexión entre Asia y África. En las proyecciones espaciales de China sobre la Nueva Ruta de la Seda, Europa era el extremo occidental y el Sudeste Asiático el importante extremo sudoriental. Sin embargo, en las condiciones de la actual estrategia Indo-Pacífico de Estados Unidos y la política de endurecimiento de Europa, China no sólo medió en el histórico acercamiento entre Arabia Saudita e Irán en marzo de 2023, sino que también incorporó a ambos países al BRICS. Este énfasis en Medio Oriente indica que el futuro desarrollo de la Iniciativa de la Franja y la Ruta probablemente se inclinará aún más hacia la región. Su objetivo final es establecer un puente terrestre entre Asia y África, transformando estos dos continentes en el principal escenario de las acciones colectivas de los países BRICS en el Sur Global.

En segundo lugar, la invitación de gigantes energéticos como Arabia Saudita, Irán, los Emiratos Árabes Unidos y Argentina representa un cambio en el Sur Global, que va más allá de las iniciativas individuales y avanza hacia esfuerzos institucionalizados a escala mundial para desarmonizar el dólar estadounidense. Este avance sienta una base importante para la creación de una moneda BRICS. El BRICS ampliado incluye a seis de los diez mayores productores de petróleo del mundo en 2022 (que juntos representaban el 40% de la producción mundial de petróleo) y a cinco de los siete mayores consumidores de petróleo del mundo en 2021 (que juntos representaban el 30% del consumo mundial de petróleo).[37] Con semejante concentración de capacidad de producción y consumo, la creación de una moneda BRICS -en primer lugar para el comercio energético entre los países miembros- parece estar en el horizonte.

No obstante, China adoptó una postura discreta sobre la desdolarización en la cumbre de los BRICS de 2023. A diferencia de Putin y Lula, que defendieron explícitamente la desdolarización, el presidente Xi Jinping, al hablar del tema, se limitó a decir: “Tenemos que aprovechar plenamente el papel del Nuevo Banco de Desarrollo, impulsar la reforma de los sistemas financiero y monetario internacionales y aumentar la representación y la voz de los países en desarrollo”.[38] Esta postura relativamente moderada se acerca mucho más a la de la mayoría de los países del Sur Global. En la actualidad, China sigue poseyendo 830.000 millones de dólares en bonos del Tesoro estadounidense y 2 billones de dólares en otros activos denominados en dólares. En este sentido, China sigue integrada en un sistema financiero internacional en el que el dólar estadounidense es la moneda clave. Por otra parte, en medio de la creciente competencia entre China y Estados Unidos, la tenencia de bonos del Tesoro estadounidense sigue siendo uno de los pocos puntos de apoyo importantes de que dispone China para responder a la presión estadounidense. Limitada por estas circunstancias, es poco probable que China persiga agresivamente la desdolarización. Perder su influencia no sólo podría dificultar que China contrarrestara las presiones estratégicas estadounidenses, sino que también podría provocar un daño mutuo en caso de que Estados Unidos cometiera un error de cálculo estratégico.

Desde el “giro hacia Asia” de Estados Unidos, la respuesta y la estrategia internacional de China -que incluyó la creación de la Iniciativa de la Franja y la Ruta- han mantenido constantemente abiertas dos posibilidades: cubrirse o enfrentarse. Hace un siglo, la resonancia de los tres grandes ciclos históricos de globalización, hegemonía y revolución tecnológica empujó al mundo hacia un abismo. Hoy, ha vuelto a surgir una situación en la que estos tres ciclos ejercen su influencia simultáneamente: el péndulo de la globalización está pasando del fundamentalismo de mercado al proteccionismo, el ciclo hegemónico está entrando en una fase en la que las potencias emergentes se acercan y desafían al poder hegemónico, y la revolución tecnológica está alterando rápidamente la dinámica del poder político y económico internacional. Hace un siglo, ante las crisis creadas por estos tres grandes ciclos, las naciones optaron por la confrontación, lo que dio lugar a la tragedia final de dos guerras mundiales y a un inmenso sufrimiento humano. Hoy en día, la guerra hace estragos en Ucrania y en otros lugares, mientras que la militarización del dólar estadounidense y los esfuerzos del Sur Global por disminuir riesgos están acelerando el colapso del mundo unipolar posterior a la Guerra Fría.

Mientras las ruedas de la historia vuelven a llevar al mundo a una encrucijada, la convergencia del Sur Global hacia el mecanismo de cooperación de los BRICS brinda a China una nueva oportunidad para protegerse de los crecientes peligros. Posicionada dentro de una organización internacional que reúne a los países en desarrollo más poderosos, con una moneda BRICS que coexiste con el dólar estadounidense y con importantes capacidades globales en energía, recursos y fabricación industrial, China mejorará su capacidad para impulsar cambios en el orden político y económico internacional. También aumentarán la representación y la influencia del Sur Global en los asuntos internacionales.

Bibliografía

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Notas del autor

1. Erin Hale, “How China and India’s Appetite for Oil and Gas Kept Russia Afloat” [Cómo el apetito de China e India por el petróleo y el gas mantuvo a Rusia a flote], Al Jazeera, 24 de febrero de 2023, https://www.aljazeera.com/economy/2023/2/24/how-china-and-indias-appetite-for-oil-and-gas-kept-russia-afloat.

2. Rebecca M. Nelson, Christopher A. Casey y Andres B. Schwarzenberg, “Russia’s War on Ukraine: Financial and Trade Sanctions” [La guerra de Rusia contra Ucrania: Sanciones financieras y comerciales], Servicio de Investigación del Congreso de EE.UU, 22 de febrero de 2023, https://crsreports.congress.gov/product/pdf/IF/IF12062/4..

3. “俄罗斯:2022年天然气出口暴跌,石油出口却增加” [Rusia: Las exportaciones de gas natural se desploman en 2022, pero las exportaciones de petróleo aumentan], investgo.cn, 15 de febrero de 2023, https://www.investgo.cn/article/gb/tjsj/202302/654653.html.

4. Hale, “How China and India’s Appetite for Oil and Gas Kept Russia Afloat” [Cómo el apetito de China e India por el petróleo y el gas mantuvo a Rusia a flote].

5. Hale, “How China and India’s Appetite for Oil and Gas Kept Russia Afloat” [Cómo el apetito de China e India por el petróleo y el gas mantuvo a Rusia a flote].

6. Nelson, Casey y Schwarwzenberg, “Russia’s War on Ukraine” [La guerra de Rusia contra Ucrania].

7. “Cómo funcionan las sanciones de la UE contra Rusia”, Consejo Europeo y Consejo de la UE, consultado el 25 de febrero de 2024, https://www.consilium.europa.eu/es/policies/sanctions-against-russia/sanctions-against-russia-explained/.

8. Michelle Toh, “Chinese Brands Have Replaced iPhones and Hyundai in Russia’s War Economy” [Las marcas chinas han sustituido a iPhones y Hyundai en la economía de guerra rusa], CNN, 26 ´de febrero de 2023, https://www.cnn.com/2023/02/25/business/russia-chinese-brands-sales-surge-ukraine-war-intl-hnk/index.html.

9. Toh, “Chinese Brands” [Las marcas china].

10. “Cómo funcionan las sanciones de la UE contra Rusia”.

11. James Rickards, “Western Countries about to Slam into A BRICS Wall?” [¿Están a punto de chocar contra el Muro BRICS los países occidentales?], entrevista por Stephanie Pomboy, Wealthion, YouTube, 8 de agosto de 2023, https://www.youtube.com/watch?v=88pP53lcBwQ.

12. Gideon Rachman, “How the Ukraine War Has Divided the World” [Cómo la guerra de Ucrania ha dividido al mundo], Financial Times, 17 de abril de 2023, https://www.ft.com/content/40c31fda-1162-4c40-b3d5-b32e4ac5d210.

13. “A Third of Russian Assets in Switzerland at Credit Suisse” [Un tercio de los activos rusos en Suiza están en Credit Suisse], finews.com, 13 de febrero de 2023, https://www.finews.com/news/english-news/55768-russian-funds-one-third-is-at-credit-suiss.

14. Zoltan Pozsar, “War and Commodity Encumbrance” [Guerra y gravamen de productos básicos], Credit Suisse Economics, 27 de diciembre de 2022.

15. Pozsar, “War and Commodity Encumbrance” [Guerra y gravamen de productos básicos].

16. Gao Bai, “做连接亚洲与非洲的大陆桥: 沙特问题的中国解决方案” [Ser un puente terrestre que conecte Asia y África: La solución china al problema saudí], en 西南交通大学学报(社会科学版) [Revista de la Universidad Southwest Jiaotong (Ciencias Sociales)], no. 4 (2014).

17. Pozsar, “War and Commodity Encumbrance” [Guerra y gravamen de productos básicos].

18. Véase “中华人民共和国和沙特阿拉伯王国联合声明” [Declaración conjunta de la República Popular China y el Reino de Arabia Saudí], Ministerio de Relaciones Exteriores de la República Popular China (RPC), 9 de diciembre de 2022, https://www.mfa.gov.cn/wjdt_674879/gjldrhd_674881/202212/t20221209_10988250.shtml; “中华人民共和国主席和俄罗斯联邦总统关于2030年前中俄经济合作重点方向发展规划的联合声明” [Declaración conjunta del Presidente de la República Popular China y del Presidente de la Federación Rusa sobre el Plan de Desarrollo Pre-2030 relativo a las prioridades en la cooperación económica China-Rusia], Ministerio de Relaciones Exteriores de la PRC, 22 de marzo de 2023, https://www.mfa.gov.cn/zyxw/202303/t20230322_11046176.shtml; Chen Weihua, “巴西对华出口多样化有待挖潜” [Aprovechar la diversificación de las exportaciones brasileñas a China], 经济参考报 [Diario de Información Económica], 1 de junio de 2022, http://www.jjckb.cn/2022-06/01/c_1310610291.htm; “国家发展改革委与巴西发展, 工业, 贸易和服务部签署关于促进产业投资与合作的谅解备忘录” [La Comisión Nacional de Desarrollo y Reforma de China y el Ministerio de Desarrollo, Industria y Comercio Exterior de Brasil firmaron un memorando de entendimiento sobre la promoción de la inversión industrial y la cooperación], Comisión Nacional de Desarrollo y Reforma de la RPC, 17 de abril de 2023, https://www.ndrc.gov.cn/fzggw/wld/zsj/zyhd/202304/t20230417_1353652.html.

19. Pozsar, “War and Commodity Encumbrance” [Guerra y gravamen de productos básicos].

20. Paulo Nogueira Batista Jr., “A BRICS Currency?” [¿Una moneda de los BRICS?] (artículo, Seminario BRICS sobre Gobernanza y Foro de Intercambio Cultural 2023, Johannesburgo, Sudáfrica, 19 de agosto de 2023, 19 de agosto de 2023), https://www.nogueirabatista.com.br/wp-content/uploads/2023/09/Aug-2023-On-possible-BRICS-currency.pdf. Una versión de este artículo fue publicada en Guancha, plataforma de medios china.

21. Nogueira Batista, “A BRICS Currency?” [¿Una moneda de los BRICS?].

22. Calculado a partir de los datos del Fondo Monetario Internacional Perspectivas de la economia mundial (octubre 2023), https://www.imf.org/external/datamapper/PPPSH@WEO/MAE/BRA/RUS/IND/CHN/ZAF?year=2021.

23. Calculado a partir de los datos del Fondo Monetario Internacional Perspectivas de la economia mundial (octubre 2023), https://www.imf.org/external/datamapper/PPPSH@WEO/MAE/BRA/RUS/IND/CHN/ZAF/EGY/ETH/IRN/SAU/ARE?year=2028.

24. Nogueira Batista, “A BRICS Currency?” [¿Una moneda de los BRICS?].

25. Rickards, entrevista.

26. “ASEAN’s Aim to Increase Monetary Autonomy Reflects De-Dollarization Trend, Says Indonesian Economist” [El objetivo de la ASEAN de aumentar la autonomía monetaria refleja la tendencia a la desdolarización, según un economista indonesio], Agencia de Noticias Xinhua, 5 de abril de 2023, https://english.news.cn/20230405/6b25f882f66047da8fb0231d3411d45f/c.html.

27. Rickards, entrevista; Nogueira Batista, “A BRICS Currency?” [¿Una moneda de los BRICS?].

28. Rickards, entrevista.

29. Rickards, entrevista.

30. Nogueira Batista, “A BRICS Currency?” [¿Una moneda de los BRICS?]; Federico Steinberg y Miguel Otero-Iglesias, “South America’s ‘Common Currency’ Is Actually about De-dollarization” [La “moneda común” de Sudamérica es en realidad la desdolarización], Centro de Estudios Estratégicos e Internacionales, 14 de febrero de 2023, https://www.csis.org/analysis/south-americas-common-currency-actually-about-de-dollarization.

31. Nogueira Batista, “A BRICS Currency?” [¿Una moneda de los BRICS?].

32. Steinberg and Otero-Iglesias, “South America’s ‘Common Currency’ Is Actually about De-dollarization” [La “moneda común” de Sudamérica es en realidad la “desdolarización”].

33. Rickards, entrevista; Andy Schectman, “It Would Be ‘Really Foolish’ to Underestimate Gold-Backed BRICS Currency” [Sería “una auténtica insensatez” subestimar la divisa del BRICS respaldada por el oro], entrevista por Jesse Day, Commodity Culture, YouTube, 12 de julio de 2023, https://www.youtube.com/watch?v=gxy4IW8R5ho.

34. BIS Innovation Hub et al., “Project mBridge: Connecting Economies through CBDC” [Proyecto mBridge: Conectando economías con CBDC] (Banco de Pagos Internacionales, octubre 2022), https://www.bis.org/publ/othp59.pdf.

35. Dave Sissens, “Why the Increased Adoption of PvP Settlement Will Enhance Cross-Border Payments” [Por qué la creciente adopción de la liquidación PvP mejorará los pagos transfronterizos], Fintech Futures, 23 de enero de 2023, https://www.fintechfutures.com/2023/01/why-the-increased-adoption-of-pvp-settlement-will-enhance-cross-border-payments/.

36. Benn Steil, “The Real Cost of De-Dollarization” [El costo real de la desdolarización], Project Syndicate, 16 de agosto de 2023, https://www.project-syndicate.org/commentary/no-alternative-to-the-us-dollar-by-benn-steil-2023-08.

37. La Administración de Información Energética de EE.UU., “What Countries Are the Top Producers and Consumers of Oil?” [¿Qué países son los principales productores y consumidores de petróleo?], 2 de septiembre de 2023, https://www.eia.gov/tools/faqs/faq.php.

38. Xi Jinping, “Remarks by Chinese President Xi Jinping at the 15th BRICS Summit” [Discurso del Presidente chino Xi Jinping en la 15ª Cumbre de los BRICS], Xinhua News Agency, 23 de agosto de 2023, https://english.news.cn/20230823/54dbd48e5e4f40f7bc2f15a1a7a3ab59/c.html.

Vol.2 N° 1 | 17.05.2024

Wenhua Zongheng: Revista de pensamiento chino contemporáneo | VOL.2 N° 1

Los BRICS y la desdolarización: oportunidades y desafíos


Arte creado por Instituto Tricontinental de Investigación Social

Los BRICS y el desafío de la desdolarización

Paulo Nogueira Batista Jr.

Paulo Nogueira Batista Jr. es un economista brasileño, ex vicepresidente del Nuevo Banco de Desarrollo (2015-2017) y ex director ejecutivo para Brasil y otros países en el Fondo Monetario Internacional (2007-2015).

Correo electrónico: [email protected]

Los artículos recopilados en este número de Wenhua Zongheng (文化纵横) tienen como objetivo arrojar luces a temas de gran relevancia para la economía internacional. En particular, este número aborda la cuestión popular y ampliamente debatida de la desdolarización. ¿Es necesaria? ¿Es factible en la práctica y, de ser así, en qué plazo? ¿Cómo pueden o deben proceder los países interesados en la desdolarización? ¿Los BRICS, ya sea de manera conjunta o individual, pueden contribuir a este proceso? ¿Podría China ofrecer su moneda, el renminbi, como alternativa al dólar estadounidense?

Estas son algunas de las interrogantes que se discuten en los artículos de los profesores Gao Bai (高柏), Yu Yongding (余永定) y Ding Yifan (丁一凡). Personalmente, he abordado el tema de la desdolarización en tres ocasiones en el pasado reciente.[1] En esta nota preliminar, revisaré algunos aspectos del debate en curso, procurando evitar reiteraciones excesivas y al mismo tiempo abordar cuestiones planteadas en los trabajos de los académicos chinos.

Como es sabido, la desdolarización ha ganado relevancia desde 2022, cuando Estados Unidos y Europa decidieron bloquear gran parte de las reservas internacionales de Rusia en respuesta a la invasión de Ucrania, según describe Yu Yongding. Tradicionalmente, los funcionarios y expertos occidentales han instado a los países en desarrollo a adoptar políticas de “fomento de la confianza” y a respetar los derechos de propiedad. Sin embargo, en retrospectiva, resulta sorprendente que el congelamiento de los activos rusos y las amenazas de confiscación total sean medidas “destructivas de la confianza”, que afectan significativamente al dólar estadounidense y al euro. Estas acciones han alarmado a países como China, uno de los principales poseedores de bonos estadounidenses en dólares en sus reservas internacionales. Ante situaciones de conflicto con Estados Unidos y Occidente, muchos países han reconocido la necesidad de reducir su dependencia del dólar y del sistema financiero occidental. Esto ha impulsado esfuerzos en todo el mundo para utilizar monedas nacionales en transacciones internacionales, fortalecer sistemas de pago alternativos, confiar más en el renminbi chino e incluso considerar una nueva moneda de referencia de los BRICS. Esto evidencia un golpe autoinfligido por Estados Unidos y Europa. Los académicos chinos han contribuido significativamente al debate sobre estos desafíos en sus ponencias.

A pesar de la popularidad del tema de la desdolarización en diversos círculos y en los medios de comunicación, suele faltar una comprensión adecuada de su complejidad. Existe una expectativa generalizada de que los BRICS desarrollarán pronto una alternativa al dólar estadounidense. Pero, ¿sería esta una expectativa realista? Tal vez no.

La complejidad de este tema es doble: política y técnica. En el aspecto político, podemos identificar dos dificultades principales: a) la evidente resistencia de Estados Unidos a renunciar a lo que los franceses llamaron en los años sesenta el “privilegio exorbitante” de que su moneda nacional, emitida y gestionada según los intereses nacionales de EE. UU., sirviera como la principal moneda mundial; y b) la dificultad real de unir verdaderamente a los países BRICS en este esfuerzo.

Permítanme abordar estas dos grandes dificultades, basándome en parte en mi experiencia práctica como director del Fondo Monetario Internacional (FMI), delegado brasileño en el proceso BRICS y, más tarde, vicepresidente del Nuevo Banco de Desarrollo (NBD).

Es importante tener en cuenta que Estados Unidos probablemente utilizará todos los medios a su disposición para resistir cualquier intento de desplazar al dólar de su posición central en el sistema monetario internacional. Esta ha sido su práctica histórica, desde las negociaciones financieras y monetarias al final de la Segunda Guerra Mundial. Las propuestas de Keynes para una moneda internacional fueron rechazadas rotundamente por los funcionarios estadounidenses. Posteriormente, Estados Unidos mediante su poder de veto bloqueó los intentos en el FMI de elevar los Derechos Especiales de Giro (DEG) a una moneda con estatus internacional, lo que resultó en que los DEG siguieran siendo de importancia secundaria, principalmente dentro del FMI. Estados Unidos mira con profunda desconfianza los debates emergentes sobre la desdolarización entre los países BRICS y es probable que intervenga para bloquear iniciativas y fomentar divisiones entre ellos. Por ejemplo, uno podría preguntarse ¿serán India y Sudáfrica capaces de resistir las presiones de Estados Unidos en este tema? Aunque Brasil, mi país, actualmente sigue una política exterior independiente bajo la presidencia de Lula da Silva, un futuro gobierno podría mostrar reticencia en desafiar a Estados Unidos en un asunto tan crucial.

Esto nos lleva directamente a la segunda dimensión mencionada anteriormente. ¿Están los BRICS suficientemente cohesionados como agrupación para abordar este complejo reto? Basándome en mi experiencia práctica del proceso de los BRICS, advertiría que no debemos ser demasiado optimistas al responder a esta pregunta. Incluso cuando solo había cinco países alrededor de la mesa, la dificultad de llegar a un acuerdo sobre pasos concretos, especialmente en la creación y puesta en marcha del fondo monetario de los BRICS (el Acuerdo de Reservas Contingentes, CRA por sus siglas en inglés) y del banco de desarrollo (el NBD), era realmente sorprendente. En primer lugar, debido a las diferencias de perspectiva e intereses nacionales entre los cinco países. En segundo lugar, lamentablemente, por la falta de talento y competencia técnica de muchos de los funcionarios que representaban a los cinco países en estas negociaciones y en los mecanismos financieros resultantes.[2] Es una afirmación dura, lo reconozco, pero si nos tomamos en serio la cuestión de la desdolarización y las alternativas a la moneda estadounidense, debemos ser realistas y tener un mínimo de autocrítica.

La expansión de los BRICS, que comenzó en 2024, aumentará aún más los problemas de coordinación y las vulnerabilidades políticas. Con nueve o diez países miembros (dependiendo de si Arabia Saudita acepta unirse), se puede prever un desafío aún mayor para avanzar en cualquier asunto práctico. Muchos observadores, incluso algunos académicos bien informados, no suelen ser conscientes de estas dificultades. Algunos simplemente suman los productos internos brutos (PIB) y las poblaciones de los BRICS o BRICS+ y concluyen apresuradamente que el grupo se ha convertido en una gran fuerza mundial. Algunos países, como China y Rusia, parecen estar interesados en ampliar aún más el grupo. En la retórica periodística, se sugiere que el BRICS ampliado se convertirá en un foro para el Sur Global. Esto puede sonar prometedor, pero cabe preguntarse: ¿un aumento rápido y significativo en el número de miembros del grupo no convertirá al BRICS+ en algo similar a una “ONU del Sur”, posiblemente tan ineficaz como la propia ONU?

No obstante, no deberíamos ser tan negativos. La realidad es que el grupo BRICS incluye a países de gran importancia. Los cuatro miembros originales – Brasil, Rusia, India y China – están entre los gigantes mundiales. China, en particular, ha emergido como la mayor economía, en términos de PIB en paridad de poder adquisitivo, superando a Estados Unidos por un margen considerable. Los países BRICS comparten una larga historia de insatisfacción con la actual arquitectura monetaria y financiera internacional. Esta insatisfacción ha aumentado en las primeras décadas del siglo XXI, ya que la inestabilidad financiera, económica y política se ha agudizado considerablemente. Sin embargo, Occidente no muestra señales de realizar las adaptaciones y concesiones necesarias para acomodar a los BRICS y otras naciones con mercados emergentes. La disfuncionalidad del sistema monetario internacional basado en el dólar, que se originó en la década de 1960, se hace cada vez más evidente.

Por lo tanto, tenemos la responsabilidad de enfrentar estos desafíos. Si no podemos hacerlo como grupo, tal vez China asuma el liderazgo en la desdolarización. Sin embargo, como destaca Gao Bai, no está claro que China tenga los medios necesarios ni esté verdaderamente interesada en reemplazar al dólar estadounidense con su propia moneda. Para una economía que aún no ha madurado completamente en términos financieros y en otros aspectos, el “exorbitante privilegio” bien podría convertirse en una “exorbitante carga”. El profesor Gao ha planteado las preguntas pertinentes. ¿Estaría China dispuesta e interesada en hacer del renminbi una moneda completamente convertible? (Probablemente sea este un requisito para que pueda reemplazar al dólar estadounidense de manera significativa). ¿Estaría China dispuesta a aceptar la apreciación resultante del aumento de la demanda internacional de su moneda? ¿Qué efectos tendría la apreciación del renminbi sobre la competitividad de las exportaciones chinas y la cuenta corriente en la balanza de pagos? ¿No entraría en conflicto un gran aumento del papel de la divisa china con la estrategia del país, ya antigua y exitosa, de proteger cautelosamente su economía y sus sistemas financieros de las turbulencias internacionales? Y, por último, pero no por ello menos importante, ¿está China preparada para soportar el peso de la ira estadounidense contra cualquiera que se esfuerce seriamente por desplazar al dólar? Debido a estas y otras incertidumbres, es bastante difícil esperar que China lidere por sí sola el proceso de desdolarización.

Esto nos lleva de vuelta a los BRICS. Si el grupo puede superar los problemas de coordinación, las vulnerabilidades políticas y la falta de personal especializado, la carga política y técnica podría distribuirse entre los países miembros. De esta manera, se compartiría la responsabilidad entre varios países.

Rusia, en calidad de presidente de los BRICS en 2024, ya ha comenzado a trabajar en una revisión del sistema internacional y en posibles iniciativas del grupo en este ámbito. Se sabe poco sobre el progreso alcanzado por los BRICS bajo el liderazgo ruso este año. En cualquier caso, se espera que Rusia, que hasta ahora ha sido la principal afectada por el dominio del dólar estadounidense y el sistema financiero occidental, haga todo lo posible por promover la agenda. Brasil, que asumirá la presidencia del grupo en 2025, continuará, esperemos, donde lo dejó Rusia.

Notas del autor

1. Consulte Paulo Nogueira Batista Jr., The BRICS and the Financing Mechanisms They Created: Progress and Shortcomings [Los BRICS y los mecanismos de financiamiento que crearon: Avances y deficiencias] (Londres: Anthem Press, 2022); Paulo Nogueira Batista Jr., “¿Una moneda BRICS?” (ponencia, Seminario BRICS sobre Gobernanza y Foro de Intercambio Cultural 2023, Johannesburgo, Sudáfrica, 19 de agosto de 2023), https://www.nogueirabatista.com.br/wp-content/uploads/2023/09/Aug-2023-On-possible-BRICS-currency.pdf; Paulo Nogueira Batista Jr., “BRICS Financial and Monetary Initiatives – The New Development Bank, the Contingent Reserve Arrangement, and a Possible New Currency” [Iniciativas Financieras y Monetarias de los BRICS – El Nuevo Banco de Desarrollo, el Acuerdo de Reservas Contingentes y una Posible Nueva Moneda] (ponencia, 20ª Reunión Anual del Club de Debate Valdai, Sochi, Rusia, 2 de octubre de 2023), https://valdaiclub.com/a/highlights/brics-financial-and-monetary-initiatives/; Paulo Nogueira Batista Jr., “BRICS Financial Settlements” [Liquidaciones Financieras de los BRICS] (presentación, debate en formato remoto organizado por el Club de Debate Valdai, 18 de marzo de 2024), https://www.nogueirabatista.com.br/wp-content/uploads/2024/03/Mar-2024-BRICS-Financial-Settlements.pdf.

2. En mi libro The BRICS and the Financing Mechanisms They Created: Progress and Shortcomings [Los BRICS y los mecanismos de financiación que crearon: Avances y deficiencias] (2022), analicé con cierto detalle las negociaciones y los primeros cinco años de existencia del NBD y del CRA. Volví sobre el asunto en un breve artículo publicado en 2023, véase Nogueira Batista, “Iniciativas Financieras y Monetarias de los BRICS”, https://valdaiclub.com/a/highlights/brics-financial-and-monetary-initiatives/.

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Las nuevas formas de socialismo en el siglo XXI | 20.12.2023

Las nuevas formas de socialismo en el siglo XXI

Pan Shiwei

Pan Shiwei (潘世伟) es presidente honorario del Instituto de Marxismo Chino de la Academia de Ciencias Sociales de Shanghái. Su investigación se centra en el socialismo chino, la construcción del partido y el desarrollo político. Algunas de sus obras destacadas incluyen Un Estudio del Modelo Chino y Anuario de Investigación Socialista Mundial.

Las nuevas formas de socialismo en el siglo XXI” (新时代,新自觉——如何在当下重新思考社会主义) fue publicado originalmente en la edición N°3 de Wenhua Zongheng (文化纵横), en junio de 2023.

Después de tres décadas de expansión desde el final de la Guerra Fría, el capitalismo liberal se encuentra actualmente en medio de una crisis. El mundo está inmerso en una nebulosa de incertidumbre debido a los considerables desafíos que plantean la recesión económica, los conflictos geopolíticos, las fracturas sociales y las nuevas tecnologías disruptivas. En este contexto histórico crucial, es imperativo revitalizar el socialismo y continuar desarrollando teorías socialistas adaptadas a las nuevas condiciones del siglo XXI, abriendo camino hacia un futuro renovado para la humanidad.

La humanidad ha recorrido un extenso trayecto desde mediados del siglo XIX, cuando Marx y Engels llevaron a cabo la transformación fundamental del socialismo. De utopía pasó a convertirse en una ciencia, como lo sintetizaron de manera célebre en El Manifiesto Comunista. A lo largo de los últimos 175 años, generación tras generación de socialistas ha seguido los pasos de Marx y Engels. Se han dedicado de forma incansable a elevar el socialismo de un mero concepto ideológico a una lucha de clases, manifestada en organizaciones políticas, revoluciones sociales, gobiernos y diversas formas de civilización. El desarrollo histórico del socialismo puede ser categorizado en tres formas principales.

El socialismo clásico en los centros del capitalismo europeo

El surgimiento del movimiento socialista tuvo su origen en Europa, y no fue coincidencia que su transición de utopía a ciencia se llevara a cabo en esta región. Europa se benefició significativamente del desarrollo del capitalismo, consolidándose como la región más avanzada del mundo. Los países europeos lideraron este proceso, porque al ser pioneros en la Revolución Industrial, generaron una nueva y potente fuerza productiva.

A nivel interno, emergió una nueva clase dominante: la burguesía. Mediante diversas formas de revolución burguesa, esta clase tomó sucesivamente el control en varios países europeos, dando origen a estructuras sociales, políticas, de mercado y culturales, que incluyeron la formación del Estado-nación moderno. Los avances y transformaciones de la modernización capitalista temprana, finalmente marcaron el fin de la era medieval en Europa, que hasta entonces había sido un período algo oscuro.

Externamente, los países europeos que lideraron la modernización, marcaron el preludio de la posterior globalización secular centrada en Europa. Lo hicieron a través de la expansión colonial continua y de medios globales como guerras militares, la propagación religiosa y la agresión cultural. Es importante destacar que, durante este periodo, tanto el desarrollo interno como el desarrollo externo del capitalismo europeo estuvieron intrínsecamente entrelazados, condicionándose mutuamente. El desarrollo interno de la política, la economía, la cultura y la sociedad impulsó y dirigió la expansión externa, y, a su vez, la expansión externa apoyó y reforzó en gran medida el desarrollo interno.

Sin embargo, tras los deslumbrantes logros del capitalismo europeo, una nueva ideología socialista estaba gestándose silenciosamente y abriéndose camino. El desarrollo económico y político del capitalismo europeo creó las condiciones sociales para la aparición del marxismo. Por una parte, el crecimiento de la clase obrera y el auge del movimiento obrero en defensa de sus propios intereses, proporcionaron la base de clase, y por otra, el florecimiento de las ciencias sociales, la filosofía y la economía ofrecieron el entorno intelectual necesario. La conjunción de estos elementos culminó con la publicación del Manifiesto Comunista y el nacimiento del socialismo científico.

Los precursores del socialismo científico, como Marx, Engels y sus contemporáneos, no escatimaron reconocimientos ni elogios por los logros del desarrollo capitalista. Sin embargo, lo que los distinguía de la mayoría de sus coetáneos era su implacable crítica al capitalismo europeo y su firme convicción que el aparentemente próspero sistema capitalista estaba destinado a sucumbir ante su propio canto del cisne. Estos visionarios socialistas señalaron audazmente que, a pesar del desarrollo de las fuerzas productivas y la riqueza material asociada al capitalismo, así como los avances en política, sociedad y cultura, el sistema albergaba profundas contradicciones y deficiencias inherentes que el capitalismo podía aliviar, pero no eliminar. Por ende, el capitalismo no podía ser considerado como la forma definitiva de desarrollo social humano. Surgió en la historia y sería negado por la historia.

Durante este período, los socialistas creían que la capacidad de generar cambios y superar el capitalismo residía en la clase obrera y otras fuerzas sociales que enfrentaban la opresión. Desde su perspectiva, la clase obrera tenía un interés vital de llevar a cabo una revolución para desmantelar el antiguo orden y el sistema capitalista en decadencia, en lugar de someterse a una explotación y opresión continuas por parte de la burguesía. A través de luchas políticas y revoluciones sociales, las clases oprimidas derrocarían a la burguesía, se convertirían en la clase dominante y construirían un sistema más racional y humano en lugar del capitalismo. El paradigma ideal era el socialismo, que con el tiempo evolucionaría hacia una forma más avanzada de desarrollo: el comunismo. Aunque no podían delinearse los detalles precisos de esta futura sociedad ideal, estos pensadores sostenían que inevitablemente la clase obrera y sus partidos políticos progresarían hacia ella.

Y, lo que es aún más crucial, en el proceso de criticar el capitalismo y abogar por el socialismo, esta generación de pensadores socialistas condensó las leyes generales del desarrollo social humano y formuló una visión del mundo y una metodología cuyo núcleo era el materialismo histórico. Esto ha permitido a las generaciones posteriores desarrollar una comprensión más precisa del mundo y del movimiento de la historia humana.

La forma clásica de pensamiento socialista que se gestó en Europa durante este periodo estaba compuesta por tres elementos clave:

1. El socialismo emerge exclusivamente en aquellas sociedades donde el capitalismo ha alcanzado un desarrollo más avanzado. Las fuerzas productivas, las formas políticas y los recursos ideológicos necesarios para erigir el socialismo se generan dentro de las estructuras avanzadas del capitalismo.

2. El capitalismo, tarde o temprano, será inevitablemente superado y trascendido. Por prolongado que sea su dominio, el capitalismo eventualmente se convertirá en un capítulo transitorio en la historia de la humanidad. A pesar de que pueda introducir mejoras internas conforme evolucionan las circunstancias, no logrará la eternidad debido a sus inherentes contradicciones. Una vez cumplida su misión histórica, el capitalismo no podrá evitar ser relegado al pasado.

3. El final del capitalismo marca el comienzo del socialismo. Este último se edificará sobre las fuerzas productivas, la riqueza material, el desarrollo intelectual y la modernización ya creados por la humanidad. Es precisamente sobre esta base, acumulada bajo el sistema capitalista, que el socialismo busca resolver las tensiones y conflictos entre las fuerzas productivas y las relaciones de producción, superar las limitaciones de la propiedad privada de los medios de producción y abordar todas las contradicciones que emanan de este orden. Si bien es cierto que el socialismo es una crítica y una negación del capitalismo, más allá de esto aspira a alcanzar una nueva trascendencia y sublimación. Cuanto más se desarrolla el capitalismo, más prepara las condiciones materiales y de otro tipo para el socialismo. Del mismo modo, a medida que las fuerzas productivas del capitalismo se hacen más avanzadas, las relaciones de producción se hacen más complejas y la gobernanza estatal se hace más sofisticada, también se vuelve más desafiante lograr una mayor productividad, desarrollar fuerzas productivas más avanzadas, garantizar una auténtica equidad y construir una sociedad armoniosa. En otras palabras, la necesidad de construir una nueva sociedad socialista crece en paralelo al avance del capitalismo. La humanidad es capaz de construir esta sociedad mejor.

Los clásicos socialistas ofrecen una narrativa poderosa y llena de vitalidad. Iluminan el camino que la humanidad debe recorrer a través del laberinto del capitalismo e inspirando a las personas a comprometerse en la lucha histórica hacia el socialismo.

Formas transformadoras del socialismo en las colonias y semicolonias

A lo largo del siglo XX, el desarrollo del socialismo tomó un curso notablemente diferente a las expectativas del socialismo clásico. En lugar de seguir una progresión lineal, experimentó fluctuaciones, incluyendo la reversión de revoluciones exitosas y desarrollos socialistas en la Unión Soviética y Europa del Este.

El socialismo no surgió, como se esperaba, en los países capitalistas desarrollados de Europa. En cambio, nuevas áreas de crecimiento emergieron más allá de la visión de los escritores marxistas clásicos. El socialismo surgió fuera del ámbito del capitalismo global, en regiones económicamente subdesarrolladas, y no en los países con las fuerzas productivas más avanzadas. Se desarrolló en naciones no occidentales, y no fue a través de las luchas de clases urbanas tradicionales, sino de los movimientos de liberación nacional en colonias y semicolonias sometidas al imperialismo. Se redefinieron fundamentalmente el significado y la lógica esencial del socialismo. Los notables avances del socialismo en Rusia, China y otros lugares trascendieron el marxismo clásico, generando una forma distintiva de socialismo transformador.

Desde la perspectiva del pensamiento socialista, una característica esencial del capitalismo radica en su expansión global. La invasión y el saqueo de extensas regiones no occidentales resultan imperativos para sostener la prosperidad y el bienestar de los centros capitalistas en Europa. El desarrollo de las naciones ricas se erige sobre el subdesarrollo de las naciones empobrecidas. Así, el capitalismo no solo genera desigualdades internas, sino también externas. Aunque los escritores marxistas clásicos reconocieron el impacto destructivo de la expansión colonial capitalista en el vasto mundo no occidental, diversas condiciones históricas objetivas limitaron el desarrollo de una comprensión sistemática y detallada de este fenómeno.

Fue en la época de Lenin y de otros teóricos marxistas posteriores cuando las luchas de liberación nacional de las colonias y semicolonias contra la agresión capitalista e imperialista recibieron una mayor atención. Reflejando este mayor énfasis, la clásica consigna “¡obreros del mundo, únanse!” se amplió a “¡obreros del mundo y pueblos oprimidos, únanse!”. Aunque en aquel momento la teoría y la práctica socialistas seguían enfocadas en los países capitalistas centrales, la influencia del movimiento socialista europeo en las vastas colonias y semicolonias continuó creciendo. Las críticas socialistas al capitalismo, el ideal y la búsqueda de una sociedad futura mejor, así como el valor y la determinación de la clase obrera y sus partidos para derrocar al viejo mundo, fueron fuentes significativas de inspiración en el mundo colonizado.

El socialismo demostró que era posible para los oprimidos tomar nuevas decisiones y construir nuevas sociedades, convirtiéndose en un recurso intelectual fundamental para estos países en su resistencia contra la agresión y la conquista capitalistas.

En las colonias y semicolonias, se gestó una nueva forma transformadora de socialismo. El desarrollo del socialismo en China ejemplifica numerosos cambios significativos entre las formas clásica y transformadora. Esta innovadora modalidad emergió de la intersección e integración entre la lógica del desarrollo socialista y la lógica propia del progreso en China.

China había permanecido aislada en Oriente durante milenios. La apertura del país fue forzada mediante la guerra de potencias occidentales superiores en términos económicos, militares, tecnológicos y de gobernanza. Este conflicto no solo representó una expedición occidental contra una antigua nación oriental, sino también un impacto destructivo del sistema capitalista emergente contra un orden feudal decadente. La humillación de China, el sufrimiento de su población y el desprestigio de la civilización china impulsaron la resistencia nacional. Aquellos que buscaban la liberación y el renacimiento nacional anhelaban con urgencia nuevas fuentes de inspiración intelectual. Ante el estancamiento intelectual interno, muchos intelectuales chinos volvieron sus ojos hacia el exterior, especialmente hacia los países occidentales altamente desarrollados. En China, se introdujeron diversas ideas occidentales, entre ellas el socialismo y el marxismo. Sin embargo, el socialismo resonó de manera particular entre el pueblo chino.

El encuentro y la integración del socialismo en China fueron resultado de condiciones políticas, temporales y espaciales específicas. Concretamente, tres factores llevaron al pueblo chino a abrazar el socialismo.

1. Las regiones periféricas del mundo, incluida China, se resistían intrínsecamente a la agresión de los países capitalistas occidentales. Como una civilización antigua con una historia rica y propia, China rechazaba la noción de que necesitaba ser descubierta, iluminada o civilizada por las potencias occidentales. Después de sufrir invasiones y saqueos por parte de los países capitalistas occidentales en los siglos XIX y XX, China se inclinó más hacia el socialismo.

2. El socialismo se asociaba con los intereses de los oprimidos, específicamente la clase obrera de los países capitalistas que resistía la dominación burguesa, así como las colonias y semicolonias que se oponían a ser conquistadas por los países capitalistas. Al ser una nación oprimida, el pueblo chino se inclinaba naturalmente a identificarse con otros pueblos oprimidos, lo que lo llevó a sentir atracción por el socialismo.

3. El socialismo evidenciaba los pecados inherentes y la decadencia del capitalismo. A medida que el pueblo chino profundizaba en su comprensión del capitalismo occidental, se volvía cada vez más evidente el lado oscuro oculto tras su fachada glamorosa. Ésta incluía los males de la trata de esclavos, la competencia mundial por las colonias, la difícil situación de los grupos empobrecidos dentro de los países capitalistas y, especialmente, la sangrienta matanza entre los países imperialistas durante la Primera Guerra Mundial. El socialismo representaba la posibilidad de construir una sociedad ideal.

No obstante, en muchas colonias y semicolonias de todo el mundo, más allá de China, las ideas socialistas fueron conocidas pero no integradas de manera similar. Entonces, ¿cómo se explica que el socialismo arraigara en China? La entrada del socialismo en China y la elección de esta ideología por parte del pueblo chino no hicieron más que demostrar la potencialidad del movimiento histórico. Sin duda, para que este potencial se transformara en realidad y arrojara resultados fructíferos, se necesitaron otras condiciones cruciales. Estas condiciones incluían la presencia de una organización de vanguardia ejemplar, una generación de jóvenes dispuestos a sacrificarlo todo, intelectuales empáticos con las masas trabajadoras y líderes que poseían un profundo conocimiento tanto de las condiciones nacionales de China como de la esencia del marxismo. En el siglo XX, todas estas condiciones se cumplieron en China. Por lo tanto, el socialismo pudo enraizar y florecer en suelo chino.

La introducción del socialismo en China cambió la naturaleza de la transformación social en el país. En el esquema del capitalismo mundial, China estaba situada en la periferia, subordinada al núcleo capitalista y sometida a la dominación extranjera. El desarrollo de China y la superación de su estatus semifeudal y semicolonial no eran relevantes para los países capitalistas centrales. Por eso, intentaron definir cualquier transformación social dentro de China y asegurarse de que fuera llevada a cabo por agentes políticos que la dirigieran hacia la homogeneización capitalista y los intereses del núcleo. Este proyecto llegó a su fin con la llegada del socialismo a China, cuando surgió una visión diferente de la transformación social. El Partido Comunista de China (PCCh) reemplazó a los partidos políticos burgueses del país y se convirtió en el líder de la transformación social del país. En este proceso, la clase obrera, junto con el campesinado y otras clases, derrocó a la burguesía y se convirtió en la fuerza motriz de la transformación social de China. El proyecto de transformación social fue rediseñado radicalmente y ahora buscaba los siguientes objetivos: oposición a la agresión, opresión y explotación del capitalismo extranjero en China; oposición al respaldo del capitalismo extranjero a las fuerzas reaccionarias del país; fin del dominio del feudalismo, el capitalismo burocrático y el imperialismo en China; y logro de la liberación e independencia nacionales. El socialismo presentó una visión revolucionaria para China que anulaba por completo el contenido y los métodos propuestos por la burguesía.

La visión socialista de la transformación social también influyó en la forma en que China abordó la construcción de un Estado moderno. Después de la fundación de la República Popular China en 1949, el nuevo Estado no optó por seguir una vía de desarrollo capitalista, sino que persiguió una transición directa hacia el socialismo. En consecuencia, todo el proceso de construcción del Estado siguió este principio, dando forma a la creación de los sistemas políticos, económicos y sociales fundamentales de China. Además, el Estado y sus instituciones se diseñaron teniendo en cuenta las condiciones específicas de China y con el objetivo de asegurar que el pueblo chino fuera el dueño del país. Entre sus características principales se encontraban el liderazgo del PCCh, el sistema de congresos populares que abarcaba desde el nivel local y de aldea hasta el nivel nacional, el sistema de cooperación multipartidista y consulta política, el sistema de autonomía regional étnica y el sistema de gobernanza participativa a nivel comunitario. De este modo, China pudo construir un Estado moderno y lograr la estabilidad política a largo plazo.

Por último, el socialismo reajustó el enfoque chino de la modernización. A medida que la humanidad transitó de sociedades agrícolas a industriales, los países europeos lideraron el proceso inicial de modernización gracias a la ventaja de la revolución industrial. Durante su expansión, impusieron formas incompletas y subordinadas de modernización capitalista a muchos países en desarrollo, incluida China. Este proceso no fue fluido. Se caracterizó por retrocesos, estancamientos y fracasos. Tras la revolución, la República Popular China siguió una vía soberana y no capitalista hacia la modernización. El Partido Comunista de China movilizó y organizó eficazmente a cientos de millones de chinos para promover enérgicamente la industrialización del país, esforzándose por crear los cimientos materiales del socialismo. Este proceso tuvo lugar en un entorno internacional hostil y experimentó una serie de giros durante las primeras décadas tras la revolución. A finales de los años setenta, se abrió un nuevo camino para la modernización de China: la economía socialista de mercado, la participación activa en la economía mundial y la búsqueda de la prosperidad común. Tras el inicio de la reforma y la apertura, China logró un milagro de rápido desarrollo económico a largo plazo, dando grandes pasos en la industrialización, urbanización, avance tecnológico, desarrollo de la economía de mercado y búsqueda de intercambios internacionales. Estos esfuerzos han situado a China en la vanguardia de la modernización mundial.

Los párrafos anteriores proporcionan un resumen general de cómo han surgido nuevas formas de socialismo y desarrollo socialista, haciendo especial referencia al caso de China. La aparición de una forma transformadora de socialismo en China no constituye un proceso común en el desarrollo socialista, aunque pueda tener implicaciones significativas para otros países. En cambio, el surgimiento y expansión de esta nueva modalidad ilustra de manera vívida la diversidad inherente al desarrollo del socialismo.

Construyendo un nuevo modelo de socialismo que pueda superar al capitalismo a través del desarrollo personal

En la segunda mitad del siglo XIX, el socialismo se originó en Europa, adoptando una forma inicial anclada en el desarrollo avanzado del capitalismo. Esta forma original persiste y evoluciona gradualmente. Se manifiesta principalmente en críticas ideológicas y culturales al capitalismo, así como en movimientos sociales y políticos que buscan defender los intereses de las clases oprimidas. Sin embargo, esta variante de socialismo aún enfrenta un camino considerable antes de consolidarse como una fuerza dominante capaz de reemplazar al capitalismo. Este desafío se atribuye, entre otras razones, a las divisiones y variaciones internas en el propio movimiento socialista, así como a la resistencia y adaptabilidad extraordinarias del capitalismo. Fundamentalmente, el socialismo no ha florecido en los países capitalistas desarrollados como lo ha hecho en los países en desarrollo, principalmente debido a la falta de partidos de vanguardia en los primeros, lo que ha permitido que el capitalismo opere con normalidad.

En el siglo XX, el movimiento socialista encontró nuevas oportunidades de desarrollo en regiones no capitalistas del mundo. Países en desarrollo, como China, optaron por no seguir el camino trazado por las naciones capitalistas centrales, rompiendo sus lazos con el capitalismo y convirtiéndose en nuevas áreas de crecimiento para el socialismo. Estos países, enfrentados a sociedades precapitalistas o semicapitalistas y ubicados en posiciones históricas de atraso relativo en términos de desarrollo económico, político, cultural y social, se encontraron ante desafíos a los que las teorías clásicas sobre la transición directa del capitalismo al socialismo no podían ofrecer respuestas adecuadas. Afortunadamente, demostraron una iniciativa y creatividad históricas sin precedentes al llevar a cabo revoluciones de orientación socialista, construcciones nacionales de orientación socialista y modernizaciones de orientación socialista. Como resultado, en los países en desarrollo surgieron teorías y prácticas completamente diferentes de construcción socialista, junto con nuevas formas de desarrollo socialista.

¿Cómo evolucionará y avanzará el socialismo en el siglo XXI? Esta es una pregunta que inquieta a pensadores y profesionales del socialismo por igual. Sin duda, las formas mencionadas de desarrollo socialista y modernización tardía siguen siendo cruciales en los países en desarrollo y en las regiones no capitalistas. Al mismo tiempo, a medida que el socialismo continúa su desarrollo en China, está emergiendo otra forma novedosa. Una vez lograda la modernización socialista, las fuerzas productivas sociales de China, su potencia tecnológica, su fuerza nacional y sus logros en otros aspectos del desarrollo están demostrando la viabilidad de que el socialismo supere al capitalismo, así como la superioridad y el potencial inherentes al socialismo. Para consolidar esta nueva modalidad de socialismo, China debe avanzar más allá de su actual nivel de desarrollo hacia una etapa superior.

Esta nueva forma no puede limitarse a ser una mera extensión de la forma transformadora actual del socialismo. Debe ser significativamente más avanzada. En cierto sentido, esta nueva modalidad supone un retorno al marxismo clásico, ya que debe abordar la cuestión de cómo superar el capitalismo en los países centrales (aunque desde una perspectiva externa). La nueva modalidad aspira a vencer al capitalismo mediante la superación del propio socialismo.

Desde una perspectiva objetiva, esta nueva modalidad está en sus primeras etapas de surgimiento. Actualmente, no tenemos la capacidad de comprender completamente su dirección general y las leyes inherentes que la rigen. Por el momento, solo podemos ofrecer un bosquejo de sus contornos fundamentales. Para fortalecer esta nueva modalidad de socialismo en China, resultan fundamentales las siguientes áreas de desarrollo.

1. Profundizar en una comprensión teórica integral del socialismo y fomentar las capacidades correspondientes para alcanzar un nivel más avanzado de desarrollo. El Partido Comunista de China, liderando el progreso del socialismo en el país, debe comprometerse en una reflexión profunda, una planificación exhaustiva y la formulación de estrategias a largo plazo, adaptándose al mismo tiempo a las circunstancias cambiantes. Resulta crucial que el Partido establezca esta base y la utilice como plataforma para continuar aprendiendo, unificar su pensamiento y establecer un proceso de crecimiento constante. En particular, es esencial que el Partido desarrolle una comprensión integral del estado de desarrollo del país, identifique los obstáculos, evalúe las condiciones propicias y adversas, así como los mecanismos operativos, y adquiera un entendimiento de las experiencias prácticas del capitalismo en Estados Unidos y Europa.

2. Consolidar el desarrollo integral. El progreso de China no se presenta uniforme en todos los sectores, ya que el desarrollo económico, político, cultural, social y ecológico muestra disparidades en términos de avances, prioridades y desequilibrios. Se requiere fomentar un desarrollo armonioso e integrado en estos cinco ámbitos.

3. Impulsar el desarrollo de alta calidad de la productividad y fortalecer la base material. A pesar de los notables avances que ha experimentado China para alcanzar y, en algunos aspectos, superar el desarrollo económico de las principales naciones capitalistas, el país aún enfrenta desafíos considerables en términos de desarrollo adicional de la productividad, eficiencia productiva, tecnología avanzada y riqueza material. Sin lograr estos objetivos, las ventajas inherentes al socialismo no podrán manifestarse plenamente.

4. Fortalecer la madurez institucional y las ventajas distintivas en la gobernanza. Sobre la base de la consolidación de las ventajas institucionales y de gobernanza ya existentes, es imperativo emprender acciones concretas para acelerar este proceso. Solo así China podrá desarrollar una fortaleza institucional equiparable a la de las instituciones del capitalismo occidental, que han estado arraigadas durante siglos.

5. Reforzar las ventajas inherentes al socialismo. En comparación con el capitalismo, el socialismo presenta numerosas ventajas únicas, tales como otorgar al pueblo la propiedad del país; el enfoque centrado en la población del partido gobernante, que se abstiene de guiarse por privilegios personales o intereses particulares; la búsqueda decidida de la prosperidad común para evitar la desigualdad extrema de la riqueza; los esfuerzos concertados para preservar la naturaleza progresista, la integridad y el sólido liderazgo del Partido; y la importancia dada a la armonía social y la prevención de conflictos o enfrentamientos fundamentales entre la población. Estas ventajas deben ser valoradas y cultivadas de manera cuidadosa, al mismo tiempo que se establece un nuevo sistema para unir y movilizar recursos en todo el país ante desafíos significativos.

6. Fortalecer el poder cultural e intelectual. La civilización china, con sus características distintivas en lengua, cultura y pensamiento, desempeña un papel crucial en la construcción de una nación y un Estado civilizados en China. La integración del marxismo y el surgimiento de una nueva forma de socialismo en China se deben en gran parte a su armonía con la rica cultura arraigada en la sociedad y la vida cotidiana. Es imperativo canalizar creativamente los valiosos recursos culturales de China hacia una fuerza cultural e intelectual más proactiva. Asimismo, China debería fomentar la colaboración con otras culturas para destacar el valor de la diversidad humana.

7. Resaltar las ventajas comparativas del desarrollo socialista a nivel mundial. El desarrollo de China ha generado ventajas comparativas globales en diversos campos, incluso en comparación con los países capitalistas desarrollados. La modernización de un país con 1.400 millones de habitantes ha superado en escala y alcance a la de los países capitalistas desarrollados juntos. La velocidad, los costos sociales más bajos, la mayor inclusión y un enfoque más pacífico han caracterizado la modernización china, convirtiéndola en el mayor experimento de su tipo en la historia. China lidera áreas cruciales como las energías renovables, la protección ecológica, el alivio de la pobreza y el desarrollo tecnológico, con logros notables equiparables a los de las naciones capitalistas desarrolladas. A través de la Iniciativa de la Franja y la Ruta, China ha emprendido un ambicioso proyecto de desarrollo cooperativo con los países del Sur Global, fomentando sus propias aspiraciones de modernización. Para abordar los desafíos globales, China ha propuesto construir una “comunidad con un futuro compartido para la humanidad” y ha presentado diversas iniciativas para impulsar la paz y el desarrollo mundiales. China acoge con satisfacción la cooperación, la competencia y diversas formas de modernización y desarrollo en todo el mundo. Ante los intentos hostiles de ciertos países de contener su desarrollo, China responderá con astucia y capacidad suficientes.

A medida que avanzamos en la tercera década del siglo XXI, las ruedas del progreso giran a toda velocidad, y la aparición de nuevas formas de socialismo entusiasma a todos los pensadores y profesionales del socialismo. Con más de un siglo de desarrollo socialista, parece que hemos regresado, en cierta medida, a la época de Marx y Engels, quienes reflexionaban sobre cómo el socialismo podría superar al capitalismo y convertirse en su sepulturero. Hoy, presenciamos que el socialismo no solo puede hacer lo que se atribuye al capitalismo, sino que también logra éxitos que el capitalismo no puede alcanzar. El socialismo en China se fortalece continuamente, esforzándose por superar ampliamente incluso las formas más avanzadas del capitalismo contemporáneo, según la visión de Marx y Engels, para construir una sociedad mejor para la humanidad. En este contexto, ante la emergencia de una nueva forma de socialismo, es imperativo que desarrollemos un nuevo sentido de conciencia.

La tercera ola del socialismo | 20.12.2023


La tercera ola del socialismo

Yang Ping

Yang Ping (杨平) es un destacado académico y editor de la comunidad ideológica y cultural contemporánea de China. En 1993 fundó Estrategia y Gestión (战略与管理), una importante revista que buscaba contrarrestar la influencia del liberalismo en la ideología y la cultura chinas. En 2008, fundó Wenhua Zongheng (文化纵横), una revista que se centra en la construcción del sistema de valores fundamentales de la sociedad china al tiempo que defiende consistentemente la bandera del socialismo. En los últimos quince años, la revista se ha convertido en una de las plataformas de pensamiento más importantes de China.

La tercera ola del socialismo” (社会主义的第三次浪潮) fue publicado originalmente en la edición N°3 de Wenhua Zongheng (文化纵横), en junio de 2021.

El capitalismo enfrenta una profunda crisis

La crisis financiera del 2008 y la pandemia mundial del COVID-19 han evidenciado una profunda crisis en el sistema capitalista. La economía global ha experimentado un prolongado proceso de estancamiento y declive, acompañado de un desempleo generalizado, marcadas disparidades de riqueza, excesivo endeudamiento y burbujas de activos. Esto agravado por una significativa pérdida de vidas humanas. La actual crisis del capitalismo mundial se configura como la más extensa y grave desde la Gran Depresión (1929-1933).

En este contexto, los límites del capitalismo, ya sean de mercado, tecnológicos o ecológicos, se han vuelto cada vez más evidentes. En primer lugar, la escasez de nuevos mercados y fuentes de beneficios han debilitado la fuerza impulsora de la acumulación de capital. En segundo lugar, a pesar de la continua innovación tecnológica, sus beneficios se concentran en manos de unos pocos, dejando a la mayoría marginada en el actual sistema capitalista. En tercer lugar, la capacidad ambiental de los ecosistemas de la Tierra ha alcanzado sus límites, siendo incapaces de soportar las presiones impuestas por los modos de producción y el estilo de vida capitalista.

Los métodos tradicionales para abordar las crisis capitalistas han demostrado ser ineficaces en la presente situación. Tras casi cuatro décadas de neoliberalismo, los gobiernos capitalistas enfrentan una crisis del gasto público. La búsqueda de reformas económicas estructurales para estimular el capital privado choca con la necesidad de mantener niveles mínimos de bienestar social. Las políticas de flexibilización cuantitativa han generado burbujas de activos y espirales de deuda, exacerbando las graves disparidades de riqueza ya existentes.

En este escenario de crisis, resurgen elementos característicos del panorama capitalista previo a las guerras mundiales: el crecimiento del populismo, el militarismo y el fascismo; la intensificación de divisiones sociales internas; el aumento de hostilidad y competencia de suma-cero entre naciones; y tendencias hacia la desglobalización y la formación de bloques políticos. Con el aumento de las tensiones internacionales, también se incrementa la posibilidad de una nueva guerra mundial.

Históricamente, las crisis han desencadenado guerras y las guerras han provocado revoluciones. Este tema recurrente en la historia del sistema capitalista plantea la pregunta: ¿en la tercera década del siglo XXI, en medio de esta crisis, el capitalismo llevará a cabo reformas profundas y superará la crisis, o estamos ante el “momento Chernóbil” del capitalismo, que señala su desaparición definitiva?

Una vez más, la historia se encuentra en un momento crítico.

Las 3 olas del socialismo

Tanto como crítica y como movimiento contra el capitalismo, el socialismo ha coexistido de manera constante con este sistema, siendo un poderoso contrapeso y buscando continuamente vías alternativas para superar y reemplazar al capitalismo. Desde el surgimiento de la Primera Internacional (1864-1876), el movimiento socialista mundial ha experimentado tres grandes olas.

La primera tuvo lugar en la Europa del siglo XIX, cuando el movimiento obrero europeo evolucionó gradualmente de un estado de existencia a un estado de autoconciencia. Durante este período, surgieron características fundamentales como el nacimiento del marxismo, la creación de organizaciones internacionales de trabajadores y los primeros intentos de llevar a cabo una revolución socialista, como la Comuna de París en 1871. Esta primera ola de socialismo impulsó el despertar político de la toma de conciencia de la clase obrera, dando origen a partidos políticos obreros en diversos países. Sin embargo, en esta fase no se materializó una forma de Estado socialista.

La segunda ola se inició al concluir la Primera Guerra Mundial, marcada por la Revolución de Octubre de 1917, y que perduró hasta la disolución de la Unión Soviética y los Estados comunistas de Europa del Este entre 1989 y 1991. Durante este período surgieron numerosos Estados socialistas en todo el mundo. Primero en la Unión Soviética y Europa del Este, y después, tras el fin de la Segunda Guerra Mundial, en lugares como China, Cuba, Corea, Vietnam, entre otros. Estos países conformaron un sistema o bloque socialista global. Además del sistema estatal, durante la Guerra Fría, una parte considerable del movimiento socialista internacional se centró en los movimientos de liberación nacional en Asia, África y América Latina, muchos de los cuales adoptaron la ideología socialista o fueron significativamente influenciados por el socialismo. Las dos características principales de esta segunda ola del socialismo fueron el surgimiento de la forma de Estado socialista con propiedad pública y planificación económica generalizada, y los movimientos de liberación nacional.

Después del final de la Guerra Fría, el socialismo enfrentó contratiempos significativos a nivel mundial. No obstante, a pesar de estos desafíos, surgió una tercera ola. Esta empezó a tomar forma después que China inició su reforma y apertura a finales de los años 70. Logró resistir las difíciles pruebas que siguieron a la disolución de la Unión Soviética y de los Estados comunistas de Europa del Este. Mientras el socialismo experimentaba retrocesos en todo el mundo, China mantuvo su compromiso con el socialismo, continuando con su proceso de reforma y apertura y explorando gradualmente una vía conocida como “socialismo con características chinas”. La principal particularidad de este modelo ha sido la integración de una economía de mercado en el sistema socialista, dando forma progresivamente a una economía socialista de mercado. Apenas tres décadas después del fin de la Guerra Fría, el socialismo con características chinas ha experimentado un rápido ascenso, convirtiéndose en una fuerza crucial que está reconfigurando el orden mundial y el futuro de la humanidad. Aunque esta ola de socialismo aún está en su primera fase, ya ha causado un impacto significativo y captado la atención mundial al ofrecer nuevas opciones a los países que buscan un desarrollo independiente. Esto plantea un fuerte desafío a aquellos que afirmaban que el capitalismo marcaba el “fin de la historia”.

Limitaciones de la segunda ola del socialismo

Antes de adentrarnos en la evaluación de la realidad actual y las perspectivas futuras de la tercera ola del socialismo, es imperativo revisar la segunda ola del socialismo y comprender las razones que provocaron su retroceso.

Con la Revolución de Octubre en 1917 y la Revolución China en 1949, el socialismo dejó una profunda huella en todo el mundo. No sólo formó un bloque de Estados que representaban una amenaza significativa para el capitalismo. También inspiró una oleada de movimientos de liberación nacional en el extenso Tercer Mundo de Asia, África y América Latina. En las décadas posteriores a la Segunda Guerra Mundial, el sistema capitalista mundial se encontraba en una situación precaria mientrasque el socialismo se expandía globalmente. Los países socialistas implementaron extensas economías planificadas al estilo soviético y sistemas de propiedad pública, alcanzando las primeras etapas de industrialización y construyendo sistemas económicos nacionales y socialistas.

No obstante, la economía planificada al estilo soviético y el modelo de propiedad pública pura presentaban diversas limitaciones fundamentales. En primer lugar, el sistema económico planificado era incapaz de asignar eficaz y flexiblemente los recursos sociales y económicos, dando lugar a un sistema económico nacional rígido y distorsionado que no respondía adecuadamente a los indicadores de la economía real. En segundo lugar, el modelo de propiedad pública pura y distribución igualitaria carecía de mecanismos suficientes para incentivar el trabajo a nivel micro e intermedio, generando una falta de competencia constructiva y presión entre empresas y trabajadores, lo que se traducía generalmente en una baja eficiencia económica. En tercer lugar, las restricciones y la eliminación de las economías privadas y mercantil violaron la ley del valor y sobrepasaron la fase de desarrollo de las fuerzas productivas sociales. Esto condujo a un fracaso sistémico de largo plazo para satisfacer las complejas necesidades económicas y sociales y lograr mejoras significativas en la calidad de vida de la población. Por último, con el tiempo, la planificación y gestión económica de estilo soviético propiciaron el desarrollo de un sistema cada vez más cerrado y encapsulado, caracterizado por el burocratismo y el dogmatismo, y una falta de sensibilidad y capacidad de respuesta al progreso tecnológico y a la innovación organizativa.

Aunque los significativos retrocesos experimentados por la segunda ola del socialismo en las décadas de 1980 y 1990 pueden atribuirse en gran parte a factores externos como la fortaleza del sistema mundial capitalista y la fragmentación del campo socialista, los determinantes fundamentales fueron los inadecuados sistemas de funcionamiento económico y social y los mecanismos institucionales internos de los países socialistas. La insostenibilidad de estos sistemas internos impulsó los drásticos cambios en la Unión Soviética, así como el giro de China hacia la reforma y la apertura.

El socialismo con características chinas y la tercera ola del socialismo

Con el continuo avance de la reforma y apertura, el socialismo con características chinas ha evolucionado como una vía de desarrollo que se distingue tanto del socialismo tradicional de estilo soviético como del capitalismo clásico de libre mercado. Las teorías y prácticas de desarrollo de China están emergiendo con confianza en la escena mundial. Aunque el socialismo con características chinas no es un modelo estático, y sus prácticas son sometidas a una continua experimentación, tras más de cuatro décadas de exploración se pueden identificar seis características principales.

En primer lugar, se ha dado prioridad al desarrollo de las fuerzas productivas. El socialismo con características chinas se atreve a aprender de las formas económicas razonables del capitalismo, permitiendo el desarrollo de la economía privada para impulsar el rápido progreso de las fuerzas productivas avanzadas. Al mismo tiempo, el desarrollo de la economía estatal se ha planificado estratégicamente en sectores clave, estableciendo una relación complementaria con la economía privada y creando una estructura de propiedad mixta.

En segundo lugar, China ha fomentado la estrecha integración de su base económica socialista y sus relaciones de producción con la economía de mercado, estableciendo gradualmente un sistema económico de mercado socialista.

En tercer lugar, al abrirse e integrarse en el sistema capitalista mundial, China ha mantenido un enfoque constante en la soberanía nacional, asegurando la continuidad de la naturaleza socialista del Partido Comunista de China (PCCh) y manteniéndose alerta ante el riesgo de desviarse hacia el capitalismo por las exigencias del desarrollo de una economía de mercado.

En cuarto lugar, China ha abordado las problemáticas relacionadas con la justicia social y la desigualdad a través de su enfoque hacia el desarrollo. Aunque el progreso económico puede generar un aumento de la riqueza, también podría intensificar las disparidades sociales por diversas razones. El socialismo con características chinas sostiene que sólo mediante un desarrollo más amplio se puede generar riqueza social y proporcionar la base material necesaria para superar estas divisiones y desigualdades. En este contexto, el desarrollo se ha consolidado como el medio principal para enfrentar los desafíos de la justicia social, mientras que otras estrategias han desempeñado roles secundarios. Este enfoque ha exigido medidas dinámicas y proactivas, en contraste con planteamientos rígidos y unidimensionales.

En quinto lugar, el Estado ha implementado diversas medidas para contrarrestar la desigualdad de la riqueza dentro del marco de la economía socialista de mercado. Se han llevado a cabo extensas campañas de reducción de la pobreza, con el objetivo de integrar a los grupos marginados en la economía de mercado y facilitar su salida de la pobreza, a través de iniciativas específicas. Asimismo, la estrategia de “ayuda mutua” establece conexiones entre áreas desarrolladas, entidades públicas, empresas y otros actores con regiones menos favorecidas, con el propósito de transferir recursos y proporcionar asistencia a las zonas subdesarrolladas. Por otro lado, para abordar las disparidades regionales, los pagos de transferencia desde las regiones orientales más avanzadas hacia las áreas centrales y occidentales menos desarrolladas han contribuido a compensar las deficiencias en los ingresos fiscales y la capacidad de gasto. Estas medidas resultan difíciles de concebir y mucho menos de aplicar en naciones capitalistas, donde la propiedad privada es considerada sagrada y los procesos electorales tienden a defender únicamente los intereses arraigados de la clase dominante.

En sexto lugar, el Partido Comunista de China se mantiene independiente de los estrechos intereses de ciertos sectores de la sociedad. Para preservar esta posición, el PCCh debe permanecer libre de la infiltración y el control del capital, superando las influencias del populismo y el igualitarismo rígido, y manteniendo un equilibrio dinámico entre la vitalidad económica y la equidad social.

La relación entre el socialismo y la economía de mercado

La historia ha demostrado que es imposible eliminar artificialmente la economía de mercado bajo el socialismo, como evidencian las limitaciones y el fracaso final del socialismo tradicional de estilo soviético.

La economía de mercado es una forma económica antigua y su ley de oferta y demanda regula espontáneamente el comportamiento económico humano. Puede combinarse con el feudalismo, el capitalismo y el socialismo. El grado de combinación depende del excedente de productos sociales. Como afirmó Deng Xiaoping (邓小平): “No hay contradicción fundamental entre el socialismo y la economía de mercado. La cuestión es cómo desarrollar más eficazmente las fuerzas productivas”.[1] Asimismo, afirmó: “Una economía planificada no es equivalente al socialismo porque también hay planificación en el capitalismo; una economía de mercado no es capitalismo porque también hay mercados en el socialismo. Tanto la planificación como las fuerzas del mercado son medios de control de la actividad económica”.[2]

En el desarrollo de una economía de mercado moderna, el capital emerge como el actor principal al poseer una naturaleza dual. Por un lado, actúa como la fuerza más eficiente para la asignación de recursos en la economía de mercado y por otro, puede manipular y monopolizar el mercado. Fernand Braudel, un destacado historiador francés y principal estudioso de la Escuela Historiográfica de los Annales, afirmaba que la economía de mercado no puede ser equiparada directamente al capitalismo. Según Braudel, la economía de mercado “es más bien un fragmento dentro de un vasto conjunto, desempeñando el papel de vínculo entre la producción y el consumo. Hasta el siglo XIX, era simplemente una capa, a veces gruesa y resistente, pero otras veces muy fina, que se situaba entre el océano de la vida cotidiana y el mecanismo capitalista, que en ocasiones la manipulaba desde arriba”.[3]

Contrariamente a la economía de mercado, Braudel señaló que el término perfecto para describir las actividades económicas que se desarrollan en la cumbre es el capitalismo. En consecuencia, el capitalismo a gran escala descansa sobre la doble capa subyacente compuesta por la vida material y la economía de mercado coherente, representando la zona de alta rentabilidad.[4]

En la actual economía de mercado global, dominada por el capitalismo moderno, persisten fuerzas internas que resisten a este sistema, generando demandas y movimientos en busca de igualdad económica y social. Estas fuerzas gravitan hacia el socialismo y abogan por él como respuesta a las desigualdades inherentes al capitalismo. Por ende, el socialismo se posiciona como una fuerza interna de la economía de mercado, un componente orgánico que se opone de manera natural al capitalismo.

En una economía de mercado moderna, además del capital, el gobierno se posiciona como un actor crucial, siendo un producto de la demanda de orden y normas en la sociedad de mercado. Su existencia no se percibe como una fuerza externa impuesta al mercado, sino como un requisito intrínseco para el funcionamiento eficiente de la economía de mercado. Incluso en una sociedad de mercado sin un gobierno central suelen surgir entidades cuasi gubernamentales como gremios y cámaras de comercio.

Además de su rol regulatorio y de gestión en la economía de mercado, el gobierno, especialmente en las fases iniciales de las economías de mercado en países en desarrollo, tiende a promover y desarrollar el mercado. Frecuentemente el gobierno se convierte en la fuerza impulsora detrás de la economía de mercado. Por lo tanto, es fundamentalmente incorrecto situar al gobierno y al mercado como entidades completamente opuestas y dicotómicas, mientras el liberalismo tiende a considerar al gobierno como un mal absoluto, el socialismo de estilo soviético equipara directamente a la economía de mercado con el capitalismo, ambos cometiendo errores de forma.

Una economía de mercado socialista se define porque su desarrollo está guiado por valores socialistas. Por un lado, este sistema económico emplea la regulación estratégica nacional, aprovechando plenamente el papel fundamental de la economía de mercado en la organización de la producción, el intercambio, la orientación del consumo y la distribución. También capitaliza de manera efectiva el papel rector del capital en el desarrollo de las fuerzas productivas avanzadas. Por otro lado, utiliza el sólido respaldo del capital estatal y la superestructura socialista para frenar y equilibrar la influencia del capital privado, contrarrestando la tendencia inherente de la economía de mercado a generar divisiones sociales y prevenir el control del capital sobre la vida económica y social.

La economía de mercado socialista representa la combinación inteligente de la economía de mercado moderna y el modo de producción socialista, optimizando el papel del gobierno y asegurando una armoniosa coexistencia de ambos elementos.

Mantener el carácter socialista de una economía de mercado socialista

El capitalismo construye una superestructura y una ideología compatibles con su modo de producción y su lógica de funcionamiento. En una economía socialista de mercado, esta lógica no cambia. El movimiento espontáneo de la economía de mercado y la búsqueda de beneficios por parte de las entidades de capital erosionan continuamente la superestructura y la ideología del socialismo. Pueden llevar al desequilibrio o incluso a la desintegración de la economía de mercado socialista, conduciendo a la sociedad hacia el capitalismo. En la era del capitalismo global, este desafío se intensifica para las economías de mercado socialistas dentro de las naciones soberanas. Entonces, ¿cómo ha logrado China mantener el carácter socialista y la dirección de su economía socialista de mercado?

En primer lugar, la clave radica en mantener el liderazgo del Partido Comunista de China (PCCh) y asegurar la permanencia de su naturaleza socialista. En este contexto, el PCCh ha maximizado el papel del capital en el desarrollo de las fuerzas productivas avanzadas y en el fomento del crecimiento sostenido de la riqueza social, mientras garantiza que el partido no sea influenciado ni manipulado por el capital. Actuando activamente para controlar el capital, el partido lo coloca al servicio de la mayoría de la población. El secretario general, Xi Jinping, ha enfatizado la relación esencial entre el liderazgo del partido y el socialismo, afirmando que “el liderazgo del Partido Comunista de China es el rasgo definitorio del socialismo con características chinas y la mayor fortaleza del sistema del socialismo con características chinas”.[5]

En segundo lugar, el funcionamiento estable de la economía de mercado socialista se atribuye al hecho de que China ha acumulado una cantidad significativa de activos estatales durante sus últimos setenta años de desarrollo, incluyendo empresas, instituciones financieras y tierras estatales. El control estatal de estos vastos activos estratégicos sirve como base para la gobernabilidad del PCCh y garantiza la independencia del Partido de las fuerzas capitalistas, permitiéndole gobernar en función de los intereses fundamentales del país y su población.

En las condiciones de una economía socialista de mercado, tanto las empresas estatales como el capital estatal deben operar y competir según las leyes de la economía de mercado. La lógica del mercado y del capital penetran profundamente en el comportamiento cotidiano no sólo de las empresas privadas, sino también de las empresas estatales. Por lo tanto, es crucial garantizar que los gestores de estos enormes activos estatales no se conviertan en agentes de la burguesía, evitando que transformen los activos estatales en activos privados o establezcan un control interno que favorezcan los intereses burgueses. Para mantener el carácter socialista de la economía de mercado, el PCCh debe asegurar tanto la eficacia operativa como la continuidad de la propiedad estatal de estos activos.

En tercer lugar, la superestructura y la ideología socialistas deben permanecer bajo el firme control del Partido. Sectores como la educación, la industria editorial y los medios de comunicación, donde la búsqueda de beneficios debe estar subordinada a los beneficios sociales, son cruciales. La lógica de la economía de mercado no debe dominar estos sectores y la dirección del Partido debe integrarse en sus operaciones diarias. Si el socialismo no proporciona el liderazgo ideológico y cultural, el capitalismo inevitablemente lo hará.

En cuarto lugar, en las condiciones de la economía de mercado, el PCCh ha dirigido el desarrollo de la sociedad civil y las organizaciones no gubernamentales. El crecimiento de estas fuerzas sociales es inevitable en una economía de mercado. Dado el efecto de diferenciación de la economía de mercado, surgen demandas de diferentes grupos de interés para abordar cuestiones como la desigualdad de la riqueza, la degradación medioambiental y otros problemas generados por el capital privado. Considerando la fuerte tradición histórica de China de “feudalismo burocrático”, el desarrollo y la construcción de estas fuerzas sociales pueden ayudar a superar el exceso de burocracia y el formalismo en los departamentos gubernamentales. Por lo tanto, el partido ha dirigido el desarrollo de estas fuerzas sociales y las ha alentado a organizarse, promoviendo así el desarrollo estable y a largo plazo de la economía socialista de mercado.

Promover la tercera ola del socialismo

En un momento en que el sistema mundial capitalista contemporáneo afronta crisis monumentales, se vislumbra la oportunidad de una nueva ola global de socialismo. El socialismo con características chinas emerge como un elemento crucial para iniciar esta ola. Con el ascenso continuo de China hacia el estatus de potencia mundial líder, su modelo de desarrollo se presenta como una alternativa viable en términos de producción y estilo de vida, lo que fomenta la gestación de un sistema socialista global y un conjunto de valores cada vez más aceptados por los pueblos del mundo.

Durante este período de transición histórica, el socialismo con características chinas también se enfrenta a desafíos y peligros. Tras la crisis financiera de 2008, y especialmente tras la irrupción de la pandemia de COVID-19, los puntos fuertes del modelo socialista chino se han vuelto cada vez más evidentes. En la escena internacional, China ha convertido estas crisis en oportunidades, elevando su desarrollo en niveles más altos y mejorando su sistema y capacidad de gobernanza. Este marcado contraste con los países occidentales ha alertado fundamentalmente la narrativa del capitalismo occidental, teniendo un impacto significativo más allá de las consideraciones militares y las tasas de crecimiento económico.

En respuesta a estos éxitos, diversas fuerzas dentro del capitalismo internacional están movilizándose contra China. Las fuerzas políticas, liberales, nacionalistas y populistas lanzan continuos ataques y difamaciones. Incluso sectores internacionales de la izquierda critican enérgicamente a China en temas relacionados con la democracia, los derechos humanos y la protección del medio ambiente, llegando a cuestionar su autenticidad como país socialista. Desde la llegada de la administración de Joe Biden al poder en Estados Unidos, se ha intensificado la formación de una “santa alianza” burguesa dirigida por Estados Unidos bajo el pretexto de contener a China.

La emergente tercera ola del socialismo, sin duda enfrentará una noche oscura y experimentará una agitación y caos aún más intensos dentro del sistema mundial capitalista. Ante estos desafíos, los socialistas chinos deben estar preparados para hacer frente a los embates y preservar su visión a largo plazo.

Bibliografía

Braudel, Fernand. Afterthoughts on Material Civilisation and Capitalism [Reflexiones sobre la civilización material y el capitalismo]. Traducción de Patricia N. Ranum. Baltimore: Johns Hopkins University Press, 1977.

Deng Xiaoping. “Excerpts from Talks Given in Wuchang, Shenzhen, Zhuhai, and Shanghai” [Extractos de las conferencias pronunciadas en Wuchang, Shenzhen, Zhuhai y Shanghai], 18 de enero-21 de febrero de 1992. En Selected Works of Deng Xiaoping,vol. 5, 1982–1992 [Obras Escogidas de Deng Xiaoping, vol. 5, 1982-1992], 358-370. Pekín: Foreign Languages Press, 1994. https://en.theorychina.org.cn/llzgyw/WorksofLeaders_984/deng-xiaoping-/.

Deng Xiaoping. “There Is No Fundamental Contradiction between Socialism and a Market Economy” [No existe una contradicción fundamental entre el socialismo y la economía de mercado], 23 de octubre de 1985. En Selected Works of Deng Xiaoping,vol. 5, 1982–1992 [Obras Escogidas de Deng Xiaoping, vol. 5, 1982-1992], 151-153. Pekín: Foreign Languages Press, 1994. https://en.theorychina.org.cn/llzgyw/WorksofLeaders_984/deng-xiaoping-/.

“Texto íntegro: Resolución del Comité Central del PCCh sobre los importantes éxitos y las experiencias históricas del Partido en su centenaria lucha”. Xinhua Español, 16 de noviembre de 2021. http://spanish.news.cn/2021-11/16/c_1310314755.htm.

Notas del autor

1. Deng Xiaoping, “There Is No Fundamental Contradiction between Socialism and a Market Economy” [No existe una contradicción fundamental entre el socialismo y la economía de mercado], 23 de octubre de 1985, en Selected Works of Deng Xiaoping,vol. 5, 1982–1992 [Obras Escogidas de Deng Xiaoping, vol. 5, 1982-1992] (Pekín: Foreign Languages Press, 1994), 150, https://en.theorychina.org.cn/llzgyw/WorksofLeaders_984/deng-xiaoping-/.

2. Deng Xiaoping, “Excerpts from Talks Given in Wuchang, Shenzhen, Zhuhai, and Shanghai” [Extractos de las conferencias pronunciadas en Wuchang, Shenzhen, Zhuhai y Shanghai], 18 de enero-21 de febrero de 1992, en Selected Works of Deng Xiaoping,vol. 5, 1982–1992 [Obras escogidas de Deng Xiaoping, vol. 5, 1982-1992] (Pekín: Foreign Languages Press, 1994), 361, https://en.theorychina.org.cn/llzgyw/WorksofLeaders_984/deng-xiaoping-/.

3. Fernand Braudel, Afterthoughts on Material Civilisation and Capitalism [Reflexiones sobre la civilización material y el capitalismo], trad. Patricia N. Ranum (Baltimore: Johns Hopkins University Press, 1977), 41.

4. Braudel, Afterthoughts on Material Civilisation and Capitalism [Reflexiones sobre la civilización material y el capitalismo], 112-113.

5. Véase “Texto íntegro: Resolución del Comité Central del PCCh sobre los importantes éxitos y las experiencias históricas del Partido en su centenaria lucha”, Xinhua Español, 16 de noviembre de 2021, http://spanish.news.cn/2021-11/16/c_1310314755.htm.

Vol.1 N° 4 | 20.12.2023

Wenhua Zongheng: Revista trimestral de pensamiento chino | VOL.1 N° 4

Perspectivas chinas sobre el socialismo del siglo XXI


Lü Yanchun (吕延春), Hogares del noreste de China (关东人家), 2005.

Cómo romper el círculo vicioso del subdesarrollo en el Sur Global

Marco Fernandes

Marco Fernandes es investigador del Instituto Tricontinental de Investigación Social, cofundador del Colectivo Dongsheng y miembro de la campaña Basta de Guerra Fría (No Cold War). Colabora con artículos y entrevistas en diversos medios de comunicación, especialmente en Brasil, China y Rusia. Es licenciado y tiene un máster en Historia, y un doctorado en Psicología Social (ambos de la Universidad de São Paulo, Brasil). Colabora con organizaciones del Sur Global. Actualmente vive en Beijing.

En la actualidad, circula un dicho en China que afirma: “En 1949, el socialismo salvó a China. En el siglo XXI, China salvará al socialismo”. En un discurso pronunciado en 2018 ante los miembros recién incorporados al Comité Central, el presidente chino, Xi Jinping (习近平), recordó que, tras el colapso de la Unión Soviética, “si el socialismo hubiera fracasado en China, entonces el socialismo mundial [habría] caído en una larga edad oscura. Y el comunismo, como dijo una vez Karl Marx, sería un espectro inquietante que permanecería en el limbo”.

No obstante, ¿cuáles son las principales características del socialismo con características chinas? ¿Cómo se integran de manera conjunta el mercado y la planificación en una estrategia socialista sin antagonizar entre sí? ¿En qué se diferencia el socialismo chino del modelo soviético? ¿Cuáles son los mayores desafíos que enfrenta China al afrontar las contradicciones impuestas por el mercado al socialismo? ¿Puede la experiencia china inspirar a otros países en el camino hacia el socialismo? Estas cuestiones fundamentales son examinadas en detalle en el cuarto número de la edición internacional de Wenhua Zongheng (文化纵横) a través de dos ensayos redactados por Yang Ping (杨平), redactor en jefe de la edición china de Wenhua Zongheng, y Pan Shiwei (潘世伟), presidente honorario del Instituto de Marxismo Chino de la Academia de Ciencias Sociales de Shanghái.

En “La tercera ola del socialismo”, Yang Ping argumenta que a lo largo del último siglo y medio han habido tres oleadas de socialismo científico: la aparición del marxismo y los movimientos revolucionarios en Europa en el siglo XIX (primera oleada); el surgimiento de numerosos Estados socialistas y movimientos de liberación nacional durante el siglo XX (segunda oleada); y con el colapso de la Unión Soviética y el agotamiento del socialismo durante la era de Mao Zedong, la aparición de una economía socialista de mercado a partir de la reforma y apertura de China en la década de 1970 (tercera oleada). De manera similar, en “Las nuevas formas de socialismo en el siglo XXI”, Pan Shiwei sostiene que han surgido tres tipos principales de socialismo: el socialismo clásico en los centros del capitalismo europeo; las formas transformadoras de socialismo en las colonias y semicolonias; y una nueva forma de socialismo que está desarrollándose en China que aspira a superar al capitalismo. Ambos autores consideran que esta nueva oleada o forma de socialismo se encuentra en sus primeras etapas y exploran cómo puede fortalecerse aún más el socialismo en China y servir de inspiración a otras naciones en todo el mundo.

En la actualidad, las potencias imperialistas experimentan un declive económico marcado y se ven envueltas en un frenesí bélico tanto en Ucrania como en Palestina. Existe el riesgo de que este conflicto se extienda hacia el este y el sudeste asiático, sumiendo a la humanidad en una posible tercera guerra mundial. En este contexto, surge la interrogante: ¿cuáles son las oportunidades que el ascenso de China socialista ofrece al Sur Global? Este editorial aborda las perspectivas de los autores al examinar detenidamente esta cuestión.

Conquistas y desafíos para el socialismo chino

Después de 45 años de reforma y apertura, China, como potencia socialista, ha emergido como una fuerza destacada en los ámbitos industrial, tecnológico, financiero, comercial y militar. Al considerar el Producto Interno Bruto (PIB) en términos de paridad de poder adquisitivo (PPA), una medida más precisa para comparar las economías, China ha superado con creces a Estados Unidos. En 2022, el PIB de China (PPA) ascendió a 30,32 billones de dólares, en comparación con los 25,46 billones de dólares de Estados Unidos. En otras palabras, el PIB (PPA) de China es un 119%, o aproximadamente 1,2 veces mayor que el de Estados Unidos. Para contextualizar este logro en la historia del desarrollo socialista, durante el apogeo de la fortaleza económica de la Unión Soviética en 1975, su PIB (PPA) apenas alcanzó el 58%, poco más de la mitad del de Estados Unidos.

Desde finales de la década de 2000, China ha consolidado su posición como la principal potencia industrial a nivel mundial. El año pasado, la nación asiática contribuyó con un impresionante 26,7% a la producción manufacturera global, superando significativamente a Estados Unidos (15,4%), Japón (5,3%) y Alemania (4%). Esta estadística revela que la producción industrial china excede la combinación de las tres principales naciones industriales del Norte Global. China también ha experimentado notables avances tecnológicos en las últimas décadas, liderando sectores como las telecomunicaciones (5G), el ferrocarril de alta velocidad, las energías renovables, el refinado de minerales y los vehículos eléctricos, alcanzando fases avanzadas en áreas como inteligencia artificial, computación cuántica, biotecnología y construcción, entre otras.

Además, China se erige como la mayor potencia comercial del mundo, manteniendo el estatus de principal socio comercial para más de 120 países. En 2022, las exportaciones chinas alcanzaron los 6,28 billones de dólares, generando un superávit de 860.000 millones, y cerraron el año con unas reservas internacionales de 3,13 billones de dólares. En el ámbito financiero, el Estado chino ejerce control sobre los cuatro principales bancos a nivel mundial en términos de activos totales: el Banco Industrial y Comercial de China (ICBC); Banco de Construcción de China (CCB); Banco Agrícola de China (ABC) y el Banco de China (BOC), los cuales poseen en conjunto alrededor de 20 billones de dólares en activos. A escala global, China se ha convertido en la principal fuente de financiamiento para el desarrollo, superando a todos los demás países e instituciones multilaterales, incluido el Banco Mundial.

Finalmente, China ha logrado una de las mayores hazañas en la historia: sacar a 850 millones de personas de la pobreza extrema entre 1978 y 2021. Según el Banco Mundial, China fue responsable del 76% de la reducción total de la pobreza durante ese periodo.

A pesar de sus logros notables, China continúa siendo un país en desarrollo y se enfrenta a considerables desafíos económicos, sociales y políticos en su empeño por superar la “fase primaria” del socialismo. Estos desafíos abarcan la necesidad de reducir la desigualdad, tanto entre áreas urbanas y rurales como entre distintas regiones del país (el este tiene un desarrollo mucho mayor que el oeste). Otros desafíos cruciales incluyen el aumento de los ingresos y el bienestar social para más de 300 millones de trabajadores migrantes internos; la disminución de los elevados niveles de desempleo juvenil; la reducción de la marcada dependencia económica de un sector inmobiliario financiarizado; abordar las repercusiones medioambientales derivadas de una industrialización acelerada; la adaptación al envejecimiento de la población y la disminución de la tasa de natalidad; la revitalización de la educación política marxista, tanto dentro del Partido Comunista de China (PCCh), como entre las masas (una prioridad subrayada por Xi Jinping). A lo anterior, se suma la superación de las tácticas de guerra híbrida utilizadas por las potencias occidentales para tratar de contener el progreso de China.

¿Una ola socialista o desarrollista en el Sur Global?

China ha logrado liberarse del círculo vicioso del “desarrollo del subdesarrollo” que ha atrapado al Tercer Mundo. Décadas después de independizarse del colonialismo occidental, este ciclo sigue definiendo la experiencia de los países periféricos dentro del sistema capitalista. Debido a su enorme éxito económico, un número cada vez mayor de países del Sur Global ven en China tanto un ejemplo de éxito a seguir (teniendo en cuenta sus especificidades locales) y como un socio potencial en su búsqueda de estrategias orientadas al desarrollo. A su vez, China está desarrollando cada vez más este tipo de asociaciones.

En octubre de 2022, el informe del XX Congreso Nacional del PCCh incluía una rotunda crítica marxista del modelo occidental de modernización, por estar basado en la colonización, el saqueo, la esclavitud y la explotación depredadora de los recursos naturales de los pueblos del Sur Global. Este modelo no solo sirvió de base para los procesos de industrialización en Europa y Estados Unidos, sino también para la dominación económica, política y militar sobre el resto del mundo, produciendo un sistema de imperialismo. En respuesta, China formuló su propia vía de modernización, caracterizada por principios de prosperidad compartida entre una población masiva, progreso material y ético-cultural, armonía entre el ser humano y la naturaleza además de un desarrollo pacífico.

Esta conciencia histórica da forma a la política estatal china, especialmente a la Iniciativa de la Franja y la Ruta (BRI), lanzada en 2013 con el propósito de fomentar el desarrollo del oeste de China mediante su conexión con Asia Central. Siguiendo la filosofía de Deng Xiaoping de “cruzar el río tocando las piedras”, el gobierno chino se percató de que esto podría ser fundamental para su relación con el Sur Global, afectado por el neoliberalismo durante más de tres décadas. Después de una década y la inversión de cientos de miles de millones de dólares, esta dirección se reafirmó en el XX Congreso Nacional del PCCh, que ratificó el compromiso de China de reducir la brecha entre el Norte y el Sur Global, así como respaldar el acelerado desarrollo de las naciones del Sur Global.

Los recientes acontecimientos señalan un aumento en el nivel de cooperación entre China y los países en desarrollo. Por ejemplo, durante el Diálogo de Líderes China-África celebrado en agosto (realizado poco después de la decimoquinta cumbre de los BRICS), los líderes africanos expresaron su gratitud por los esfuerzos que China ha llevado a cabo en las últimas dos décadas para impulsar el desarrollo de infraestructuras en el continente. No obstante, también hicieron un llamado a China para que reoriente su enfoque de inversión desde las infraestructuras hacia la industrialización.[1] Xi Jinping estuvo de acuerdo con la propuesta. Un debate similar tuvo lugar durante la cumbre Rusia-África de julio, corroborando la estrategia actual en África.

En el Sur Global, la necesidad de industrialización vuelve a ocupar un lugar destacado en el debate público. Desde países como Brasil y Sudáfrica, que en el pasado contaban con sectores industriales robustos y diversificados, pero fueron desindustrializados en las últimas décadas, hasta países como Bolivia y Zimbabue que, a pesar de sus abundantes recursos naturales, nunca lograron acumular capital suficiente para iniciar un proceso de industrialización consistente debido a la explotación occidental.

En tiempos recientes, se establecieron numerosas asociaciones entre empresas estatales y privadas chinas con países del Sur Global, muchas de ellas relacionadas con el procesamiento local de minerales de gran demanda o la producción de vehículos eléctricos. Por ejemplo, China está invirtiendo miles de millones de dólares en plantas de procesamiento de litio en Bolivia; otra planta de litio y una megaplanta siderúrgica en Zimbabue; plantas de procesamiento de níquel en Indonesia y un centro de fábricas de vehículos eléctricos en Marruecos. Hay grandes expectativas de que iniciativas regionales como la Franja y la Ruta, los BRICS-11 ampliados y la Organización de Cooperación de Shanghái puedan servir de palanca para reforzar este proceso, aunque se enfrenten a la oposición de las potencias occidentales.

Sin desarrollo industrial, los pueblos del Sur Global no podrán superar sus profundos problemas, como el hambre, el desempleo y el acceso insuficiente a una educación, vivienda y salud de calidad. Sin embargo, esto no se conseguirá únicamente a través de las relaciones con China (o Rusia). Es necesario fortalecer los proyectos populares nacionales con una amplia participación de los sectores sociales progresistas, especialmente las clases trabajadoras. De lo contrario, es poco probable que los frutos de cualquier desarrollo sean recogidos por quienes más los necesitan. Dado que pocos países del Sur Global están experimentando actualmente un auge de los movimientos de masas, las perspectivas de una “tercera ola socialista” global siguen siendo muy difíciles. Más bien, parece más factible una nueva ola de desarrollo con potencial para adquirir un carácter progresista. La principal contradicción de nuestro tiempo es el imperialismo, y cualquier esfuerzo para enfrentarse a él será estratégico.

Indudablemente, China y Rusia han estado en el punto de mira de las potencias imperialistas precisamente porque han construido naciones soberanas fuertes en las últimas décadas. No obstante, más allá de esto, China, y en menor medida Rusia, ofrecen un amplio espectro de capacidades industriales, tecnológicas, financieras, de comunicación y militares a los países del Sur Global, ampliando sus opciones y debilitando potencialmente la hegemonía de las potencias occidentales de forma más general. ¿No era esto precisamente lo que faltaba para el éxito del “Proyecto del Tercer Mundo”, la gran oleada de liberación nacional y desarrollo entre los años cincuenta y setenta, cuyos sueños se vieron frustrados en última instancia por el neoliberalismo y la maquinaria bélica del imperio?

Notas del autor

1. Véase“Las relaciones entre China y África en la era de la Franja y la Ruta”, Wenhua Zongheng (文化纵横), int’l. ed. 1, no. 3 (octubre de 2023), https://dongshengnews.org/es/whzh-vol1-no3-es/

La tercera ola del socialismo

Yang Ping

Las nuevas formas de socialismo en el siglo XXI

Pan Shiwei

Iniciativa de la Franja y la Ruta de China y la industrialización africana | 03.10.2023
Zhao Jianqiu (赵溅球), Anhelo del hogar (回望故乡), s.f.. Pintura a tinta china, 60 x 90 cm. Crédito: Fondo Nacional de las Artes de China.

Iniciativa de la Franja y la Ruta de China y la industrialización africana

Tang Xiaoyang

Tang Xiaoyang (唐晓阳) es el director y profesor del Departamento de Relaciones Internacionales de la Universidad Tsinghua. Sus intereses de investigación incluyen la filosofía política, el proceso de modernización global y el compromiso de China con los países en desarrollo. Es autor de Coevolutionary Pragmatism: Approaches and Impacts of China-Africa Economic Cooperation [Pragmatismo coevolutivo: enfoques e impactos de la cooperación económica China-África] (Cambridge University Press, 2020) y ha publicado extensamente sobre la Iniciativa de la Franja y la Ruta. Anteriormente, ha trabajado como consultor para el Banco Mundial, el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo y la Agencia de los Estados Unidos para el Desarrollo Internacional.

El artículo “La Iniciativa de la Franja y la Ruta de China y la Industrialización Africana” (激活非洲工业化:“一带一路”能带来什么) fue publicado originalmente en Wenhua Zongheng (文化纵横), no. 4 (agosto de 2022).

Los gobiernos de toda África desde hace tiempo han alcanzado un consenso: “la industrialización es la esencia del desarrollo”.[1] Durante el último medio siglo, las naciones africanas han procurado continuamente alcanzar la industrialización, adoptando diversas vías para desarrollar sus propios sectores industriales. Sin embargo, ni las políticas industriales de los años sesenta y setenta, que enfatizaban la autosuficiencia y la sustitución de importaciones, ni los programas de ajuste estructural promovidos en décadas posteriores, caracterizados por la liberalización del mercado e impulsados por los países occidentales, han podido ayudar a África a lograr un crecimiento industrial y una transformación sostenibles. Durante el siglo XXI, los países africanos han rediseñado sus vías hacia la industrialización y el desarrollo. En todo el continente, los gobiernos han unificado más sus ideas, formulando la ambiciosa Nueva Alianza para el Desarrollo de África (NEPAD por sus siglas en inglés) (2001) y el Plan de Acción para el Desarrollo Industrial Acelerado de África (2007). Sin embargo, los objetivos de estas iniciativas aún no se han hecho realidad. Aunque el valor absoluto de la producción de la industria manufacturera en el África subsahariana ha crecido en general cada año durante las dos últimas décadas, el ritmo del incremento ha sido lento. Como consecuencia, la cuota de la industria manufacturera en el producto interno bruto (PIB) ha disminuido (Figura 1).

Figura 1: Proporción del valor agregado manufacturero como porcentaje del PIB del África subsahariana de 1971 a 2018. Fuente: Banco Mundial.

El mayor desafío de la industrialización en África reside en la dificultad de integrar diversos elementos en un mismo sistema. A principios de la revolución industrial del siglo XVIII, el economista Adam Smith observó que la alta productividad de la industrialización derivaba principalmente de la división del trabajo y la colaboración, y del uso de maquinaria en procesos de producción de varios pasos para realizar acciones extremadamente simples de forma muy eficiente.[2] Este patrón básico sigue siendo aplicable a la fabricación actual, salvo que la profundidad y amplitud de la división del trabajo y la colaboración superan con creces las del pasado. Hoy en día, la fabricación de cualquier producto -ya sean alfileres, zapatos, sombreros, computadoras o automóviles- requiere que una serie de empresas y fábricas cooperen entre sí. La cadena industrial contiene muchos eslabones relacionados con las materias primas, las herramientas y la maquinaria, el diseño, las piezas y los accesorios, la homologación de los productos acabados, el envasado y las ventas. Una empresa individual puede encargarse sólo de uno o unos pocos de estos eslabones, especializándose para conquistar la competencia del mercado en un área restringida. Dentro de cada empresa, el proceso de producción también está muy segmentado: una línea de producción suele tener cientos de procesos que la componen, en los que operan simultáneamente cientos o miles de trabajadores, utilizando un gran número de máquinas y equipos. El sistema estrechamente interconectado de la industria moderna exige que cada parte relacionada complete sus respectivas tareas de forma precisa y puntual. Cualquier ausencia o retraso causado por cualquier entidad, individuo o incluso pieza de una máquina de la cadena de producción puede perturbar el buen funcionamiento de todo el sistema de fabricación. Además, el intercambio y el flujo masivos de materiales requieren grandes cantidades de infraestructuras y capacidades de gestión integradas. Por lo tanto, el desarrollo de la industria moderna no puede basarse únicamente en empresas o sectores individuales. Depende de las capacidades globales de producción y circulación de un país.

Históricamente, los países africanos han estado marginados durante mucho tiempo de la economía mundial, actuando como fuente de materias primas para Europa y Norteamérica. La mayoría de los países del continente carecen de un sector industrial completo y, a menudo, las fábricas existentes tienen que importar una gran cantidad de maquinaria y piezas del extranjero. Las infraestructuras y los suministros locales de electricidad y agua suelen ser limitados, lo que determina una incapacidad para satisfacer las necesidades de la producción a gran escala. Al mismo tiempo, las deficientes y deterioradas instalaciones de transporte, las ineficiencias administrativas y las complejidades políticas y geográficas suelen generar un intercambio y una circulación de materiales deficientes tanto dentro de África como entre el continente y otras regiones. Por último, debido a la falta de experiencia práctica y de formación sistemática, existen deficiencias en las competencias profesionales y técnicas de los trabajadores, así como en las capacidades de coordinación y organización de los directivos. Estos factores han limitado la profundización de la división interconectada del trabajo en el continente a múltiples niveles y, con el tiempo, la brecha entre el desarrollo industrial africano y el de otras regiones del mundo se ha hecho cada vez mayor.

¿Cómo la Iniciativa de la Franja y la Ruta promovió la industrialización en África?

La mayoría de las economías africanas siguen dependiendo principalmente de la agricultura tradicional de pequeña escala, basada en la producción de subsistencia. Sólo mediante el avance de una producción industrial altamente especializada y profesionalizada, unida a reformas de mercado adecuadas, puede mejorarse la productividad de forma significativa y sostenible. Durante mucho tiempo, la economía china también fue mayoritariamente agrícola y pasó por muchas dificultades en el camino hacia el desarrollo industrial nacional. Desde el lanzamiento de la reforma y la apertura a finales de la década de 1970, China ha logrado un crecimiento industrial explosivo, convirtiéndose en la “fábrica del mundo”. La exitosa experiencia china de industrialización ha despertado gran interés en todo el mundo, incluidos los países africanos. Para China, este continuo crecimiento industrial ha impulsado aún más su demanda de recursos, mano de obra y mercados. En un contexto de saturación de los mercados europeo y norteamericano, así como de intensa competencia interna, es urgente que China encuentre nuevos socios para la cooperación y nuevas oportunidades de crecimiento. Teniendo en cuenta los intereses y aspiraciones comunes de China y otros países en desarrollo en la búsqueda del progreso industrial, la Iniciativa de la Franja y la Ruta (BRI – por sus siglas en inglés, también conocida como la Nueva Ruta de la Seda) identifica la capacidad industrial como un área importante para la cooperación mutuamente beneficiosa. En esta línea, el Foro de Cooperación China-África (FOCAC – por sus siglas en inglés) siempre ha hecho hincapié en la industrialización y la cooperación industrial en sus planes de acción. La cooperación en materia de capacidad industrial de China con los países africanos se ha centrado en tres aspectos principales.

1. La construcción de parques industriales. Teniendo en cuenta el bajo desarrollo industrial general de los países africanos, existe una escasez general de factores de producción. Para garantizar que la producción industrial a gran escala funcione de forma rápida y fluida, las empresas chinas han invertido en algunos países en la construcción de parques industriales locales, incorporando empresas tanto en las fases anteriores como posteriores de la cadena industrial para la colaboración vertical, construyendo infraestructuras básicas y proporcionando servicios básicos con el fin de promover la formación de agrupaciones industriales regionales de empresas, proveedores e instituciones interconectados. En 2007, por ejemplo, China Nonferrous Metal Mining Group (CNMC), una empresa estatal, estableció la Zona de Cooperación Económica y Comercial Zambia-China (ZCCZ) en Chambishi, Zambia, para el procesamiento a fondo de los recursos naturales extraídos localmente. Las empresas que operan en la zona económica son, en su mayoría, filiales de la CNMC, y cubren varias etapas de la cadena industrial de los recursos de cobre y cobalto, como la extracción, la fundición y el procesamiento. También hay varias empresas privadas chinas y locales zambianas que han prestado servicios de apoyo, como reparación de maquinaria y logística.[3] Este proyecto de parque industrial ha contribuido a los esfuerzos de Zambia por superar la simple extracción de recursos y ascender gradualmente a actividades de procesamiento de mayor valor agregado. En 2009, la ZCCZ puso en marcha una subzona en las afueras de la capital de Zambia, Lusaka, que agrupa empresas de industria ligera en los sectores de procesamiento de alimentos, elaboración de cerveza y productos plásticos, entre otros, basándose en el carácter de la economía urbana. Aunque no existe una conexión comercial directa entre las empresas de la subzona, los servicios prestados por ésta (como agua, electricidad, transporte y seguridad) han reducido el costo de construcción de una fábrica y acortado enormemente el ciclo de inversión (por ejemplo, sin los servicios prestados por la subzona, el proceso de solicitud del uso industrial de la electricidad por sí solo podría llevar varios años). Las pequeñas y medianas empresas que carecen de experiencia internacional y de grandes capitales también pueden intercambiar información, ahorrando muchos costos en los que habrían incurrido debido a su inexperiencia, beneficiándose así de una lógica en la que la unión hace la fuerza.

2. La sinergia de la construcción de infraestructuras y la inversión industrial. China es líder mundial tanto en la industria manufacturera como en la de la construcción. Las empresas chinas representaron el 61,9% de todo el mercado africano de la construcción en 2019.[4] La construcción de infraestructuras chinas proporciona las instalaciones necesarias en diversos sectores de África, como la energía y el transporte, contribuyendo al desarrollo industrial. Para que desempeñen un papel sostenible en el continente, estos proyectos de infraestructuras deben combinarse con la industrialización. Los principales retos para la construcción de infraestructuras en África son las inversiones a gran escala necesarias y los horizontes de reembolso a largo plazo. En los países en desarrollo, a veces los ingresos generados por los proyectos de infraestructuras son insuficientes para mantener el funcionamiento de las instalaciones. En vista de ello, China y los países africanos han planificado conjuntamente proyectos industriales interconectados con proyectos de infraestructuras para mejorar la utilidad y el rendimiento de estos esfuerzos. En 2016, tomando como ejemplo el ferrocarril Adís Abeba-Yibuti, el Gobierno chino orientó a sus empresas a “combinar la construcción de infraestructuras a gran escala con el desarrollo de parques industriales y zonas económicas especiales, esforzándose por construir un cordón industrial a lo largo del ferrocarril para lograr una interacción armoniosa entre las infraestructuras a gran escala y el desarrollo industrial”.[5] Las empresas privadas chinas ya habían construido dos parques industriales cerca de Adís Abeba, la capital etíope, pero en los últimos años las empresas estatales han desempeñado un papel importante. China Civil Engineering Construction Corporation ha firmado acuerdos con Etiopía para construir una serie de parques industriales a lo largo del ferrocarril Adís Abeba-Djibouti en Hawassa, Dire Dawa, Kombolcha y Adama para aprovechar al máximo la capacidad del ferrocarril. Además, el grupo estatal China Merchants Group ha participado en la construcción del puerto de Doraleh, con el objetivo de aumentar significativamente la capacidad del puerto para hacer frente al mayor volumen de carga del nuevo ferrocarril. Del mismo modo, para apoyar el desarrollo a largo plazo del ferrocarril Mombasa-Nairobi, China y Kenia han firmado un acuerdo para modernizar el puerto de Mombasa y establecer una zona económica especial cerca del puerto.

3. La inversión industrial de China en África se centra en una producción adaptada a los mercados locales, más sinérgica con el desarrollo local y generadora de un impulso sostenido para la industrialización. Algunos economistas han pronosticado que África, al igual que los países asiáticos, atraerá la industria manufacturera mundial intensiva en mano de obra, debido a sus menores costos laborales, y emprenderá un camino hacia el desarrollo industrial impulsado por las exportaciones.[6] Sin embargo, en la práctica, las industrias africanas dependen de las importaciones para muchos insumos, como materias primas, componentes y piezas de repuesto. Sin un desarrollado ecosistema de proveedores y prestadores de servicios, las fábricas africanas se enfrentan a problemas crónicos, como retrasos administrativos, embotellamientos, logística deficiente y tipos de cambio inestables, lo que hace difícil garantizar la calidad y puntualidad de los pedidos.[7] En cambio, en Asia existe una red industrial completa y madura centrada en Japón y China. El resto de países de la región pueden encontrar sus propias ventajas comparativas en este sistema y aprovechar el bajo costo de su mano de obra para realizar transferencia industrial. Debido a la distancia geográfica, a los países africanos les resulta difícil integrarse en la red industrial de Asia. La mera reducción de los costos de producción no puede compensar la falta de apoyo en otros aspectos. Las empresas extranjeras que pretenden transferir la producción al continente sólo han podido mantener operaciones de menor escala en África Oriental y Meridional, enfrentando dificultades para ampliar.[8]

En lugar de perseguir modelos orientados a la exportación, las empresas industriales que han establecido un punto de apoyo para operaciones a largo plazo en África, que están impulsando el crecimiento conjunto de las compañías locales, se centran principalmente en los mercados nacionales de los países africanos. Su producción, abastecimiento, comercialización y ventas están arraigadas en el continente africano. Por ejemplo, Sun Jian (孙坚), un empresario de Wenzhou (China), recorrió Nigeria en 2010 y descubrió que gran parte de los productos cerámicos del país se importaban del extranjero. Sun vio una oportunidad comercial. Como la cerámica es pesada y frágil, no es apta para el transporte. Si se pudiera producir localmente, el fabricante tendría una gran ventaja en el mercado. Sun creó rápidamente la fábrica de cerámica de Wangkang en Nigeria con 40 millones de dólares. Las baldosas producidas se hicieron populares de inmediato entre los consumidores locales y pronto empezaron a escasear.[9] Durante la última década, la empresa ha montado cinco grandes fábricas de baldosas en Nigeria, Ghana, Tanzania y Uganda, que representan el 25% de la capacidad de producción de baldosas cerámicas de África. Este ejemplo muestra cómo el desarrollo industrial puede tener lugar examinando de cerca el mercado africano e identificando nichos de mercado. Las empresas multinacionales suelen pasar por alto el mercado africano y rara vez prestan atención a las necesidades e intereses específicos de los consumidores locales. Por ello, los productos exportados a África suelen tener precios excesivos y estar pasados de moda. Al estrechar sus relaciones económicas y comerciales con los países africanos, las empresas chinas han desarrollado un mayor conocimiento del mercado africano y han detectado nuevas tendencias. Las empresas chinas se han instalado localmente para fabricar productos de uso cotidiano como materiales de construcción, muebles, plásticos, alimentos, medicinas, ropa y calzado. La producción local no sólo reduce significativamente los costos de transporte. También garantiza que los productos estén orientados y respondan a las cambiantes preferencias de los consumidores y a las tendencias del mercado. Estos productos de fabricación local no han sustituido a las importaciones existentes, han ocupado espacios en el mercado.

Las empresas chinas están en mejores condiciones de entender los mercados africanos y aprovechar las oportunidades industriales por dos razones: en primer lugar, la larga trayectoria de cooperación económica entre China y África y, en segundo lugar, el sólido sistema industrial chino. El fundador de Wangkang no se dedicaba originalmente a la industria cerámica. Sin embargo, cuando vio la oportunidad de negocio se puso rápidamente en contacto con proveedores de equipos de producción de cerámica en China y pudo montar líneas de producción en África en pocos meses. Wangkang confió en las empresas chinas para los servicios de instalación, depuración, formación y mantenimiento. China es el único país del mundo que alberga todas las categorías enumeradas en la Clasificación Industrial Internacional Uniforme de todas las Actividades Económicas de las Naciones Unidas (CIIU – ONU y UNSD – ISIC por su sigla en inglés), que abarca tanto las tecnologías de alta precisión como las industrias tradicionales de gama baja.[10] La inestabilidad del suministro eléctrico y las dificultades de mantenimiento en el continente africano hacen que muchos de los nuevos tipos de maquinaria de precisión procedentes de Europa y Estados Unidos no sean los más adecuados para su uso en la fabricación africana. En contraste, algunos equipos básicos fabricados en China funcionan bien en este entorno, además de ser económicos y duraderos. Las inversiones industriales en el mercado africano pueden utilizar el amplio sistema industrial chino para proporcionar sólidos servicios de apoyo a las actividades de producción en África. Estas fábricas obtienen localmente las principales materias primas y venden sus productos en el mercado local, conformando gradualmente un sistema inicial de producción y circulación industrial. Si bien estas industrias se inician a pequeña escala, pueden impulsar el desarrollo cíclico global y constituyen una vía más sostenible hacia la industrialización.

Un ejemplo de ello es el auge de la industria local de reciclaje de plásticos en Ghana. Inicialmente, una empresa de la provincia china de Fujian comenzó a recolectar los envases para beber agua envasada desechados por la población local, que podían procesarse y venderse como bolsas de plástico destinadas al comercio. Aunque el trabajo era difícil y agotador, la empresa era bastante rentable porque casi no había competencia. Esta noticia pronto atrajo a muchos seguidores. Al principio, más de diez empresas chinas siguieron su ejemplo, además de empresas locales. A través de sus socios chinos, encontraron proveedores de maquinaria y equipos, introduciéndose también en este campo. En los primeros seis o siete años, los nuevos participantes no entablaron una competencia feroz. Trabajaron juntos para aumentar el tamaño de la “torta” de la industria (把行业蛋糕做大, bǎ hángyè dàngāo zuòdà). El alcance geográfico del reciclaje se amplió gradualmente de la capital de Accra a todo el país y se desarrollaron divisiones en la cadena industrial. Las empresas locales que están más familiarizadas con el entorno social pueden localizar mejor los lugares de vertido de los envases desechados. Por esto, se han centrado más en el reciclado ascendente y el tratamiento primario, empleando a cientos de recolectores de residuos. Las empresas chinas conocen mejor la maquinaria y la producción, y han invertido cada vez más en el procesamiento posterior de alta tecnología. Además, muchas empresas chinas y ghanesas han centrado su atención en otro tipo de reciclado y procesamiento de plásticos. Al identificar las oportunidades de mercado, las empresas chinas y ghanesas han impulsado el desarrollo de toda una cadena de reciclado y transformación de plásticos y de un sector industrial en Ghana.[11]

Desafíos y soluciones en la cooperación industrial sino-africana

Basándose en un modelo único de colaboración y en estructuras económicas complementarias, la cooperación industrial sino-africana ha alcanzado importantes logros en las dos primeras décadas del siglo XXI. En todo el continente africano, miles de empresas chinas han invertido o cofundado decenas de parques industriales, empleando a un gran número de trabajadores locales e impulsando el crecimiento de proveedores, prestadores de servicios y empresas derivadas.[12] China ha establecido seis zonas de cooperación económica y comercial a nivel nacional en países como Egipto, Zambia, Nigeria, Mauricio y Etiopía, que han atraído a más de 300 empresas, generando empleo para más de 30.000 trabajadores locales.[13] Sin embargo, persisten los desafíos a largo plazo en el camino de África hacia la industrialización, lo que supone un serio reto para el crecimiento sostenible de la cooperación industrial sino-africana.

Como ya se ha dicho, el principal reto de la industrialización africana es la falta de cooperación sistemática. La cooperación sino-africana ha avanzado en la resolución de algunos problemas de coordinación mediante la construcción de infraestructuras y parques industriales, el establecimiento de cadenas de suministro y la conexión de mercados. Sin embargo, un mayor desarrollo industrial requerirá mucho más que el suministro de equipos o la construcción de fábricas. Para industrializarse, los países en desarrollo deben experimentar un cambio radical de sus estructuras sociales y su ideología. En cada país o región, este proceso será diferente, dependiendo de las historias, culturas y costumbres locales. Por su parte, a la hora de asociarse con países africanos, China debe proceder comprendiendo las condiciones y complejidades locales. Las empresas chinas deben resolver adecuadamente las contradicciones y conflictos que surjan con los trabajadores locales, las comunidades indígenas, los socios comerciales y los organismos gubernamentales. Esto será especialmente importante a medida que aumenten las tensiones internacionales y las fuerzas políticas extranjeras intenten avivar las disputas y convertirlas en armas para sus propios intereses.

El economista sueco y premio Nobel Gunnar Myrdal señaló, ya en los años setenta, que los sistemas socioeconómicos tienen características de autorrefuerzo. Debido a la inercia social, los países no industrializados se enfrentan a una dificultad mucho mayor que los países desarrollados para transitar hacia sociedades industriales y continuar con el desarrollo industrial. Una serie de factores políticos, económicos, sociales y culturales contribuyen a mantener a estos países en un estado de equilibrio de bajo nivel.[14] El economista singapurense-americano Yuen Yuen Ang afirma que existe un “problema fundamental” en el desarrollo, en el sentido que la prosperidad económica de un país requiere a menudo un fuerte apoyo institucional, “pero la consecución de estas condiciones previas también parece depender del nivel de riqueza económica”.[15] Esto plantea el dilema del huevo o la gallina: muchos países en desarrollo carecen de los recursos necesarios para mejorar su entorno institucional y, en consecuencia, son incapaces de lograr un desarrollo industrial sostenible a largo plazo. A su vez, la economía sigue decayendo y el entorno institucional se deteriora aún más.

Superar este dilema cíclico es esencial para la industrialización africana y el éxito a largo plazo de la cooperación sino-africana. Para invertir este círculo vicioso, es necesario mejorar simultáneamente tanto el “huevo” como la “gallina” -es decir, el crecimiento económico y el desarrollo institucional- y promover un ciclo que se refuerce mutuamente. Sólo cuando todas las partes del proceso de industrialización se esfuerzan por alcanzar el mismo objetivo de promover el crecimiento sostenible de la productividad, pueden formarse sinergias. No obstante, este tipo de cooperación es difícil de lograr en la práctica. En la búsqueda de la industrialización, la mayoría de los miembros de la sociedad no están orientados hacia el crecimiento de la productividad a largo plazo. Sólo pueden ver las actividades locales y perseguir beneficios a corto plazo, desviándose así del objetivo general. Determinar cómo promover el reconocimiento generalizado y el compromiso con la industrialización de todas las partes de la sociedad, es una cuestión importante que los países africanos deben resolver para romper las limitaciones del pasado y lograr un progreso continuo.

Uno de los principales desafíos de la cooperación económica y comercial sino-africana está relacionado con las diferencias de perspectivas y objetivos de las distintas partes.[16] Un ejemplo ilustrativo es la Compañía Textil Amistad Tanzania-China, gestionada conjuntamente por China y Tanzania. Por un lado, los objetivos principales de los directivos chinos son mejorar la productividad y los beneficios de la empresa. Por otro lado, los directivos tanzanos nombrados por el gobierno local no sólo se preocupan por la eficacia operativa, sino también por generar empleo e ingresos fiscales, además de aumentar las compras de algodón de producción local.[17] Del mismo modo, en la construcción de infraestructuras y parques industriales suele haber diferencias en los objetivos de todas las partes implicadas. Por ejemplo, mientras las empresas chinas esperan aumentar sus beneficios y los funcionarios del gobierno chino quieren mejorar las relaciones políticas bilaterales, para los funcionarios del gobierno africano son importantes los ingresos fiscales y las oportunidades de empleo. Por su parte, las poblaciones locales esperan que los proyectos sean beneficiosos para su subsistencia y sus comunidades. Aunque estos objetivos están interrelacionados y son compatibles en muchos aspectos, las distintas prioridades pueden provocar desacuerdos y conflictos. Para alcanzar el consenso y sinergizar los esfuerzos, todas las partes deben hacer los ajustes oportunos para dar prioridad al objetivo más amplio del proceso de industrialización sobre sus respectivos objetivos individuales, encontrar puntos en común respetando las diferencias y lograr resultados mutuamente beneficiosos para todos.

Un proceso similar de adaptación e integración de diferentes perspectivas se produjo también durante las reformas chinas. En diversos momentos de las últimas cuatro décadas, el Estado ha tenido que gestionar diferentes tendencias de la sociedad, como el conservadurismo, el proteccionismo y el liberalismo, mediante la orientación teórica y la gestión administrativa, y en última instancia unificar diversos sectores para luchar por el desarrollo industrial. El reto de la cooperación internacional sino-africana incluye múltiples Estados, cada uno con su propio sistema de gobierno. Los asuntos no pueden resolverse mediante un liderazgo centralizado. La única vía de cooperación son los intercambios en igualdad de condiciones. En este sentido, los socios sino africanos deberían adherirse al espíritu progresista de “atravesar el río tanteando las piedras” (摸着石头过河, mōzhe shítou guòhé), en el que hacen hincapié en una comunicación sólida, la voluntad de ajuste y compromiso, la comprensión mutua y el consenso. En el ejemplo mencionado de la Compañía Textil Amistad Tanzania-China, la parte china respeta las tradiciones e intereses tanzanos, conserva a un gran número de empleados con muchos años de antigüedad y dialoga activamente con las organizaciones sindicales, al tiempo que subraya la naturaleza de mercado de la empresa, introduce el sistema de primas a destajo e identifica áreas para mejorar la productividad.[18] Del mismo modo, en los proyectos de parques industriales e infraestructuras, la cooperación sino-africana ha aprendido del rápido desarrollo económico de China en los últimos cuarenta años, pero no se limita a un molde fijo. Se guía por el principio de “todos ganan” en la búsqueda de un crecimiento económico sostenible a largo plazo, teniendo en cuenta las necesidades de un mayor número de partes y estando dispuesta a sacrificar algunos beneficios comerciales a corto plazo por intereses políticos y sociales más amplios.[19]

Evidentemente, el intercambio de ideas no siempre llevará a las partes colaboradoras a alcanzar un entendimiento mutuo. Pero a largo plazo, estos intercambios son esenciales y constituyen el método más eficaz para garantizar el desarrollo continuo y profundo de la cooperación sino-africana. En última instancia, la industrialización africana sólo podrá realizarse gracias a las fuerzas motrices internas. Este es un punto en el que China hace hincapié en su asociación con los países africanos, basándose en su propia experiencia de desarrollo. Es un enfoque que difiere mucho del de los países occidentales.

Naturaleza y significado de la relación sino-africana

Occidente tiende a adoptar una postura condescendiente hacia el desarrollo y la industrialización de África. Ya sea en su papel de gobernante colonial, soberano o donante, los países desarrollados occidentales han juzgado a menudo a los países africanos según sus propios sistemas políticos y económicos. Han criticado a África por considerarla “atrasada” imponiendo sus propios modelos al continente. Por ejemplo, en la era del Consenso de Washington, Estados Unidos y los países europeos utilizaron a menudo métodos coercitivos como la retención de la ayuda y la promulgación de sanciones para obligar a los países africanos a aplicar las políticas económicas occidentales de libre mercado. En consecuencia, el enfoque occidental no sólo no ha logrado integrarse orgánicamente en las sociedades africanas. También ha fomentado la división y el malestar, retrasando los esfuerzos africanos por lograr una transformación industrial global y sostenible.

En su propia historia y desarrollo, China ha experimentado presiones externas y reveses similares a los de los países africanos. A través de su propia exploración, China ha encontrado un camino eficaz hacia la industrialización. Por ello, China tiene una perspectiva y una comprensión diferentes a las de Occidente cuando se trata de las contradicciones, los retos y las complejidades a las que se enfrentan los países en desarrollo en la búsqueda de la industrialización. En sus relaciones con los países africanos, China hace hincapié en la importancia del desarrollo económico y el crecimiento continuo de la productividad. Al mismo tiempo, persigue constantemente su propia modernización y crecimiento industrial, espera también promover el desarrollo común con África, salir de la pobreza y el subdesarrollo, y dejar de estar controlada y oprimida por Occidente. Para ello, China coopera con los países africanos en torno al objetivo de mejorar la productividad. Mantiene una actitud abierta y pragmática respecto a la forma en que los países africanos persiguen la transformación económica en sus diversas y singulares condiciones nacionales. En lugar de imponer cualquier política al continente africano, China anima a cada país a seguir su propio camino de desarrollo y a no seguir ciegamente ningún modelo. La BRI, que promueve la conectividad de las infraestructuras, el comercio, la integración financiera, las políticas complementarias y los intercambios entre personas, se guía por los principios del desarrollo colaborativo y la soberanía nacional.

El singular enfoque de la cooperación industrial sino-africana no sólo es necesario para el crecimiento económico, sino que también está guiado por un profundo pensamiento político. En su cooperación con los países africanos, China, al tiempo que hace hincapié en el desarrollo económico y la eficiencia del mercado, no ignora el ámbito político. El énfasis de China en la productividad procede de su propia experiencia práctica en la lucha contra el dominio de las potencias occidentales: sólo con una economía de mercado y un desarrollo industrial ha podido el país resistir la influencia y la injerencia extranjera. Esta orientación también es coherente con la prolongada política china de apoyo a la independencia y soberanía de los países africanos y de oposición al hegemonismo occidental. En la época contemporánea, el apoyo político internacional es más eficaz y sostenible a través de medios económicos. Al mismo tiempo, el énfasis en el intercambio igualitario en la cooperación sino-africana no es una postura puramente política. Por el contrario, se guía por el hecho de que la cooperación y la comunicación a largo plazo son necesarias para el establecimiento de un nuevo mercado global y un sistema industrial que se libere del histórico círculo vicioso del “huevo o la gallina”.

A medida que los países africanos avancen en su camino hacia la industrialización, los diferentes estratos sociales se verán afectados de maneras drásticamente distintas y tendrán sentimientos y opiniones marcadamente diferentes sobre las reformas económicas. Esto constituye a la vez un serio reto y una oportunidad histórica para la cooperación industrial sino-africana. A medida que las infraestructuras, las instalaciones industriales y otros proyectos chinos sigan desarrollándose en África, ambas partes profundizarán su entendimiento mutuo y su integración a través de la práctica. Tanto desde una perspectiva económica como política, China y África comparten el mismo objetivo general de promover la industrialización. Por lo tanto, pueden superar las barreras y los contratiempos temporales mediante la comunicación y el ajuste. En ese proceso gradual, la cooperación abundante y amplia a múltiples niveles puede ayudar a China y África a construir una conexión y un consenso más estrechos y profundos.

Bibliografía

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Notas del autor

1. Unión Africana, Action Plan for the Accelerated Industrial Development of Africa [Plan de Acción para el Desarrollo Industrial Acelerado de África] (Adís Abeba: Unión Africana, 2007), https://au.int/web/sites/default/files/documents/30985-doc-plan_of_action_of_aida.pdf.

2. Adam Smith, An Inquiry into the Nature and Causes of the Wealth of Nations [Una investigación sobre la naturaleza y las causas de la riqueza de las naciones](Edimburgo: Thomas Nelson Press, 1843), 3-5.

3. Tang Xiaoyang y Tang Xiyuan, “从政府推动走向市场主导:海外产业园区的可持续发展路径” [De la iniciativa gubernamental a la orientación al mercado: el camino hacia el desarrollo sostenible de las zonas industriales de ultramar], 外交评论 [Revista de Asuntos Exteriores], no. 6 (2019).

4. “ENR’s 2018 Top 250 International Contractors” [Los 250 mejores contratistas Internacionales de 2018 según ENR], Engineering News-Record [Noticias y Ranking de Ingeniería], agosto de 2018, https://www.enr.com/toplists/2018-Top-250-International-Contractors-1.

5. Lin Songtian, “外交部非洲司司长林松添在中非智库论坛第五届会议全体会上的发言” [Palabras de Lin Songtian, Director General del Departamento de Asuntos Africanos del Ministerio de Asuntos Exteriores, en la Sesión Plenaria de la Quinta Reunión del Foro de Grupos de Reflexión China-África], Ministerio de Asuntos Exteriores de la República Popular China, 18 de abril de 2016.

6. Justin Yifu Lin, “From Flying Geese to Leading Dragons: New Opportunities and Strategies for Structural Transformation in Developing Countries” [De gansos voladores a líderes dragones: nuevas oportunidades y estrategias para la transformación estructural en los países en desarrollo], Policy Research Working Paper 5702 [Documento de trabajo en investigación de formulación de políticas], Banco Mundial, Washington, DC, junio de 2011, https://papers.ssrn.com/sol3/papers.cfm?abstract_id=1871599.

7. Tang Xiaoyang, “The Impact of Asian Investment on Africa’s Textile Industries” [El impacto de la inversión asiática en la industria textil africana], Centro Carnegie-Tsinghua para Política Global, Pekín, agosto de 2014, https://carnegieendowment.org/files/china_textile_investment.pdf.

8. Tang Xiaoyang, Coevolutionary Pragmatism: Approaches and Impacts of China-Africa Economic Cooperation [Pragmatismo coevolutivo: enfoques e impactos de la cooperación económica China-África] (Cambridge: Cambridge University Press, 2020).

9. Sun Jian (fundador del Grupo Wangkang), entrevista por el autor, Estado de Ogún, Nigeria, julio de 2014.

10. Yang Yang, “China Becomes World Leader in Industrial Economy Scale” [China se convierte en líder mundial de la economía industrial a gran escala], Diario de China, 23 de septiembre de 2019, https://global.chinadaily.com.cn/a/201909/23/WS5d888ad6a310cf3e3556cf80.html.

11. Tang Xiaoyang, “8 Geese Flying to Ghana? A Case Study of the Impact of Chinese Investments on Africa’s Manufacturing Sector” [¿8 gansos volando hacia Ghana? Estudio del impacto de las inversiones chinas en el sector manufacturero africano], Journal of Contemporary China [Revista de la China Contemporánea] 27, no. 114 (2018).

12. Irene Yuan Sun, Kartik Jayaram y Omid Kassiri, “Dance of the Lions and Dragons: How Are Africa and China Engaging, and How Will the Partnership Evolve?” [Danza de leones y dragones: ¿Cómo se relacionan África y China y cómo evolucionará la asociación?], McKinsey & Compañía, junio de 2017, https://www.mckinsey.com/~/media/mckinsey/featured%20insights/middle%20east%20and%20africa/the%20closest%20look%20yet%20at%20chinese%20economic%20engagement%20in%20africa/dance-of-the-lions-and-dragons.ashx.

13. Tang, Coevolutionary Pragmatism [Pragmatismo coevolutivo].

14. Gunnar Myrdal, The Challenge of World Poverty: A World Anti-Poverty Program in Outline [El desafío de la pobreza en el mundo: Esbozo de un programa mundial de lucha contra la pobreza] (London: Allen Lane, 1970), 268.

15. Yuen Yuen Ang, How China Escaped the Poverty Trap [Cómo China escapó de la trampa de la pobreza] (Ithaca: Cornell University Press, 2016), 1.

16. Kuang Lulin, “文化差异对中非经贸合作的影响及其应对” [La influencia de las diferencias culturales en la cooperación económica y comercial sino-africana y las medidas de respuesta], 产业与科技论坛 [Revista de la Ciencia e Industria], no. 3, 2019.

17. Wu Bin (Gerente General de la Compañía Textil Tanzania-China Friendship), entrevistas con el autor, Dar es Salaam, Tanzania, septiembre de 2011 y agosto de 2014.

18. Wu Bin, entrevistas.

19. Tang, Coevolutionary Pragmatism [Pragmatismo coevolutivo].

El recorrido de África hacia la industrialización: ¿Cómo puede China contribuir al desarrollo económico del continente? | 03.10.2023

Pan Jianglong (潘江龙), Al este del Sáhara (撒哈拉以东), 2017. Técnica mixta sobre lienzo, 120 x 120 cm. Crédito: Fondo Nacional de las Artes de China.


El recorrido de África hacia la industrialización: ¿Cómo puede China contribuir al desarrollo económico del continente?

Zhou Jinyan

Zhou Jinyan (周瑾艳) es profesora adjunta en la Academia de Gobernanza Global y Estudios Regionales de Shanghái (SAGGAS) de la Universidad de Estudios Internacionales de Shanghái (SISU). Sus investigaciones recientes se han centrado principalmente en las vías de desarrollo africanas y en la comparación de la cooperación al desarrollo china y occidental con África. Ha realizado viajes de estudio a Angola, Etiopía, Tanzania y Ruanda.

“El recorrido de África hacia la industrialización: ¿Cómo puede China contribuir al desarrollo económico del continente?” (中国方案与非洲自主工业化的新可能) se publicó originalmente en Wenhua Zongheng (文化纵横), núm. 1 (febrero de 2019).

Desde que conquistaron su independencia, los países africanos han perseguido incansablemente la industrialización, tratando de superar su situación de dependencia en el orden económico mundial. La Organización de la Unidad Africana (precursora de la Unión Africana) y, posteriormente, la Asamblea General de las Naciones Unidas declararon, en 1989, el 20 de noviembre como el Día de la Industrialización de África para fomentar la sensibilización y la cooperación internacionales en torno a la industrialización africana. Lamentablemente, estas aspiraciones aún no se han hecho realidad.

Durante el siglo XXI se han producido importantes cambios en el desarrollo económico del continente. Las relaciones entre África y las economías emergentes, incluida China, se han desarrollado rápidamente, alterando la posición estratégica del continente dentro de la globalización. Un período de altas tasas de crecimiento entre 2000 y 2014 dio lugar al surgimiento de una narrativa de “África en ascenso” en los medios de comunicación occidentales. Ello, a medida que la imagen de África pasaba de ser la de un “continente de la desesperación” a la de un “continente lleno de esperanza”.[1] Sin embargo, tras las imágenes del “ascenso de África”, las cifras subyacentes siguen siendo desalentadoras. En 1970, la participación de África en el sector industrial mundial se situaba en torno al 3%; en 2014, ese porcentaje cayó a menos del 2%. Al mismo tiempo, en 2017, la proporción media de la industria manufacturera en el Producto Interno Bruto (PIB) del África subsahariana rondaba el 10%, casi al mismo nivel que en la década de 1970. Salvo en unos pocos países como Sudáfrica, Egipto, Nigeria y Marruecos, la tasa de crecimiento de la industria manufacturera en la mayoría de los países africanos ha ido siempre a la zaga de la tasa de crecimiento económico general. En resumen, África ha experimentado un crecimiento sin industrialización, y sus elevadas tasas de crecimiento económico se deben al aumento de la demanda y de los precios de los recursos naturales, lo cual lo hace insostenible.

Mediante un análisis de las experiencias africanas en el recorrido hacia la industrialización, este documento intenta responder a tres preguntas: ¿por qué han fracasado las décadas de ayuda occidental para promover la industrialización africana? ¿Qué exploraciones han hecho los países africanos en su recorrido hacia la industrialización? Y por último, como participante y alumno en el camino hacia la industrialización, ¿qué puede aportar China a la industrialización de África?

El fracaso de las recetas de Occidente para el desarrollo

En la década de 1960, los estados africanos recién independizados comenzaron a embarcarse en el camino del desarrollo industrial. Sin embargo, seis décadas después, todavía no han logrado hacer realidad la industrialización. A menudo las explicaciones populares atribuyen las causas del bajo nivel de desarrollo del continente a factores endógenos como el clima, la geografía, la diversidad étnica y la cultura. Sin embargo, estas explicaciones no toman en cuenta el hecho que tales problemas han existido de una forma u otra en todos los países actualmente desarrollados.[2] Además, a menudo minimizan o ignoran el impacto histórico y continuo de la intervención occidental en el continente. El colonialismo transformó a África en una fuente de materias primas para las potencias imperialistas y un vertedero de mercancías, provocando subdesarrollo en varios aspectos. Por ejemplo, los primeros gobernantes coloniales crearon sistemas educativos enfocados en formar empleados para asistir en la administración de las colonias, en lugar de formar ingenieros y científicos. En las últimas décadas, las recetas y modelos fallidos impuestos por Occidente a África también han impactado negativamente en el desarrollo del continente.

En Occidente ha habido muchas disputas sobre el rol adecuado del Estado y del mercado en el desarrollo económico. Durante la primera mitad del siglo XX, destacados economistas occidentales como John Maynard Keynes propusieron teorías que abogaban para que los gobiernos reforzaran su intervención y regulación sobre la economía. Estas políticas se aplicaron ampliamente en Europa Occidental y Estados Unidos hasta finales de los años 70 y principios de los 80, cuando la intervención estatal quedó desacreditada en favor del liberalismo económico. Los países occidentales consideraron que los modelos económicos dirigidos por el Estado ya no eran sostenibles y comenzaron a aplicar políticas neoliberales, como la privatización de empresas estatales e instituciones públicas, la liberalización del comercio, la relajación de la normativa industrial nacional y el endurecimiento del gasto público.[3] Occidente también impuso por la fuerza políticas neoliberales en gran parte del mundo y a menudo probó sus ideas neoliberales en países del Sur Global, incluida África, obstaculizando la búsqueda de su industrialización. La imposición de la ideología y teorías económicas occidentales ha limitado a los países africanos en la formulación de estrategias de desarrollo adecuadas a sus condiciones nacionales.[4]

En las décadas de 1960 y 1970, los países africanos recién independizados implementaron una variedad de estrategias de desarrollo lideradas por el Estado. Sin embargo, el desempeño económico del continente quedó rezagado respecto a otras regiones en desarrollo. Se culpó de ello a los modelos de desarrollo dirigidos por el Estado, tanto por el lento crecimiento económico, como por la ineficiencia gubernamental y la corrupción. Junto con las continuas crisis de divisas que afligieron a la mayoría de los países africanos durante la década de 1980, no tuvieron más remedio que recurrir a las instituciones de Bretton Woods y aceptar los programas de ajuste estructural impuestos por el Fondo Monetario Internacional y el Banco Mundial. Durante las siguientes décadas, la ola mundial de liberalización económica, desregulación y privatización dirigida por Occidente se extendió por África. Siguiendo las recetas neoliberales, los países africanos fueron esencialmente desindustrializados, deshaciendo gran parte de los avances logrados en las décadas anteriores. Las políticas de laissez-faire no trajeron el desarrollo y la prosperidad a África. En las décadas de 1960 y 1970, el ingreso per cápita en el África subsahariana creció a un ritmo del 1,6% anual; entre 1980 y 2004, el mismo disminuyó un 0,3% anual.[5]

En la primera década del siglo XXI, la mayoría de los países africanos experimentaron un rápido crecimiento económico debido al auge de las materias primas. Sin embargo, debido a la ausencia de estrategias de industrialización bajo el neoliberalismo, pocos países africanos pudieron lograr transformaciones económicas estructurales y actualizaciones tecnológicas. Durante este período, el Banco Mundial y los países donantes occidentales cambiaron el enfoque de su ayuda a África hacia “mejorar el entorno empresarial”, promoviendo reformas favorables al sector privado que, según afirmaban, llevarían al desarrollo industrial.[6] Según una investigación realizada por la Brookings Institution en ocho economías subsaharianas, este programa de ayuda fue “mal aplicado e insuficiente”.[7] De hecho, las reformas para mejorar el entorno empresarial son inadecuadas para abordar los retos a los que se enfrentan las economías africanas en la competencia industrial mundial. Además, incluso en los países africanos de bajos ingresos con entornos empresariales extremadamente precarios, es posible lograr un crecimiento rápido en industrias y áreas específicas.[8] Las políticas orientadas a mejorar el entorno empresarial reflejan la creencia de la comunidad de ayuda occidental: la industrialización solo puede construirse sobre fundamentos neoliberales. El economista chino Wen Yi (文一) resumió el problema con la receta de desarrollo occidental como “tomar el techo como el cimiento, tomar el resultado como la causa […] tomar los resultados de la industrialización occidental como el requisito previo para el desarrollo económico”.[9]

La ayuda occidental ha promovido la dependencia económica en África, mientras que la hegemonía política, económica e ideológica de Occidente ha reducido el espacio político y la autonomía de África. Desde los programas de ajuste estructural neoliberales hasta las estrategias de reforma destinadas a mejorar el entorno empresarial y de inversión, las recetas occidentales no han contribuido al desarrollo africano. Según este modelo, una parte significativa de las políticas de desarrollo africanas se ha formulado fuera del continente, sin la contribución y el liderazgo del pensamiento de desarrollo autóctono africano. En materia de desarrollo económico e industrialización, las posiciones dominantes en el panorama intelectual están en manos de políticos y académicos con sede en Washington y París. El pensamiento y análisis africano independiente ha sido marginado, desalentado a los países africanos que no han logrado formular estrategias de industrialización basadas en sus condiciones nacionales.

Finalmente, dos factores adicionales han impedido que la ayuda occidental promueva la industrialización en África. En primer lugar, los países donantes occidentales están preocupados de que, si África logra la industrialización, el continente competirá con ellos; por lo tanto, limitan el avance de África en la escalera industrial. En segundo lugar, los países occidentales industrializados han trasladado sus industrias intensivas en mano de obra y manufactura de bajo nivel y alta contaminación a Asia Oriental, y han ingresado en una etapa posindustrial de desarrollo. Bajo esta división global de la industria, Occidente no necesita transferir industrias a África y, por lo tanto, no está motivado para promover la industrialización africana.

La búsqueda de África de un camino independiente hacia la industrialización

En los últimos años, se ha puesto un renovado énfasis sobre la industrialización en África. La Unión Africana (UA), varias organizaciones regionales y la mayoría de los países africanos han publicado diversas estrategias de industrialización. La Agenda 2063 de la UA presenta una propuesta clara de transformación económica en el continente a través del desarrollo industrial, especialmente en la manufactura, con el fin de aumentar el valor agregado de los recursos Africanos, mejorar los niveles de empleo y aumentar los ingresos de la población.

En todo el continente, se está formando gradualmente un consenso en torno a la idea que la industrialización es esencial para la transformación económica, el desarrollo sostenible y la modernización de África. El siguiente paso clave es determinar cómo promover eficazmente la industrialización. En la actualidad, las exploraciones africanas de una vía soberana hacia la industrialización se centran en cuatro áreas principales.

1. El rol del Estado y del mercado en la industrialización. A diferencia de los años ochenta y noventa, cuando el fundamentalismo de mercado estaba en su apogeo en África, en el período actual pocos gobiernos niegan completamente el papel del Estado en la industrialización. Sin embargo, persisten desacuerdos en cuanto a la naturaleza y alcance de este rol. Es decir, si el Estado debe centrarse en proporcionar bienes públicos como educación, investigación y desarrollo, e infraestructura cuando el suministro del mercado es insuficiente, o si el Estado debe intervenir directamente en la economía e influir en la asignación de recursos, como apoyar ciertas industrias o empresas, remodelando así el proceso de desarrollo económico. En 2016, la Comisión Económica de las Naciones Unidas para África (CEPA) publicó Política industrial transformadora para África, que enfatizaba la importancia de la política industrial para promover el desarrollo económico nacional y la transformación estructural. El documento argumenta que “el sector manufacturero ha sido el motor del desarrollo económico” y que “el sector manufacturero en un país económicamente rezagado no puede desarrollarse sin una política industrial inteligente y coherente”. El principal autor de Política industrial transformadora para África, el economista coreano Ha-Joon Chang, es un destacado defensor de la política industrial, que sostiene desde hace tiempo que la intervención estatal en la industrialización ha sido esencial para el desarrollo de todos los países ricos actuales. En contra de la narrativa fundamentalista del mercado, Chang sostiene que estos países adoptaron grados significativos de proteccionismo en las primeras fases de su desarrollo económico y han seguido haciéndolo durante gran parte del periodo posterior a la Segunda Guerra Mundial. En consecuencia, Chang sostiene que los países en desarrollo deberían rechazar las recetas neoliberales occidentales y aplicar políticas industriales en su camino hacia la industrialización. Se ha convertido en una voz influyente en los debates sobre industrialización que tienen lugar en el continente africano. Aunque la mayoría de los países africanos se han alejado de los modelos de industrialización por sustitución de importaciones de la posguerra y ahora tienden a adoptar políticas orientadas a la exportación dirigidas a los mercados exteriores, Chang señala a Etiopía y Ruanda como países africanos que han tenido experiencias exitosas de política industrial en la era actual y pide a los responsables políticos que estudien una amplia gama de países, industrias y medidas para desarrollar una amplia “imaginación política”.

2. La interacción entre la integración regional y la industrialización. El tema elegido en 2009 para el Día de la Industrialización de África fue “industrialización para la integración” y, en 2017, se hizo hincapié en que el “desarrollo industrial africano” era “una condición previa para una zona de libre comercio continental eficaz y sostenible”. De hecho, desde que obtuvieron su independencia, los países africanos han establecido la integración regional y la industrialización como las “dos alas” para transformar la posición marginal de África en el sistema político y económico global. La industrialización impulsa el desarrollo económico de África y ayuda a aumentar la participación de África en la producción y el comercio mundial, mientras que la integración regional fomenta el comercio intrafricano y beneficia el desarrollo industrial. En marzo de 2018, 44 países africanos firmaron el acuerdo del Área de Libre Comercio Continental Africana (AfCFTA, por sus siglas en inglés) en Kigali, Ruanda, marcando un hito en el establecimiento de un mercado africano unificado.

En la actualidad, el 86% del comercio total de África sigue realizándose con otras regiones del mundo, no dentro del continente.[10] Sin embargo, en marcado contraste con la composición de las exportaciones africanas a otras regiones del mundo, que consiste en gran medida en productos primarios sin procesar, dos tercios del comercio intrafricano son productos manufacturados.[11] Se espera que el acuerdo AfCFTA aumente las oportunidades comerciales intrafricanas, cree un mercado continental más amplio, sirva de trampolín para la industrialización africana y refuerce aún más la independencia y autonomía del continente. Aunque varios países africanos disfrutan de un trato preferencial libre de aranceles para la entrada de sus productos en los mercados estadounidense y europeo a través de la Ley estadounidense para el Crecimiento y la Oportunidad en África (AGOA, por sus siglas en inglés) y el plan “Todo menos armas” (TMA) de la Unión Europea, el continente está sujeto a otros impedimentos e inevitablemente sufre un trato injusto. Por ejemplo, en 2016, los países miembros de la Comunidad del África Oriental (CAO) acordaron reducir progresivamente la importación de ropa de segunda mano hasta prohibirla por completo en 2019, para apoyar a la industria textil local. Ese mismo año, Tanzania, Ruanda y Uganda, miembros de la CAO, aumentaron sus tipos arancelarios sobre la ropa de segunda mano importada. Estas medidas desencadenaron una disputa comercial con Estados Unidos, y la administración Trump amenazó con cancelar los beneficios comerciales relacionados con la AGOA para los tres países.

3. El desarrollo coordinado de la urbanización y la industrialización. En su Informe Económico sobre África de 2017, Urbanización e industrialización para la transformación de África, la CEPA/UNECA escribió que la rápida urbanización de África debe aprovecharse como fuerza motriz para el desarrollo industrial del continente.[12] En otras partes del mundo, la urbanización ha estado estrechamente vinculada a la industrialización, habiéndose logrado la urbanización mediante la mejora de la productividad agrícola y el aumento de la producción industrial. Sin embargo, el informe señala que la urbanización de África se ha desconectado de su desarrollo industrial y de una transformación económica estructural más amplia. África no ha logrado un desarrollo coordinado de la industrialización y la urbanización, lo que ha dado lugar a la creación de “ciudades de consumo”, con altos niveles de importaciones, bajos niveles de creación de empleo formal y principalmente servicios de baja productividad, en lugar de “ciudades productivas”.[13] Reducir la brecha entre urbanización e industrialización y reconectar estos dos desarrollos de forma mutuamente beneficiosa es un reto importante para África.

4. El papel dominante de la industria manufacturera en el desarrollo económico. La historia del desarrollo de los países ricos de hoy revela que la industria manufacturera ha sido siempre el motor del desarrollo económico. Pocos países han conseguido desarrollar sus economías sin una sólida base manufacturera. No obstante, algunos occidentales sostienen que la importancia del sector servicios está superando cada vez más a la de la industria manufacturera y que África puede “saltarse” la industrialización. Por ejemplo, en 2017, Joseph E. Stiglitz, ex economista jefe del Banco Mundial y premio Nobel de Economía, sostuvo que África no puede replicar el modelo liderado por la industria manufacturera de Asia Oriental y que la industria moderna de servicios será el motor del desarrollo económico de África.[14] Del mismo modo, en 2018, la Brookings Institution y el Instituto Mundial de Investigaciones de Economía del Desarrollo de la Universidad de las Naciones Unidas (UNU-WIDER) publicaron conjuntamente Industria sin Chimeneas: La Industrialización en África Reconsiderada. La publicación proponía que los servicios comercializables (por ejemplo, los servicios basados en la información y las comunicaciones, el turismo y el transporte y la logística), la agroindustria y la horticultura pueden impulsar el crecimiento económico y la transformación estructural de África.[15]

Sin embargo, sobre el papel de la industria manufacturera en la estrategia de industrialización del continente y las prescripciones occidentales en materia de desarrollo, África tiene una comprensión sobria. En la Agenda 2063 de la UA y las políticas industriales formuladas por la UNECA, se entiende claramente que la industria manufacturera es la base y la clave para la creación de empleo, la transformación económica y el desarrollo de la región. En 2016, Kingsley Moghalu, ex vicegobernador del Banco Central de Nigeria, instó a los países africanos a “rechazar la noción engañosa de que pueden unirse a Occidente convirtiéndose en sociedades posindustriales sin haber sido antes industriales”.[16]

Aun así, expertos occidentales en tecnología como Alec Ross, han seguido afirmando que los países africanos pueden utilizar la tecnología para “dar un salto económico”, señalando a Ruanda como ejemplo.[17] En su libro de 2016, Las industrias del futuro, Ross escribió que “la idea es que Ruanda pase directamente de una economía agrícola a una economía basada en el conocimiento, evitando por completo la fase industrial”.[18] Sin embargo, tales afirmaciones pasan por alto el hecho de que la industria manufacturera sigue siendo el principal motor de la economía del conocimiento; incluso Ruanda, que ya ha desarrollado rápidamente este sector, sigue impulsando vigorosamente su industria manufacturera.

África ha formulado una serie de estrategias para la industrialización, como la mejora de las infraestructuras, la atracción de inversiones extranjeras, el fomento de la integración regional, la coordinación del desarrollo de la agricultura y la industria, la creación de zonas económicas especiales y parques industriales, y la integración en las cadenas industriales mundiales. Mientras África promueve activamente su industrialización, el socio estratégico más importante del continente, China, está experimentando su propia transformación económica nacional y su modernización industrial. En China, hay un exceso de capacidad en los sectores del acero y el cemento, los costes laborales están aumentando y las industrias intensivas en mano de obra se enfrentan a dificultades. Mientras tanto, África, con una mano de obra joven y un gran mercado, necesita industrializarse. En este periodo, existen importantes oportunidades para que África y China complementen mutuamente sus objetivos. Qué papel desempeñará China en el camino de África hacia la industrialización y si el enfoque chino puede aportar a África ideas distintas de las recetas occidentales, son cuestiones importantes para la relación China-África en el futuro.

Cómo puede contribuir China al desarrollo industrial de África

En el marco del Foro de Cooperación China-África (FOCAC), establecido en el año 2000, China se ha comprometido a colaborar con África para superar los obstáculos al desarrollo, como el déficit de infraestructuras, la formación de trabajadores especializados y la falta de financiamiento. Las iniciativas del FOCAC han estado constantemente orientadas a la cooperación relacionada con la capacidad industrial, incluidos los “diez principales planes de cooperación China-África” propuestos en la Cumbre de Johannesburgo de 2015 y las “ocho principales iniciativas en colaboración con África” planteadas en la Cumbre de Pekín de 2018. Las contribuciones de China a la industrialización africana se sitúan en tres áreas principales: construcción de infraestructuras; ofrecer nuevas opciones de desarrollo compartiendo sus propias experiencias; y cambiar el paradigma de la cooperación internacional, mejorando la posición global de África a través de la cooperación China-África.

1. China apoya la industrialización africana mediante la construcción de infraestructuras. África tiene un grave déficit de infraestructuras: en el sector energético, esto se traduce en frecuentes apagones y electricidad costosa. La frágil red de transportes obstaculiza la integración económica regional. Además, con una población de unos 1.400 millones de personas, el continente sólo cuenta con 64 puertos marítimos. En este sentido, China ha sido un socio importante, construyendo un gran número de ferrocarriles, carreteras, aeropuertos, puertos marítimos y otras infraestructuras de transporte, así como infraestructuras energéticas e hidráulicas en África. China también se ha comprometido a apoyar la construcción y expansión de una red africana de trenes de alta velocidad, autopistas y aviación. En las décadas de 1950 y 1960, la ayuda exterior china seguía un modelo “llave en mano” que, en algunos casos, encontró dificultades operativas tras la entrega. Tras estas experiencias, China ahora dedica gran atención al mantenimiento y la explotación posteriores de los proyectos de infraestructuras extranjeros y se esfuerza cada vez más por combinar la construcción de infraestructuras en África con la cooperación en materia de capacidad industrial. Por ejemplo, los parques industriales construidos por China en Etiopía han creado sinergias con el ferrocarril Adís Abeba-Djibouti, construido por China, ayudando al país a establecer un corredor económico y a promover el desarrollo industrial.

2. Las experiencias de desarrollo de China demuestran vías alternativas de industrialización para los países africanos. Mientras que las potencias occidentales imponían su modelo neoliberal en el Sur Global, provocando la desindustrialización de muchos países en desarrollo, China tomó un camino diferente. En palabras de Liu He (刘鹤), economista chino y ex viceprimer ministro, “China se adhirió a sus propias características y no copió ciegamente el modelo occidental […] En contraste con los planteamientos de ‘o lo uno o lo otro’ y de ‘blanco o negro’ de los economistas occidentales hacia cuestiones como los derechos de propiedad y la competencia, China encontró un término medio basado en sus condiciones concretas y recorrió un camino sinuoso y único en lo que respecta a la cuestión de la mercantilización”.[19] Las experiencias chinas en materia de industrialización aportan lecciones sobre numerosos aspectos del desarrollo, de las cuales los países africanos pueden aprender. Entre ellas, la unidad dialéctica de la reforma, el desarrollo, la estabilidad y la innovación; la gestión de las relaciones entre el gobierno, el mercado y la sociedad; la importancia de un liderazgo capaz y con una fuerte voluntad política; la necesidad de definir estrategias claras; y diversos proyectos de infraestructuras, industriales y otros proyectos de desarrollo. Además, China ha acumulado años de experiencia en colaborar con países desarrollados de forma constructiva para mejorar su propia capacidad productiva. Al cooperar con África en el desarrollo de su capacidad industrial y facilitar la transferencia de tecnología, China puede aprovechar y compartir sus propias experiencias similares en el desarrollo de la capacidad productiva, la urbanización y la industrialización.

Al compartir su experiencia, China puede proporcionar conocimientos a los países africanos. Esta contribución y este papel no son menos importantes que la construcción de carreteras y puentes. Aunque China no ha impuesto a otros su propio modelo de desarrollo, los países africanos han expresado su deseo de aprender de la experiencia china. Tres principios importantes de la experiencia de desarrollo de China incluyen el trascender marcos, paradigmas y modelos dogmáticos; partir de las propias condiciones concretas y afinar las propias acciones basándose en experiencias y lecciones. Por ejemplo, en 2017, la Mesa Redonda de Directores Ejecutivos de Tanzania (CEO Roundtable of Tanzania), que reúne a directores ejecutivos de 200 de las mayores empresas del país, publicó un libro sobre industrialización en el que se estudia en profundidad la experiencia de China. Citando la creación de la Zona Económica Especial de Shenzhen en 1980 por Deng Xiaoping (邓小平), los autores escriben que “empezar poco a poco y experimentar nos permitiría fracasar rápido, aprender rápido y cambiar las cosas rápidamente y según fuera necesario. Tras afinar el modelo a lo largo del tiempo, podremos extenderlo con mayor calidad a todo el país, en lugar de hacerlo de forma instantánea, quizá con menor calidad, dada su limitada capacidad financiera y de ejecución, sin poder afinarlo ni gestionarlo con eficacia cuando se enfrente a retos, y acabando así con un programa nacional de industrialización desastroso”.[20] Es importante señalar que no existe un “consenso chino” o un “modelo chino” con respecto al desarrollo económico. La relación entre China y África es de aprendizaje mutuo, más que de instrucción unidireccional.

En este sentido, lo que es útil para los países africanos y otros países en desarrollo no es simplemente un resumen de las experiencias exitosas de China. Igualmente importante, es la comprensión de los fracasos de China. En una entrevista que le realicé a principios de 2018, a Arkebe Oqubay, Gran Ministro y Asesor Especial del Primer Ministro de Etiopía, y diseñador jefe de los parques industriales de Etiopía, se refirió a este punto: “Sabemos que no todos los parques industriales de China han tenido éxito, algunos han fracasado. Pero durante mi investigación en China, no pude encontrar ningún documento o informe que resumiera estas lecciones de los fracasos”. Determinar cómo resumir y comunicar de forma exhaustiva las experiencias de industrialización de China es un aspecto importante de la cooperación China-África en la actualidad.

3. Las relaciones China-África pueden desarrollar un nuevo paradigma de cooperación internacional y mejorar la posición estratégica, el espacio político y la autonomía del continente. En la cumbre del Grupo de los Veinte (G20) de 2016, China presentó por primera vez una propuesta para apoyar la industrialización en África y en el grupo de países menos desarrollados designados por la ONU. Las discusiones occidentales relacionadas con África suelen girar en torno al uso de la ayuda para resolver la pobreza. Sin embargo, la ayuda por sí sola no puede resolver la pobreza ni promover la industrialización. En cambio, la cooperación China-África se centra en el desarrollo, combinando ayuda, comercio, inversión y otros medios para contribuir al desarrollo independiente del continente.

Uno de los aspectos más significativos de la cooperación China-África es su influencia indirecta en la forma en que los países occidentales se relacionan con el continente africano. Debido a su preocupación por la creciente asociación China-África, los países occidentales se han visto presionados, hasta cierto punto, para no tratar a los países africanos como simples receptores de ayuda, sino como socios comerciales y de inversión. La naturaleza de la relación ha cambiado gradualmente, y África ha podido mejorar su posición global, convirtiéndose en un semillero de inversiones. En los últimos años, por ejemplo, la alemana Volkswagen ha invertido y construido fábricas en Sudáfrica, Nigeria y Kenia. Así mismo, la empresa de logística estadounidense Zipline ha puesto en marcha una fábrica de ensamblaje de drones en Ruanda. Estos avances podrían ser prometedores para la industrialización de África.

En última instancia, el verdadero motor de la industrialización africana está en manos de los propios países africanos. El capital, la tecnología y la experiencia de China, o de otros países, sólo pueden apoyar estos esfuerzos. Por ejemplo, proyectos o formas de cooperación similares pueden tener resultados muy distintos en países diferentes. En el caso de la construcción de parques industriales, la Zona Industrial Oriental de Etiopía, construida por China, no sólo logró crear decenas de miles de puestos de trabajo a nivel local. También dio lugar a la introducción de la primera normativa sobre parques industriales del país. Sin embargo, en Angola, un país rico en petróleo, la Zona del Parque Industrial de Viana no logró ni siquiera lo básico de “tres conexiones y una nivelación” (三通一平, sāntōng yīpíng). Es decir, garantizar que una obra esté conectada al agua, la electricidad y las carreteras, y que el terreno esté nivelado antes de iniciar un proyecto. Esto, porque la parte local que recibió los terrenos no logró establecer ni operar con éxito actividades comerciales en el parque industrial. Para apoyar con éxito la industrialización africana, China debe alinear su enfoque con las estrategias nacionales específicas de desarrollo de los países africanos, que son la clave del éxito o el fracaso en el camino hacia la industrialización.

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Notas del autor

1. Véase, por ejemplo, las siguientes portadas publicadas por The Economist con una diferencia de aproximadamente una década: The Economist, “The Hopeless Continent” [El continente sin esperanza], The Economist, 13 de mayo de 2000, https://www.economist.com/weeklyedition/2000-05-13; The Economist, “Africa Rising” [El auge de África], The Economist, 3 de diciembre de 2011, https://www.economist.com/leaders/2011/12/03/africa-rising.

2. Comisión Económica de las Naciones Unidas para África, Transformative Industrial Policy for Africa [Política industrial transformadora para África] (Adís Abeba: UNECA, 2016), https://repository.uneca.org/handle/10855/23015.

3. Chen Zhiwu, 陈志武说经济 [Chen Zhiwu habla sobre la economía de China] (Taiyuan: Shanxi Economic Press, 2010), 44.

4. Zhou Jinyan, “非洲智库对新时代中国方案的认知及其对中非治国理政经验交流的启示”[Percepciones de los think tanks Africanos sobre las soluciones de China en la Nueva Era y sus implicancias para el intercambio de experiencias en la gobernanza entre China y África], 阿拉伯世界研究 [Estudios del Mundo Árabe], no. 4 (2021).

5. Ha-Joon Chang, “Economic History of the Developed World: Lessons for Africa” [Historia económica del mundo desarrollado: Lecciones para África] (conferencia impartida en el Programa de Oradores Eminentes del Banco Africano de Desarrollo, Túnez, Túnez, 26 de febrero de 2009), https://www.afdb.org/fileadmin/uploads/afdb/News/Chang%20AfDB%20lecture%20text.pdf.

6. Ver Jacques Morriset, “Foreign Direct Investment in Africa: Policies Also Matter” [Inversión extranjera directa en África: Las políticas también importan], Documento de Trabajo sobre Investigación de Políticas 2481, Banco Mundial, Washington, DC, noviembre de 2000, https://documents1.worldbank.org/curated/en/245851468767965780/pdf/multi-page.pdf.

7. John Page, “Africa’s Failure to Industrialize: Bad Luck or Bad Policy?” [El fracaso de África en la industrialización: ¿Mala suerte o mala política?], The Brookings Institution, 20 de noviembre de 2014, https://www.brookings.edu/blog/africa-in-focus/2014/11/20/africas-failure-to-industrialize-bad-luck-or-bad-policy/.

8. Justin Yifu Lin y Célestin Monga, Beating the Odds: Jump-Starting Developing Countries [Vencer las adversidades: poniendo en marcha los países en desarrollo](Princeton: Princeton University Press, 2017), 12-14.

9. Wen Yi, 伟大的中国工业革命 [La gran revolución industrial China](Pekín: Tsinghua University Press, 2016), 15.

10. Comisión Económica de las Naciones Unidas para África, “Momentum Builds for Free Movement under AfCFTA” [Crece el impulso para la libre circulación en el marco del AfCFTA], 29 de enero de 2023, https://www.uneca.org/stories/momentum-builds-for-free-movement-under-afcfta.

11. Comisión Económica de las Naciones Unidas para África y Banco Mundial, “Promoting Connectivity in Africa: The Role of Aid for Trade in Boosting Intra-African Trade” [Promover la conectividad en África: El papel de la ayuda para el comercio en el impulso del comercio intraafricano], Comisión Económica de las Naciones Unidas para África, Adís Abeba, octubre de 2017, https://www.wto.org/english/tratop_e/devel_e/a4t_e/promotingconnect17_e.pdf.

12. Comisión Económica de las Naciones Unidas para África, Economic Report on Africa 2017: Urbanisation and Industrialisation for Africa’s Transformation [Informe económico sobre África 2017: Urbanización e industrialización para la transformación de África] (Adís Abeba: Comisión Económica de las Naciones Unidas para África, 2017), https://www.uneca.org/economic-report-africa-2017.

13. Comisión Económica de las Naciones Unidas para África, Urbanización e industrialización, 138. Véase también, Tom Goodfellow, “Urban Fortunes and Skeleton Cityscapes: Real Estate and Late Urbanisation in Kigali and Addis Ababa” [Fortunas urbanas y paisajes urbanos esqueléticos: Bienes inmuebles y urbanización tardía en Kigali y Adís Abeba], International Journal of Urban and Regional Research [Revista internacional de investigación urbana y regional] 41, no. 5 (septiembre de 2017); Bai Lulu, Zhao Shengbo, Wang Xingping y Zheng Jieling, “撒哈拉以南非洲城镇化与制造业发展关系研究” [Investigación sobre la relación entre urbanización y la industria manufacturera en África Subsahariana], 国际城市规划 [Planificación urbana internacional], no. 5 (2015).

14. Joseph E. Stiglitz, “From Manufacturing Led Export Growth to a 21st Century Inclusive Growth Strategy for Africa (Africa Cannot Repeat East Asian Miracle)” [Del crecimiento de las exportaciones impulsado por la industria manufacturera a una estrategia de crecimiento integrador para África en el siglo XXI (África no puede repetir el milagro de Asia Oriental)] (conferencia pronunciada en la Cumbre de Crecimiento Inclusivo organizada por la Oficina de Investigación Económica, Investigación Económica del Sur de África y el Proyecto de Investigación sobre Empleo, Distribución de Ingresos y Crecimiento Inclusivo, Ciudad del Cabo, Sudáfrica, 15 de noviembre de 2017), https://www.youtube.com/watch?v=Q-OikAtwkig&ab_channel=ACET.

15. Richard Newfarmer, John Page y Finn Tarp (eds.), Industries without Smokestacks Industrialisation in Africa Reconsidered [Industrias sin humo: La reconsideración de la industrialización en África], Estudios UNU-WIDER en Economía del Desarrollo (Nueva York: Oxford University Press, 2018), https://www.wider.unu.edu/publication/industries-without-smokestacks-2.

16. Kingsley Moghalu, “Africa Has to Go through Its Own Industrial Revolution” [África debe pasar por su propia revolución industrial], Financial Times, 16 de mayo de 2016, https://www.ft.com/content/d68f27fe-1aad-11e6-b286-cddde55ca122.

17. Alec Ross, Las industrias del futuro (Buenos Aires: Fundación Universidad de Palermo, 2018).

18. Alec Ross, Las industrias del futuro.

19. Liu He, “没有画上句号的增长奇迹:于改革开放三十周年” [El crecimiento un milagro en desarrollo: En el 30 aniversario de la reforma y la apertura], en 中国经济50 人看三十年 [Treinta años de economía china vista por 50 economistas chinos], editado por Wu Jinglian (Pekín: China Economic Publishing House, 2008).

20. Ali A. Mufuruki, Rahim Mawji, Gilman Kasiga y Moremi Marwa, Tanzania’s Industrialisation Journey, 2016-2056: From an Agrarian to a Modern Industrialised State in Forty Years [El viaje a la industrialización de Tanzania, 2016-2056: De un estado agrario a un estado industrializado moderno en cuarenta años] (Nairobi: Moran Publishers, 2017), 11.

Vol.1 N° 3 | 03.10.2023

Wenhua Zongheng: Revista trimestral de pensamiento chino | VOL.1 N° 3

Las relaciones entre China y África en la era de la Franja y la Ruta


Guo Hongwu (郭宏武), La amistad revolucionaria es tan profunda como el océano (革命友谊深如海), 1975. Cartel, 54 x 77 cm. Crédito: chineseposters.net, colección Landsberger, BG E15/581.

China y los intentos de industrialización de África

Grieve Chelwa

Grieve Chelwa es profesor adjunto de economía política en el Instituto Africano e investigador no residente en Tricontinental: Instituto de Investigación Social. Sus investigaciones se centran en la economía política y las perspectivas del desarrollo económico africano. Anteriormente trabajó como director de investigación en el Instituto sobre Raza, Poder y Economía Política de la Nueva Escuela y como profesor titular de economía en la Escuela de Negocios de la Universidad de Ciudad del Cabo.

El llamado a la industrialización ha sido un grito de guerra de los países africanos desde que alcanzaron la independencia política. A lo largo del siglo XX, la década clave de las luchas de liberación nacional en el continente fue la de 1960. Muchos de los líderes africanos de la primera generación posterior a la colonización, desde Kwame Nkrumah (Ghana) hasta Julius Nyerere (Tanzania) o Kenneth Kaunda (Zambia), valoraban profundamente el papel que desempeñaría la industrialización en la total emancipación del continente africano. Estos líderes entendieron que la dependencia económica de África se debía a los pecados originales del imperialismo y el colonialismo, que relegaron al continente a la posición de proveedor perpetuo de materias primas baratas para los países ricos a cambio de manufacturas caras. Para romper esta lógica colonial e imperial y para liberarse de la carga de la dependencia, era necesaria una reorientación estructural de las economías africanas, pasando de la producción de materias primas a la producción industrial. Además, la industrialización se veía como el vehículo que proporcionaría un alto nivel de empleo y salarios decentes a una gran masa de la población cuyas vidas habían sido trastornadas por el colonialismo y el imperialismo.

Con este impulso en mente, los países africanos formularon planes a nivel local y regional que ponían la industrialización en el centro de su desarrollo. Por ejemplo, la Organización para la Unidad Africana (predecesora de la Unión Africana) elaboró en 1980 una estrategia histórica conocida como el Plan de Acción de Lagos para el Desarrollo Económico de África, donde se otorgaba un lugar destacado a la industria. Este plan alentaba a los Estados africanos a “dar prioridad a la industrialización en sus planes de desarrollo, reconociendo su impacto en la satisfacción de las necesidades básicas de la población, la promoción de la integración económica y la modernización de la sociedad”.[1] Además, en el Plan de Acción de Lagos se enfatizaba de manera contundente que: “Con el fin de que África logre rápidamente una mayor participación en la producción industrial mundial y alcance un nivel adecuado de autosuficiencia colectiva, los Estados miembros [de la Organización para la Unidad Africana] declararon los años 1980 a 1990 [como la] Década del Desarrollo Industrial en África”. [2]

Lamentablemente, a pesar de todo este entusiasmo, el continente africano en su conjunto no ha logrado una industrialización significativa en los últimos 60 años. El nivel industrial de muchos países en el continente sigue siendo similar al que tenían en el momento de alcanzar la independencia política en la década de 1960. De hecho, en muchos casos, ha ocurrido un proceso de desindustrialización, lo que significa que la contribución de la industria a su producción económica es hoy menor que en el período de independencia.

Esta incapacidad para lograr la industrialización ha tenido amplias repercusiones en la economía del continente africano y en la calidad de vida de su población. Por ejemplo, los salarios reales, que a menudo están vinculados a la producción industrial, han disminuido y son actualmente más bajos que en la década de 1970.[3] Además, en las últimas tres décadas, el número de personas que viven en la pobreza ha disminuido en todas las regiones del mundo, excepto en África, donde ha ocurrido lo contrario. En 1990, alrededor de 300 millones de personas vivían en la pobreza en África. Para el año 2020, esa cifra había aumentado a 400 millones, y es probable que siga creciendo en la década actual.[4] Por último en comparación con el momento de la independencia, en la actualidad el continente africano depende más del resto del mundo, especialmente de Occidente, como mercado para sus productos primarios.

Mientras la industrialización no ha llegado al continente africano en las últimas seis décadas, China ha experimentado un éxito sin igual durante el mismo período. Desde las reformas anunciadas por Deng Xiaoping a finales de la década de 1970, China ha incrementado constantemente su base industrial, lo que ha llevado a una de las reducciones más rápidas de la pobreza en la historia de la humanidad.[5] En 1981, alrededor del 90% de la población china vivía en la pobreza. En 2018, la tasa de pobreza se había reducido a tan solo un tercio de ese porcentaje.[6] Además, el crecimiento de la producción industrial del país ha consolidado su posición como un actor económico y político importante en la escena mundial, con una capacidad incuestionable para determinar su propio destino.

Dado el éxito de China en la industrialización y las dificultades que ha enfrentado África en este aspecto, resulta sorprendente que exista una escasez de trabajos académicos comparativos que busquen extraer lecciones de la experiencia china para la industrialización en África. Aún más notorio es la falta de estudios que analicen si China podría ser un aliado efectivo en la búsqueda, hasta ahora esquiva, de la industrialización en el continente africano.

El presente número de Wenhua Zongheng (文化纵横) busca llenar este vacío. Los dos ensayos de este número están escritos por destacados académicos chinos especializados en el desarrollo económico comparado. El primero, de la catedrática Zhou Jinyan (周瑾艳) de la Universidad de Estudios Internacionales de Shanghai, lleva por título “El camino de África hacia la industrialización: ¿Cómo puede contribuir China al desarrollo económico del continente?”. Como su nombre sugiere, en este ensayo se propone describir y analizar la experiencia histórica de África en su búsqueda de la industrialización, al mismo tiempo que explora el papel que China podría desempeñar en el desarrollo del continente.

El documento comienza reconociendo los hechos previamente mencionados, es decir, que África ha tenido un historial desafiante en cuanto a la industrialización. En lugar de atribuir la responsabilidad de estos resultados a los africanos, como a menudo hacen muchos estudiosos, principalmente occidentales, la catedrática Zhou sostiene que este historial de resultados industriales deficientes se debe en gran medida al “fracaso de las recetas de desarrollo occidentales”. De manera contundente, afirma que “la ayuda occidental ha fomentado la dependencia económica de África, mientras que la hegemonía política, económica e ideológica de Occidente ha limitado el espacio político y la autonomía de África”. Desde los programas de ajuste estructural neoliberal hasta las estrategias de reforma destinadas a mejorar el entorno empresarial y de inversión, las recetas occidentales no han contribuido al desarrollo económico africano. Siguiendo una línea similar a algunos de mis propios trabajos, la catedrática Zhou critica el predominio absoluto de intelectuales y expertos occidentales en el proceso de políticas de África. [7]

La última sección del ensayo de la profesora Zhou aborda tres formas en las cuales China puede contribuir al desarrollo industrial de África. En primer lugar, sostiene que el considerable impulso que China ha dado a la construcción de infraestructuras en todo el continente africano durante aproximadamente las últimas tres décadas, tendrá un impacto significativo en las aspiraciones de industrialización de la región. La construcción de puertos modernos, carreteras y plantas eléctricas reducirá los costos de producción y estimulará el proceso de industrialización. En segundo lugar, China puede contribuir a la industrialización de África a través del ámbito ideológico, proporcionando un modelo de desarrollo alternativo, basado en la dirección estatal. Ello, en contraposición al enfoque predominante del Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional, centrado en el mercado y el sector privado. Por último, China puede contribuir a la industrialización de África fortaleciendo su autonomía en el contexto geopolítico global, ofreciendo un enfoque alternativo para interactuar con el resto del mundo de manera respetuosa y mutuamente beneficiosa.

El segundo ensayo de este número lleva por título “Iniciativa de la Franja y la Ruta de China y la Industrialización Africana”, escrito por el catedrático Tang Xiaoyang (唐晓阳) de la Universidad de Tsinghua. El autor tiene como punto de interés comprender cómo la Iniciativa de la Franja y la Ruta china (BRI) ha influido en las perspectivas de industrialización en África. Comienza su ensayo argumentando que “el mayor desafío para la industrialización en África radica en la dificultad de integrar diversos elementos de producción en un sistema”. En otras palabras, siguiendo la línea de pensamiento de Adam Smith, África no ha logrado industrializarse en parte debido a la falta de una división del trabajo en su sector industrial. En este sentido, las entidades del sector industrial del continente operan de manera fragmentada y aislada, con muy pocos vínculos entre ellas. El profesor Tang argumenta además que esta falta de división del trabajo es resultado de una infraestructura insuficiente a gran escala en el continente, que limita la capacidad de establecer conexiones intra e intersectoriales. Es precisamente esta limitación la que la BRI busca abordar al promover la “conectividad de infraestructuras”. Por lo tanto, el catedrático sostiene que la BRI representa una estrategia de industrialización para África.

En resumen, esta edición de Wenhua Zongheng, centrada en la industrialización de África, es una contribución valiosa mientras continuamos debatiendo las perspectivas de un desarrollo emancipador en el continente africano. Como evidencian los ensayos de esta edición, África tiene mucho que aprender de la experiencia china en materia de industrialización. Además, China puede desempeñar un papel significativo en el fomento de las aspiraciones de industrialización del continente de manera justa, humanitaria y solidaria.

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Notas del autor

1. Organización para la Unidad Africana, Lagos Plan of Action for the Economic Development of Africa, 1980–2000 [Plan de Acción de Lagos para el Desarrollo Económico de África, 1980-2000] (Adís Abeba: Organización para la Unidad Africana, 1980), 15, https://www.nepad.org/publication/lagos-plan-of-action.

2. Organización para la Unidad Africana, Lagos Plan of Action [Plan de Acción de Lagos], 15.

3. Dani Rodrik, “An African Growth Miracle?” [¿Un milagro de crecimiento africano?], Journal of African Economies [Periódico de Economías Africanas] 27, no. 1 (2018).

4. Las estadísticas presentadas sobre la pobreza en África han sido extraídas de la Plataforma sobre Pobreza y Desigualdad del Banco Mundial, disponible aquí: https://pip.worldbank.org/home.

5. Ver Instituto Tricontinental de Investigación Social, Servir al pueblo: La erradicación de la extrema pobreza en China, Estudios sobre la construcción del socialismo no. 1, julio 2021, https://thetricontinental.org/es/estudios-1-construccion-socialismo/.

6. Banco Mundial y Centro de Investigación para el Desarrollo del Consejo de Estado, República Popular China, Four Decades of Poverty Reduction in China: Drivers, Insights for the World, and the Way Ahead [Cuatro Décadas de Reducción de la Pobreza en China: Factores Catalizadores, Perspectivas para el Mundo y el Camino por Recorrer](Washington, DC: Banco Mundial, 2022), 1, https://thedocs.worldbank.org/en/doc/bdadc16a4f5c1c88a839c0f905cde802-0070012022/original/Poverty-Synthesis-Report-final.pdf.

7. Vea Grieve Chelwa, “Does Economics Have an ‘Africa Problem’?” [¿Tiene la economía un “Problema Africano”?], Economy and Society [Economía y Sociedad] 50, no. 1 (2021)

El recorrido de África hacia la industrialización: ¿Cómo puede China contribuir al desarrollo económico del continente?

Zhou Jinyan

Iniciativa de la Franja y la Ruta de China y la industrialización africana

Tang Xiaoyang